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martes, 25 de agosto de 2015

Coliflor salteada con pasas y anchoas



O uno de los greatest hits del verano 2015 en mi cocina.

En la línea de mi post anterior, llevo un tiempo experimentando con la coliflor, segura de que ofrece muchas posibilidades más allá de tomarla hipercocida, como se suele hacer en España. Después de varias pruebas y de recurrir a La Enciclopedia de los Sabores (regalazo que me hizo mi hermana, por cierto) como fuente de inspiración, he aquí otra receta que doy por terminada.

Fácil, rápida, sana, y riquísima.

Los que declaráis que no os gusta la coliflor: dadle una oportunidad a esta versión. Si habéis crecido en España, probablemente esta receta no se parece en nada a lo que habéis conocido anteriormente.

Nosotros la tomamos como plato único, aunque puede servir de acompañamiento, o de entrante.

Está rica templada, pero más sabrosa fría. Esto hace que resulte perfecta para llevarla a la oficina en un táper.


De nada.


Preparación (las cantidades de cada ingrediente son orientativas y se pueden adaptar al gusto):

  1. Cortar una coliflor en ramitos pequeños y lavarlos bien.
  2. Poner a calentar una olla grande con abundante agua. Cuando esté hirviendo, verter la coliflor y unos 80 g de pasas. Dejar cocer durante unos 3 minutos, lo justo para que la coliflor empiece a perder su tersura. Si notáis que empieza a oler, os estáis pasando de cocción. Sacarlo todo a un colador y reservar.
  3. En una sartén grande poner aceite en el fondo y dorar en él 5 ó 6 dientes de ajo, que habremos pelado, cortado en trozos grosos y aplastado poniendo encima la hoja plana del cuchillo y dando un golpe seco con la mano.
  4. En cuanto los ajos empiecen a tomar color, añadir la coliflor y las pasas, más unos 80 g de anacardos, y remover bien.
  5. Saltear al fuego medio, removiendo de vez en cuando, hasta que la coliflor se dore.
  6. Añadir a la sartén una cucharadita de azúcar moreno y el zumo de un limón. Remover y dejar que el líquido se consuma. Apagar el fuego.
  7. Repartir por encima unas 8 anchoas cortadas en trocitos. Mezclar todo bien y reservar hasta que se vaya a comer.

lunes, 1 de junio de 2015

Espinacas con garbanzos

Así se preparan las espinacas con garbanzos en Sevilla:

Hasé er favóh, no fijarse en er huevo, que se má quemao un poquillo

O por lo menos, así las preparo yo en casa en Berlín. Que cada maestrillo tiene su librillo y tal. Y como pasa con todas las comidas tradicionales, cada familia tiene su receta. Yo no sé si mi madre las prepara exactamente así o si he pecado de innovadora aquí. La cuestión es que hacía años que no tomaba este plato (aproximadamente seis, para más datos, desde que abandoné el sur) y ha sido hace poco que me ha apetecido de nuevo. Supongo que me acordé de las espinacas con garbanzos cuando buscaba en ampliar el contenido en legumbres de mi recetario habitual. Y es que una comida a base de verduras de hoja y garbanzos suena muy sano, ¿verdad? Poh máh bueno ehtá. Y si no, probadlo en casa.

Tradicionalmente se haría cociendo los garbanzos por un lado, y las espinacas frescas por otro. En mi versión, los garbanzos vienen ya cocidos en un bote, y las espinacas están congeladas. Esto acorta considerablemente el tiempo de preparación, y hace que pueda tener los ingredientes guardados para un desavío. Cocina precocinada no, pero cocina de ingredientes en conserva, sí. Y cocina sana que se prepara en un pihpáh, mejor aún.

En Sevilla se suele acompañar este plato de una rebanada de pan frito y un huevo, frito también. Yo del pan frito me abstengo, no ya por reducir el contenido calórico, sino porque en general me resulta muy grasiento.

Venga, vamoh palláh.

Qué me gusta Andalucía, por cierto. Acabo de volver de estar allí una semana, y no soy capaz de expresar lo mucho que he disfrutado del clima, de la comida, y de hablah andalúh.

