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domingo, 23 de agosto de 2015

Tarta suave de queso con base salada de chocolate y cobertura de limón



Yo que no tengo una pastelería, ni tampoco un metabolismo que me permita comerme una tarta entera cada fin de semana, aprovecho las reuniones sociales para ir probando pequeñas variaciones sobre mis recetas de siempre. Porque, aunque muy golosa, soy muy exigente, y con la edad sólo voy empeorando en este sentido.

Para mí un postre realmente bueno es aquel que no resulta excesivamente dulce, ni pesado. Que no empalaga ni empacha. Y aunque se componga de varias partes, estas deben combinar formando un todo, una unidad. No me impresionan estos postres modernos de restaurante pijo donde te sirven una mini-porción de pastel, junto a una espuma de pitirrín y un crocante de purrufuá.

También me sorprendo a mí misma torciendo el gesto cuando voy a merendar a la pastelería de moda para descubrir que esa tarta de varios niveles y cobertura que tanto se mete por los ojos se basa en un bizcocho bastante seco y una crema a base de mantequilla. Cuando tragas una cucharada se puede oír un nítido "plonc!" en el estómago.

Ni hablemos de esos postres bañados en sirope comercial y chantillí de espray. Qué asco.

En resumidas cuentas, si uno se mete una ración hipercalórica entre pecho y espalda, tiene que merecer mucho la pena. Ponerse gordo sólo está permitido a base de cosas realmente buenas.

Siguiendo esta filosofía, y porque además de puñetera soy de naturaleza perfeccionista, reviso periódicamente mis recetas de siempre para probar puntos de mejora.

Y hoy anuncio con orgullo y satisfacción que he terminado mi receta de tarta de queso. Me doy por satisfecha. Esta versión la bordaré a punto de cruz y la colgaré en la pared de la cocina.



La receta base es la misma que ya publiqué, con los siguientes cambios:

  1. Hice el doble de cantidad, porque quería una tarta grande.
  2. En la masa puse limón esta vez, y no lima, porque la iba a cubrir con crema de limón.
  3. La base la preparé con 200 g de galletas integrales y 100 g de chocolate negro sin azúcar (80% de cacao): derretí el chocolate a fuego lento con un par de cucharadas de leche y lo mezclé con las galletas molidas y un poco de sal.
  4. Al preparar la mezcla para la tarta, separé las claras de las yemas. Preparé primero la mezcla con el resto de ingredientes y las yemas de los huevos. Batí las claras aparte, a punto de nieve fuerte, y las incorporé luego sobre la mezcla con cuidado y unas varillas de mano.
  5. Una vez fría, cubrí la tarta con crema de limón.


El resultado fue espectacular. La base de chocolate un poco salada contrasta con el dulce de la tarta. La crema de limón da un punto dulce-ácido-adictivo que complementa muy bien los otros sabores. Y al montar las claras aparte, la tarta queda con una textura inreíblemente suave, una delicia.

Para la próxima, esta tarta me la quedo en casa.

sábado, 16 de mayo de 2015

Crema de limón (Lemon Curd)


Un bote de crema de limón iluminando este día de oscuridad profunda en la tierra de las nubes eternas

A estas alturas ya sabréis que soy una gran amante de los cítricos. Naranjas, mandarinas, pero sobre todo limón y lima, se cuentan entre mis sabores y aromas favoritos. Partiendo de esa base, esta crema de limón es para mí una gran debilidad, una tentación irresistible, me hace considerarme una auténtica citroadicta.

La receta la vi en lo de Biscayenne. Durante mucho tiempo quería prepararla, pero no sabía qué hacer con ella después. Mi consejo ahora es: preparadla sólo si tenéis un plan bien definido. Podéis usarla para rellenar un bizcocho o unos cupcakes, sobre una tarta de queso, como relleno de una masa quebrada que cubráis luego con merengue tostado, para mezclarla con yogur, para untar el pan. Pero si os limitáis a prepararla, meterla en un bote y ya decidiré después para qué la uso, acabaréis comiéndoosla a cucharadas. El que avisa no es traidor.