Ingredientes (para dos personas):
  • 500 g de espinacas congeladas  (o frescas y lavadas)
  • 240 g de garbanzos cocidos (si son de bote, enjuagados)
  • 4 dientes de ajo (o más, o menos, al gusto) pelados y cortados en láminas
  • un chorreón de aceite de oliva
  • un chorrito de vinagre blanco (yo aquí tengo de manzana)
  • sal, comino y pimentón
Preparación:
  1. En una sartén poner a calentar el aceite y dorar en él los ajos, sin que se quemen.
    Lo sé, es más fácil de decir que de hacer. No os despistéis, tunantes, que el ajo se dora en seguida, no os separéis de la sartén ni os pongáis a mirar el whatsapp, que nos conocemos.
  2. Añadir las espinacas, los garbanzos, la sal, el comino y el pimentón.
    De comino y pimentón, al gusto. Yo pongo media cucharadita generosa de cada.
  3. Cubrir con un vaso de agua y cocinar hasta que las espinacas estén tiernas (si son frescas) o se hayan descongelado (si eran congeladas) y el líquido haya reducido. Añadir más agua si fuera necesario.
  4. Poco antes de terminar la cocción, añadir el vinagre.
  5. Freír el huevo y servirlo acompañando.
Y yahtá. Ea. Que uhtedeh lo dihfruten con musha saluh.

sábado, 9 de mayo de 2015

Garbanzos con berenjenas



Cualquiera que me conozca no se soprenderá si digo que soy de tendencia ligeramente (ejem) obsesiva. Pues bien, en los últimos meses me ha dado por la cocina griega. En parte porque quiero incorporar más legumbres en mi dieta. En parte porque las dos veces que he estado en Creta he flipado muchísimo con la comida, más allá de los tzatziki, las ensaladas con queso feta y las carnes a la parrilla (que es lo que suelen poner en los restaurantes griegos). Así que me he comprado el libro La cocina de Vefa, que se considera como el libro de referencia para la cocina griega de toda la vida. O al menos eso dice El Comidista, y yo me lo he creído.

A mí el libro me parece que está bien. La edición es preciosa, sin duda, con los nombres de los platos escritos en griego, y a pesar de que no haya foto de todas las recetas. Lo que me molesta es la organización del libro en sí. Porque la sección de "pasteles salados" de repente incluye también pasteles dulces. O porque en la sección de mezés te cuenta que en primavera debido a la cuaresma tradicionalmente no se come carne, pescado, huevos ni lácteos, y a continuación te incluye una receta de brochetas de cordero. Eso me irrita bastante y despierta mi principio de trastorno obsesivo-compulsivo.

Pero dejando esos detalles aparte (inspira... expira...) el libro me encanta, las recetas me parecen geniales y todavía estoy por descubrir una que no me guste.

Por ejemplo, está la receta de garbanzos y berenjenas asadas. Con lo que me gustan los garbanzos y las berenjenas por separado, no dudé ni un momento en probarlos combinados. A pesar de eso, la suma superó por mucho la adición de los sumandos, y mis expectativas. Comparto aquí. Receta fácil, sana y deliciosa. ¡Que viva la cocina mediterránea!

Ingredientes para 4 raciones:

  • 250 g de garbanzos cocidos (como mínimo, podéis poner más)
  • 4 berenjenas, cortadas en rodajas de un dedo de grosor
  • 400 g de tomates en conserva, troceados
  • 3 ó 4 tomates frescos, cortados en rodajas finas
  • 1 cebolla grande, picada a trozos medianos
  • ajo (cuanto queráis, un par de dientes) picado fino
  • aceite de oliva
  • sal, pimienta, pimentón, orégano seco
Preparación:
  1. Sofreír la cebolla en el aceite hasta que esté transparente. Añadir el ajo y sofreír.
  2. Incorporar los garbanzos, el tomate en conserva y un poco de agua (¿medio vaso?). Condimentar con sal, pimienta, orégano seco y una cucharadita de pimentón. Dejar a fuego medio que se cueza todo junto y se reduzca el líquido.
  3. En una sartén poner un poco de aceite e ir friendo las rodajas de berenjena, por las dos caras, un par de minutos por cada cara, hasta que se ablanden. Reservar.
  4. En una fuente para horno poner la mitad de las berenjenas. Cubrir con los garbazos. Poner encima el resto de las berenjenas y terminar con las rodajas de tomate.
  5. Hornear a 180 ºC durante unos 50 minutos.
Nota: según la receta, se pone la mitad de las berenjenas debajo de los garbanzos y la otra mitad arriba. La verdad es que las berenjenas de abajo quedaron muchísimo más ricas, cocinadas en la salsa de tomate. Así que yo propongo poner todas las berenjenas al fondo, cubrir con los garbazos y terminar con las rodajas de tomate. Ahí, arriesgando, saltándome las normas. ¡Uuuuh! :)

sábado, 2 de mayo de 2015

Quiche de espinacas, pasas y cebolla caramelizada



Un post al año no hace daño...

Desde que empecé el nuevo trabajo no he vuelto a publicar, y ya van cuatro meses. Pero sí que sigo cocinando, claro. Incluso ahora que almuerzo fuera cada día aprecio todavía más la comida de casa. Eso sí, la mayoría de las cosas que cocino son sencillas y rápidas, porque el tiempo y las energías no dan para mucho. Esto no lo veo como un problema, sino más bien como una ventaja añadida, porque en general me gustan las comidas sencillas, sin demasiados "puturrús".

Un ponéh, que se diría en mi pueblo: el fin de semana pasado me invitaron a una cena con un montón de gente que no conocía, y tenía que llevar algo de comer. Pensé en llevar la quiche de salmón y espinacas, pero entonces me advirtieron de que la dueña de la casa es vegetariana, así que tuve que reconfigurar la quiche. Sustituí el salmón por unas pasas y cebolla caramelizada. Que sí, que la cebolla caramelizada empieza a estar muy vista, pero es que está muy rica, y por estos lares se usa poco. El resultado fue bastante espectacular, y no lo digo por echarme piropos a mí misma. Se acabó en seguida, y como casi no tuve ocasión de probarla, este fin de semana he vuelto a repetir y la he llevado de picnic. A petición popular, comparto receta aquí. Para que quedéis bien en las comidas con amigos hipsters.



Ingredientes:

  • Una masa, bien un hojaldre comercial, o una masa quebrada preparada en casa como os explico aquí
  • Entre 250 y 300 g de espinacas, congeladas o frescas
  • Unos 50 g de pasas
  • Una cebolla grande, cortada en medios aros
  • 200 mL de nata o leche evaporada (leche condensada sin azúcar)
  • 2 huevos
  • Una cucharadita de maicena
  • Sal
  • Aceite
  • Una cucharada de azúcar morena
  • Un chorreón de vino blanco seco
  • Unos 30 g de parmesano rallado

Preparación:
  1. Precalentar el horno a 180 ºC, encendido arriba y abajo
  2. Forrar el molde con un papel de horno. Extender la masa por encima y pincharla con un tenedor. Meterla al horno durante unos 10 minutos. Si usáis la masa de hojaldre, ponedle encima unos garbanzos secos para que no suba. Después de estos 10 minutos, sacar la masa del horno y reservar.
  3. Cocer las espinacas al vapor junto con las pasas. Si las espinacas están congeladas, las dejo al vapor hasta que se descongelen. Las pasas las pongo a la vez para que se hidraten un poco y estén más blanditas. Dejar escurrir y reservar.
  4. En una sartén poner un poco de aceite y sofreír ahí la cebolla hasta que esté transparente. Procurad que no se dore. Para eso lo mejor es ponerle sal y cubrirla con una tapadera, así la cebolla suda y no se reseca.
  5. Añadir el azúcar y un chorreón de vino blanco. Remover bien y dejar a fuego vivo y destapado hasta que se consuma el líquido. Apartar del fuego.
  6. Incorporar las espinacas y las pasas a las cebollas y remover para que se mezclen bien.
  7. En un bol, meclar bien la maicena con un poquito de la leche o la nata hasta que se disuelvan los grumos. Añadir después el resto de la leche o la nata y los dos huevos, y batir bien.
  8. Incorporar la mezcla de los huevos a la de las espinacas y remover para que se distribuya bien por la mezcla.
  9. Verter la mezcla sobre la masa. Espolvorear con el queso rallado.
  10. Hornear hasta que la quiche esté dorada y al pinchar en el centro con un palillo éste salga limpio. En mi caso esto tarda unos 15 minutos.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Fagiolata


Es noviembre en Berlín, y más que estar constantemente nublado, la sensación es que alguien ha soltado una losa de hormigón sobre el techo de la ciudad: está humedo, oscuro, frío (aunque a las temperaturas todavía les queda recorrido hacia abajo). En definitiva, apetece cocina de olla y cuchareo. Por suerte este guiso le levanta el ánimo hasta a un trabajador del Ordnungsamt*.

Las legumbres son ricas en proteínas y fibra, y bajas en grasas (bueno, esto depende de qué les pongas al lado, claro) y por ese motivo se erigen como joya de la cocina mediterránea. En invierno procuro tomarlas un par de veces por semana. Pero me aburre comerlas siempre de la misma forma, así que estoy haciendo un esfuerzo por ampliar el repertorio.

Esta receta me la dio @MrFanshawe, quien a su vez la aprendió de un italiano muy cocinillas. Yo no la he seguido al pie de la letra, por una parte porque no tenía romero, así que lo cambié por laurel, tomillo y pimienta, y por otra parte porque soy incapaz de seguir una receta al pie de la letra (lo siento Fansh). En cualquier caso, el resultado es, no me da vergüenza decirlo, espectacular. Para aplaudir hasta con las orejas.




Fagiolata para 4 raciones:

1- La noche antes, poner en remojo
  • 300 g de carillas (el Toledano dice que podría haber puesto más habichuelas, porque el guiso quedó muy sabroso)
2- Poner en la olla un poco de aceite y sofreír en él
  • una cebolla
  • un diente de ajo
muy picaditos, con un poco de sal y a fuego medio, hasta que la cebolla esté transparente, pero sin que se dore.