La preparación de esta crema no tiene más complicación que controlar el baño maría para que la crema no llegue a hervir. Si tenéis un cacharro especial para fundir al baño maría, ni eso. Yo no tengo, y lo que hago es poner una cacerola grande bastante llena de agua a calentar, y un cazo encima, de manera que el cazo queda sumergido en el agua sólo en parte. Cuando el agua empieza a hervir, bajo el fuego para que las burbujas no sean muy grandes, ya que estas desestabilizan el cazo y además aumentan el riesgo de que caiga agua sobre la crema de limón. Y chinpún, no hay más dificultad.



Ingredientes (para rellenar un bote de mermelada grande):
  • 220 g de azúcar
  • 100 g de mantequilla sin sal
  • el zumo de 3 limones (unos 150 g de zumo)
  • la ralladura de los limones
  • 3 huevos batidos

Preparación:
  1. Preparar el baño maría y calentar el agua hasta que empiece a hervir.
  2. Poner en el cazo el azúcar, la mantequilla, la ralladura y el zumo de limón, y dejar que se caliente hasta que se derrita la mantequilla. Podemos ayudar removiendo con unas varillas para que se mezcle todo bien.
  3. Añadir entonces los huevos batidos, pasádolos por un colador. De esta manera evitaremos grumos.
  4. Seguir cociendo al baño maría hasta que la masa espese, removiendo con las varillas para que vaya espesando de manera homogénea. Este paso puede tardar entre 15 y 20 minutos.
  5. Guardar en un bote y reservar. Usar una vez esté fría.

viernes, 5 de diciembre de 2014

Galletas de almendra

¡A la rica galleta, oiga!

Se acercan las navidades y las lorzas empiezan a regocijarse y a frotarse las manitas (las manitas de lorza serán blancas, regordetas y blanditas, seguramente) pensando en que llega su momento cumbre en el año, cuando nos dedicamos a ir de reunión familiar a reunión con los amigos, comiendo y bebiendo sin reparar en las consecuencias. Yo este año he decidido que no voy a engordar en navidades. Voy a engordar antes, y así cuando llegue a España ya tengo la tarea hecha.

En realidad hacer galletas no forma parte de un plan maestro de dominación por parte de mis lorzas. Se trata más bien de sucumbir a la presión social. Porque por estas fechas los alemanes (o mejor dicho, las alemanas, que es una cosa más de chica) se ponen a hacer galletas como locos. Plätzchen las llaman. Suelen ser galletas de mantequilla, a veces con especias, a veces redonditas, a veces cortadas en forma de figuritas, y decoradas. Normalmente se encierran en casa durante un día (o varios) con las mujeres de la familia, o con las amigas, y se dedican a hacer galletitas de distintos tipos. Y a beber vino o Glühwein, claro, para darle un tono más festivo. No hay que perder ocasión. Luego componen surtidos de distintos tipos de galletas, los empaquetan en algún tipo de envoltorio mono, y hasta el día 25 van los van regalando a los amigos.

Algunas Plätzchen que me han regalado

No digáis que no mola.

Primero te pasas un día haciendo galletas y bebiendo vino, y luego tienes regalitos para todo el mundo, que casi no te han costado nada pero están hechos a mano con mucho amor. La idea está genial.

Como cuando mi madre se ponía a hacer rosquitos, pero en versión alemana. Aunque para ser completamente honestos, creo que mi madre no bebía vino mientras hacía los rosquitos, que ponerse a freír en un perol estando contentillo no es buena idea.

Hasta ahora nunca había prestado atención a esta tradición. Quizás porque hasta ahora no había tenido tantas amigas alemanas. La semana pasada de repente desaparecieron todas del calendario. Hasta las menos femeninas, más independientes, más alternativas, menos caseras... TODAS se pusieron a hacer galletas. Así que yo también quiero. Y ya tengo mi propio evento galleteril organizado para la semana que viene. Lo que os enseño hoy es una receta que quería probar para ver si la incluyo en el surtido de la semana que viene o no.

La conclusión es que sí: habrá galletitas de almendra en el surtido.



Galletas de almendra (para unas 60 unidades):

1- Poner en un bol

  • 250 g de mantequilla en pomada (que esté blandita)
  • 125 g de azúcar glas
  • 1 yema de huevo
  • 1 pizca de sal

y batirlo con las varillas hasta que esté bien mezclado y la masa haya cogido aire.