3- Añadir
  • 300 g de panceta cortada en trocitos (mejor si es una loncha que cortas tú mismo, porque los trocitos de panceta o bacon que venden ya cortados en el súper suelen tener mucha más grasa)
  • un buen chorreón de vino blanco
  • una guindilla o un pimiento picante o un poco de pasta de harissa
  • una hoja de laurel
  • unos granos de pimienta negra
  • una cucharadita de tomillo
  • 400 g de tomates pelados y cortados en trozos (si son naturales pero os han salido insípidos, como a mí, podéis poner también una cucharadita de concentrado de tomate; también podéis usar tomates en conserva)
Remover y llevar a fuego fuerte durante unos 5 minutos para que se evapore el alcohol del vino, sin que la mezcla llegue a secarse.

4- Poner las carillas en la olla y cubrir con agua o caldo. Cocinar hasta que estén tiernas:
- En olla rápida: 50 minutos a partir de que suba la válvula
- El olla normal: una hora y media o dos horas, a fuego lento, removiendo de vez en cuando y añadiendo más caldo o agua (calientes) si ves que el guiso se va a quedar seco.


(*) Más quisieran los trabajadores del Ordnungsamt poder echarle el guante a un plato de estos.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Quiche de salmón y espinacas


Hoy por petición popular os cuento cómo preparo mi quiche favorita (he probado muchas versiones que he leído y que se me han ocurrido, pero desde hace un año siempre prefiero ésta).
Es rápida y fácil, sobre todo si usáis una base de hojaldre comercial (Blätterteig, yo la prefiero refrigerada mejor que congelada) y compráis el pescado y las espinacas congeladas (ya vienen limpios y cortados). La base está mucho más rica y también queda mejor si la preparáis en casa, claro, pero no siempre hay tiempo o ganas. Esta receta es un buen recurso para preparar un plato rico y reconfortante en poco tiempo.



Quiche de salmón y espinacas:

1- Descongelar y escurrir

  • 250 g de salmón
  • 300 g de espinacas. 

Mejor si los sacáis unas horas antes del congelador. Si tenéis más prisa, ponedlos en un sitio calentito (yo a veces los pongo en un plato encima del radiador). Si tenéis todavía más prisa, ponedlos al vapor sobre una olla de agua hirviendo, tal que así:



2- Precalentar el horno a 180 ºC.

3- Forrar el molde con la masa de hojaldre. Si viene ya con un papel de horno, usad éste para que no se peque la masa al molde. Si no tenéis papel de horno, engrasad el molde con mantequilla.

4- En una sartén grande con un poco de aceite sofreír

  • 1 cebolla grande (la mía pesó 240 g) cortada en trozos mediano

con un poco de sal y a fuego medio hasta que quede transparente, sin dorarse.

5- Añadir entonces las espinacas y el salmón. El salmón lo pongo entero y cuando se va cocinando lo voy separando en lascas con una espátula.

6- Cuando el salmón ya está cocido, apago el fuego y añado

  • 180 mL de leche condensada (sin azúcar, claro; también podéis usar nata)
  • 2 huevos medianos o 3 pequeños, batidos
  • pimienta

y remuevo todo bien.

7- Poner la mezcla en el molde y espolvorear por encima

  • 30 g de parmigiano rallado


8- Hornear en la parte baja del horno durante unos 30 minutos a 180 ºC, con el horno encendido arriba y abajo. Comprobad a los 20 minutos cómo está de dorada, y si véis que se os va a quemar por arriba, tapadla con una hoja de papel aluminio, o de papel vegetal. Cuando la masa esté doradita y al pinchar en el centro de la quiche el palillo salga limpio, ya estará lista. Dejad que se enfríe antes de sacarla del molde para minimizar el riesgo de que se os rompa.


martes, 18 de septiembre de 2012

Guiso de cerdo con naranja


Se termina el verano, empieza el otoño y las mandarinas volvemos al cole. Sí, en esta vuelta de tuerca que le estoy dando a mi vida profesional vuelvo a ser estudiante por unos meses. Así que toca practicar una serie de recetas que sean fáciles y rápidas de preparar, porque no voy a tener mucho tiempo libre, (pero preveo que sí voy a tener mucha hambre) y que también sean variadas, porque si no me voy a aburrir. Y si me aburro, la cocina pasa de ser afición a obligación y entonces no la disfruto tanto.

Por suerte hay una larga lista de platos que cumplen con estos requisitos y además están muy ricos. Hoy os traigo una receta un poco experimental que he montado a base de mirar aquí y allí por internet y de meter la nariz en mis botes de especias. ¡Espero que os guste!

Ingredientes:
  • 500 g de carne de cerdo para guiso (yo tenía del jamón)
  • 1/2 cebolla grande, picada
  • 2 naranjas: rallamos la piel y luego de una naranja exprimimos el zumo y la otra la pelamos bien y la cortamos en trocitos
  • 1 cucharada de harina fina de maíz
  • 40 mL de vino blanco seco
  • aceite, sal, azafrán, cardamomo, miel

Preparación:
  • Salar la carne y dorarla en una sartén con un poquito de aceite. Sacar la carne de la sartén y reservarla.
  • En la sartén, con el fuego apagado, poner la harina de maíz y remover bien. Añadir el vino y el zumo de naranja y mezclar todo hasta que no tenga grumos. Reservar.
  • En la olla ponemos un poco de aceite y sofreímos la cebolla hasta que esté transparente.
  • Añadimos a la olla la carne, los trocitos de naranja, la ralladura, y la mezcla de vino y zumo de naranja. 
  • Disolvemos unas hebras de azafrán en unos 200 mL de agua y lo ponemos también en la olla.
  • Tomamos unas vainas de cardamomo (yo he usado 3) y las abrimos dándoles un golpe seco con el mango de un cuchillo, por ejemplo. Las añadimos a la olla. Removemos todo con una cuchara.
  • Cocemos hasta que la carne esté tierna. En mi olla rápida he contado 35 minutos desde que ha subido la válvula (nivel de presión II).
  • Cuando abrimos la olla, todavía en caliente, añadimos una cucharada de miel y removemos para que se disuelva bien.
  • Esta carne queda particularmente bien sobre un arroz al estilo persa.

miércoles, 11 de julio de 2012

Bajoques farcides (arroz cocido dentro de un pimiento)


Una de las ventajas del verano berlinés es que no me da pereza encender el horno. A decir verdad, en Sevilla también lo encendía en verano, aunque eso significara ponerme a sudar como un pollo. Me gusta el horno, creo que es mi forma preferida de cocinar, aunque siempre (¡siempre!) me queme, y aunque me entre mala conciencia pensando en la factura de la electricidad que me va a llegar a final de año.

Encontré esta receta en lo de Blog Appétit, y me sonó a plato cien por cien tradicional, cocina mediterránea de la buena, así que no esperé mucho para probarla. Y se ha convertido en un greatest hit en casa. En primer lugar, por el sabor: el arroz se cuence en el horno, absorbiendo el jugo del pimiento, y esto sumado al azafrán le da un sabor exquisito. Además los pimientos se preparan en un momento, y luego se meten al horno y se dejan cocinar ahí mientras tú te dedicas a otras cositas. Y por si fuera poco, me parece una receta bastante equilibrada desde el punto de vista nutricional: verduras, hidratos de carbono, un poco de proteína, y muy poca grasa.

Por otra parte, el arroz queda tan rico que creo que se puede obviar la carne, sin más, y convertirlo en un plato vegetariano. En las dos versiones (vegetariana o carnívora) es una receta apta para celíacos.


También he visto en algunos blogs que se puede quemar la piel del pimiento crudo con un soplete o con el fuego de la cocina (si tenéis cocina de gas) para retirarla antes de asarlo. Creo que puede ser una buena idea si disponéis del instrumental necesario. Yo no lo tengo, y no lo he hecho nunca. Nosotros quitamos la piel a medida que vamos comiendo el pimiento. Pero tampoco seguimos grandes protocolos  en la mesa, la verdad...

El único defecto que podría ponerle a esta receta es que necesita mucho tiempo de horno. Cuando aso estos pimientos sólo para dos personas acabo con cierto cargo de conciencia por el gasto energético que conlleva. Pero la solución es fácil: invitar a los amigos a cenar y hacer muchos pimientos para compensar. Además, seguro que los invitados se van a quedar boquiabiertos.


Ingredientes (para dos personas con mucha hambre):

  • 4 pimientos grandes de asar (yo he usado rojos y amarillos)
  • 1 cebolla grande
  • 2 dientes de ajo
  • 200 g tomate triturado
  • 140 g arroz redondo (en Alemania yo uso el que venden como Milchreis)
  • 300 g de carne picada (mezcla cerdo y ternera)
  • azafrán (yo he usado en hebras, dos pizcas generosas)
  • sal
  • aceite


Cómo preparar estos bajoques farcides:

Ponemos el horno a precalentarse a 200 ºC.

Picar la cebolla y el ajo bien finitos y sofreírlos en una sartén con un poquito (un par de cucharadas) de aceite.

Añadimos la carne picada, separándola bien con la espátula para que se fría en trocitos muy pequeñitos.  Sazonamos con la sal.

Agregamos ahora el arroz y el azafrán, y removemos. Incorporamos por último el tomate triturado, lo mezclamos todo bien y apagamos el fuego.