Ingredientes listos para usar, como si esto fuera un programa de la tele

2- Añadir

  • 200 g de almendra molida
  • 250 g de harina (la normal, tipo 405)
  • 20 mL de licor de naranja (opcional)
  • 100 g de piel de naranja confitada (opcional). Yo la pasé por el picador de alimentos para que quedara en trocitos muy pequeñitos.

Mezclar con las manos hasta formar una masa.



3- Cubrir con papel de film transparente y guardar en el frigorífico unas dos horas, hasta que la masa se endurezca.

4- Precalentar el horno a 200 ºC. Preparar dos bandejas de horno cubriéndolas con papel vegetal.

5- Hacer bolitas de masa y ponerlas en las bandejas, aplastándolas un poco con los dedos. Dejar un poco de separación entre las bolitas, porque crecen al hornearse, pero no crecen muchísimo.


6- Batir

  • 1 yema de huevo

y pintar con ella las galletas.

7- Si se quiere, decorar con láminas de almendra, o con almendras partidas por la mitad. O podéis esperar a sacarlas del horno y espolvorearlas después con azúcar glas. O podéis no poner nada más encima.

8- Hornear a 200 ºC, con el horno encendido arriba y abajo, durante unos 12 minutos, o hasta que estén bien doraditas.

9- Sacarlas y dejarlas enfriar sobre una rejilla hasta que se endurezcan. Después conservar en una lata o un bote para galletas.


jueves, 13 de noviembre de 2014

¡Tortitas!


Si a estas alturas os cuento que soy una glotona no os voy a sorprender. Es una información obvia, redundante. Tampoco será nada nuevo si digo que cedo al vicio especialmente en el desayuno, que es mi comida favorita del día. Entre semana suelo desayunar muesli, pero el fin de semana exijo al chef algo especial. Y como en esta casa el chef soy yo, no me queda otra que arremangarme y meterme en la cocina. Estas tortitas son tan rápidas de preparar que no me da nada de pereza.

Descubrí la receta este verano en alguna parte de internet (no soy capaz de encontrar la referencia, ¡sorry cibermundo!) y desde entonces la he practicado mucho, para gran complacencia del Toledano. He optimizado el proceso de modo que me lleva menos de 5 minutos preparar la masa: en un bol grande voy pesando la harina, levadura, y la leche, y añado el azúcar. Casco los huevos encima de otro bol, en el que recojo las claras, y echo las yemas en el bol grande. Entonces bato las claras primero, después la otra masa, mezclo las dos, y voilá! Ya podemos empezar a freír las tortitas. Fácil, rápido, sin dramas ni complicaciones.

El otro motivo por el cual me gustan estas tortitas es que me saben a receta auténtica, sin aditivos, sin florituras, sin tonterías. La única grasa que llevan es la mantequilla para dorarlas (bueno, y la del huevo y la leche, pero no llevan nata, ni crema agria, ni otros ingredientes grasos que había visto en muchas otras recetas anteriormente). El azúcar es opcional, y si las váis a comer con sirope, miel, o mermelada, podéis saltároslo si queréis. Yo en verano le echaba unos arándanos a la masa cuando la estaba friendo. Alguna vez he hecho una salsa de chocolate negro. Pero me gustan mucho también sin nada más. Quedan suaves, esponjosas, como bizcochitos. Supongo que de ahí el nombre en inglés: pancakes, pasteles a la sartén.



Tortitas para 1 persona:


1- Pesar en un bol:
      - 40 g de harina
      - 1/2 cucharadita de levadura (impulsor químico)
      - 1 cucharada de azúcar moreno (opcional)
      - 50 mL de leche
      - 1 yema de huevo
y mezclar con las varillas (con batidora o a mano, como queráis, los ingredientes se mezclan en seguida y no quedan grumos).

2- Poner en otro bol:
       - 1 clara de huevo
       - 1 pizca de sal
y batir con la batidora de varillas hasta que esté a punto de nieve.

3- Incorporar la clara a la otra mezcla y mezclar las dos a mano, suavemente, para que el resultado sea espumoso.

4- Dorar las tortitas en una sartén engrasada con un poco de mantequilla. Yo pongo cucharadas de masa y no muevo la sartén para intentar que se extiendan, sino que las dejo crecer y ponerse gorditas y esponjosas.

5- Servir con sirope, miel, mermelada, chocolate... O comerlas sin nada más, con las manos, mojándolas en el café.