Lavamos bien los pimientos. Hacemos un corte alrededor del tallo, de manera que tengamos un orificio por el que rellenar el pimiento, y que el tallo nos sirva como tapadera. Sacudimos el pimiento para sacar las semillas, enjuagamos bajo el grifo y escurrimos bien el agua que haya podido quedar dentro.

Repartimos la mezcla de carne y arroz entre los pimientos, sin llenar los pimientos del todo, porque el arroz al cocerse aumentará de volumen y se puede salir. Tapamos con los tallos y disponemos en una bandeja apta para horno.


Horneamos a 200 ºC, con las resistencias de arriba y de abajo, durante aproximadamente una hora, hasta que el arroz esté tierno (podéis sacar un poquito de uno de los pimientos para comprobarlo). Durante este tiempo, vamos girando los pimientos sobre sí mismos, para que se asen igual por todos lados. Una vez que el arroz está cocido, sacar los pimientos del horno y servir.


miércoles, 27 de junio de 2012

Ajo caliente, o Arranque para el verano alemán

Es mi tercer verano en Berlín, y de momento está siendo como el del año pasado: tuvimos unos días calurosos a principios de junio y ahora andamos a temperaturas que son más típicas del invierno en Cádiz que de cualquier otro verano que yo haya conocido antes.

Una de las penas más comunes de los españoles emigrados a Alemania.

Además el lunes estuve en el dentista, que me ha dejado la boca un poco fuera de servicio por unos días. Así que estoy comiendo sólo cosas blanditas, que no crujan, que no pinchen, que no haya que morder. Por suerte hay muchas cosas blanditas y ricas entre las que elegir.

La primera de la lista fue un ajo caliente. Es un plato sencillo y muy rico, típico de Cádiz, a base de pan, tomate, pimiento y aceite. Y ajo, claro. En verano se añaden los tomates crudos y agua fría y se llama arranque. En invierno los tomates se escaldan y el agua se añade caliente, y se llama ajo caliente. Ambos son primos hermanos del gazpacho y del salmorejo.

El arranque o ajo caliente se prepara tradicionalmente se prepara en un lebrillo de madera o de barro, machacando con una maja y mucha paciencia (en esta entrada Jose, de Mi abuela no sabía cocinar, explica con todo lujo de detalles y de fotos la preparación tradicional). Así nos ponían a hacerlo en el colegio cuando celebrábamos el día de Andalucía. Yo aquí no tengo lebrillo ni maja, y sobre todo no tengo esos tomates y pimientos tan ricos que crecen en mi pueblo. Pero no por eso me echo atrás.

Iba a hacer arranque, pero estaba lloviendo y hacía 15 ºC, así que me decidí por el ajo caliente. He preparado una versión a la alemana, incluyendo perversión manchega. Vamos, que he hecho lo que me ha dado la gana, que para eso soy yo la que cocina. Y aunque no sabe como el de mi pueblo, está muy rico. Y blandito.






Ingredientes:

Perdonad que no haya apuntado las cantidades exactas, es que estaba pensando "Ayayay" y se me olvidó. De todas formas, éste es un plato de los que se preparan a ojo, así que tampoco hay que preocuparse demasiado de medir cantidades.
  • 6 tomates
    Los tomates más rojos que encontréis. O bueno, los que tengan más sabor. Ya sé que no es tarea fácil encontrar buenos tomates aquí. Yo confieso que cuando los tomates no saben a nada, añado un poco de Tomatenmark (concentrado de tomate). También se puede usar un tomate triturado comercial de buena calidad. No es lo mismo, pero nos servirá.
  • 1 pimiento
    Preferiblemente verde. Pero tampoco es frecuente que los tengan en el súper, así que en su defecto, un pimiento rojo o amarillo.
  • 2 dientes de ajo
  • aceite de oliva
  • sal
  • unas hebras de azafrán.
    Esta es la perversión manchega, efectivamente. El ajo caliente no lleva azafrán, pero yo lo he puesto para darle un poco más de gracia al plato.
  • 1 trozo de pan
    Yo tenía un trozo de Krustenbrot de trigo con un poco de centeno. Evidentemente el pan que se suele usar para el ajo caliente es sólo de trigo, y con una miga menos recia, pero encuentro que éste tiene una textura apropiada.


Preparación:

Poner una olla de agua a hervir. Cocer en ella los tomates durante unos 10 minutos.

Cortar la corteza del pan y reservarla. Cortar la miga en trocitos pequeños y ponerlas en una fuente.

Cortar el ajo y el pimiento en trozos grandes. Ponerlos en el vaso de la batidora con un poco del agua donde cuecen los tomates y el azafrán si lo queremos, y triturarlo todo muy fino. Pasar este puré a la fuente donde está el pan.

Sacar ahora los tomates del agua y triturarlos en el vaso de la batidora. Añadirlos a la fuente. Si las semillas del tomate o posibles pellejitos os resultan desagradables, pasad el tomate triturado por un colador.

Ahora que ya tenemos todos los ingredientes en la fuente, añadimos sal, aceite de oliva, y trituramos un poco con la batidora, procurando que la textura quede gruesa. Si hiciera falta, añadimos agua de la olla en la que hemos cocido los tomates.

El arranque o ajo caliente se come usando las cortezas de pan que hemos reservado a modo de cuchara. Y también con trozos de pimiento crudo. Yo he seguido pervirtiendo el asunto, y le he preparado una guarnición de huevo duro y trocitos de pan tostado.

Las cortezas que me sobraron del pan eran finitas y estaban duras. Las he cortado en trozos pequeñitos con la mano, y las he puesto a fuego medio en una sartén con una gota (muy poco) de aceite, un diente de ajo muy picadito, y sal. Primero he frito un poco el ajo en el aceite, luego he añadido las cortezas, y las he dejado un buen rato en la sartén, hasta que se han puesto crujientes.

No sé qué pensará mi madre si lee esta receta, con tanta innovación que he introducido. Si me lees, mami, que sepas que a lo mejor no se parece tanto al ajo caliente de casa, pero ¡estaba rico!

viernes, 4 de mayo de 2012

Quiche de espárragos y fresas


Sabía que llevaba mucho tiempo sin publicar nada, pero ahora que abro el blog me doy cuenta de que hace todo un mes desde la última entrada. Esto de buscar trabajo es un trabajo en sí mismo... Se me pasan los días volando entre escribir Bewerbungen, investigar webs alemanas y demás. Y sí, lo reconozco, también han sido muchos días de fiesta, y la primavera-verano, que por fin ha llegado a Berlín. Empieza esa temporada en que quedarse en casa un día de sol es un pecado, y oyes la llamada de los parques, los lagos, los Biergarten. Ha llegado el tiempo de sacar la bicicleta para dar largos paseos, de correr junto al canal, de hacer picnics y barbacoas al aire libre, de aprovechar cada rayo de sol. Y yo soy muy cumplidora :)

De todas formas algo he estado cocinando, sí. Experimentando, mejor dicho (galletas, postres de limón, pan de molde, kibbeh de lentejas, parmigiana, kouign amann entre otros) pero o no salieron suficientemente bien como para publicar la receta, o era de noche y la foto quedó un churro. Por unas o por otras, comer hemos comido mucho, pero publicar no hemos publicado nada. Hasta hoy.

He hecho una quiche con espárragos y fresas. Una combinación poco habitual. Yo por lo menos no la había visto nunca, hasta el otro día en que leyendo por internet la carta de un restaurante vi que ofrecían espárragos a la plancha con fresas. Después, haciendo la quiche, estaba buscando un ingrediente rojo que añadir para darle un poco de color, me vinieron las fresas a la cabeza y decidí probar. La verdad es que he quedado bastante contenta: por supuesto las fresas combinan perfectamente con la nata y la masa quebrada, pero además añaden un toque ligeramente ácido y dulce que contrasta muy bien con los espárragos. A ver qué os parece a vosotros.



Ingredientes:

Para la masa quebrada:
  • 300 g de harina
  • 130 g de mantequilla
  • 1 cucharadita de sal
  • 1 cucharadita de levadura química
  • 70 g de agua
Para el relleno:
  • 1 cebolla
  • 200 g de nata líquida
  • 3 huevos
  • 500 g de espárragos verdes (un manojo)
  • 150 g de fresas
  • 150 g de champiñones (opcional)
  • sal
  • pimienta
  • aceite de oliva

Cómo preparar esta quiche de espárragos y fresas:

1- Mezclar la harina con la sal y la levadura en una fuente. Incorporar la mantequilla y mezclar con las manos. Quedará una textura granulosa, inconsistente. Añadimos entonces el agua y mezclamos rápidamente, para formar una masa. Cubrimos y dejamos reposar en el frigorífico durante una media hora.

2- Mientras tanto, ponemos una olla de agua a hervir. Lavamos los espárragos, cortamos la base del tallo que está dura, y los cocemos en el agua hirviendo durante unos 3 minutos. Escurrimos, dejamos enfriar un poco, y los cortamos en trozos. Reservamos.

3- Picamos la cebolla y la sofreímos en una sartén grande con un par de cucharadas de aceite. Cuando esté transparente, añadimos los champiñones, ya lavados y cortados en trozos grandes. Salteamos durante unos minutos, hasta que los champiñones estén ligeramente tiernos.

4- Añadimos a la sartén los espárragos (excepto las puntas, que las reservamos para decorar la quiche), salteamos durante un minuto y apagamos el fuego. Salpimentamos, añadimos la nata, los huevos batidos, y removemos para mezclarlo todo bien.

5- Sacamos la masa del frigorífico y la extendemos con un rodillo, ayudándonos con un poco de aceite. Forramos con ella un molde y pinchamos la base con un tenedor.

6- Vertemos sobre la masa el relleno de la quiche, repartiéndolo bien. Decoramos con las puntas de los espárragos y las fresas, lavadas y cortadas por la mitad.

7- Horneamos a 180 ºC (sólo el fuego de abajo) durante unos 30 minutos, hasta que la quiche está cocida por el centro.

8- Servimos templada o fría, preferiblemente en la terraza acompañada de una cerveza fresquita.


sábado, 30 de julio de 2011

Empezando con gorgonzola

Anoche tuvimos una fiestecita en casa de un amigo, y preparamos varias cosas de picoteo. Yo contribuí con unos canapés de gorgonzola en dos versiones: unos con cebolla caramelizada y nueces, y otros con mermelada de pimientos. Los dos tuvieron bastante éxito (no quedó ninguno en el plato) así que os dejo aquí las recetas, por si algún día tenéis ganas de untar cositas en pan tostado.

Tosta con gorgonzola, cebolla caramelizada y nueces



En primer lugar, hacemos la cebolla caramelizada: Pelamos una cebolla y la cortamos en juliana. La ponemos en una sartén con un poco de aceite de oliva, la tapamos y la dejamos a fuego suave durante unos 20-25 minutos, removiendo de vez en cuando, hasta que se quede blanda y transparente. Después añadimos sal, una cucharadita rasa de azúcar moreno, 150 mL de vino blanco y 50 mL de vinagre de Módena, removemos y dejamos a fuego medio-fuerte, destapado, durante unos minutos, hasta que se haya evaporado prácticamente todo el líquido.

Por otra parte, tomamos unos 100 g de gorgonzola (yo tenía piccante, pero quizás quede mejor con gorgonzola dolce), lo ponemos en un plato y lo aplastamos con un tenedor para ablandarlo.
Tomamos unas tostas para canapés y las untamos con una capa fina de gorgonzola. Después con un tenedor cogemos unas tiritas de cebolla y las ponemos encima, formando un nido. Terminamos decorando con un par de nueces enteras.


Tosta con gorgonzola y mermelada de pimientos rojos



Para estas simplemente unté un poco de gorgonzola sobre el pan y puse encima una cucharadita de la mermelada agridulce de pimientos rojos. La combinación es colorida y deliciosa.

viernes, 29 de julio de 2011

Mermelada agridulce de pimientos rojos

Mi madre siempre está investigando y probando recetas nuevas. Ya hace tiempo que encontró esta, no sé si en internet o en uno de los muchos libros y revistas de cocina que tiene, y desde entonces ha sido casi una constante en su nevera. A mí me encanta el sabor agridulce de esta mermelada, ese color rojo tan brillante, y lo bien que combina con queso, que es una de mis debilidades. Así que he decidido que esta receta debería aparecer en este blog, sí o sí.



Necesitarás:

  • Dos pimientos muy rojos, grandes
  • Un poco menos de un vaso de vinagre de manzana
  • Un vaso de azúcar

Cómo preparar esta mermelada de pimientos rojos:

Lava los pimientos y córtalos en trozos pequeñitos. Ponlos en una cacerola, añade el vinagre y el azúcar, y remueve para mezclar bien los ingredientes.

Si trocear los pimientos te parece un rollo, piensa que también puedes usar un robot de cocina. En ese caso, rompe los pimientos en trozos, añade el vinagre y pícalo todo junto hasta que obtengas una mezcla con la textura deseada. Yo personalmente prefiero que quede con trocitos, las mermeladas que son completamente homogéneas me dan la sensación de ser más artificiales, pero es una cuestión de gustos. Después sólo tienes que llevar la mezcla a la cacerola, añadir el azúcar y remover para mezclarlo todo.

Mantén la mermelada a fuego lento durante un par de horas, removiendo de vez en cuando para evitar que se pegue al fondo. No le pongas tapadera, porque lo que queremos es que el vinagre se evapore lentamente. Para saber cuándo puedes dejar de cocinar, comprueba la consistencia de la mezcla (aunque debes tener en cuenta que la mermelada caliente es más líquida que la mermelada fría). También puedes probar un poquito, con cuidado de no quemarte, para ver si todavía sabe demasiado a vinagre. Si es así, deja que se cocine un rato más.

Como dije antes, esta mermelada combina especialmente bien con queso. Puedes usar un poco de queso de untar, por ejemplo, o con un queso de oveja viejo, como el de la foto. Pero también lo puedes untar directamente sobre el pan, mantequilla, o un poco de paté.

¡Que lo disfrutes!