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lunes, 1 de junio de 2015

Espinacas con garbanzos

Así se preparan las espinacas con garbanzos en Sevilla:

Hasé er favóh, no fijarse en er huevo, que se má quemao un poquillo

O por lo menos, así las preparo yo en casa en Berlín. Que cada maestrillo tiene su librillo y tal. Y como pasa con todas las comidas tradicionales, cada familia tiene su receta. Yo no sé si mi madre las prepara exactamente así o si he pecado de innovadora aquí. La cuestión es que hacía años que no tomaba este plato (aproximadamente seis, para más datos, desde que abandoné el sur) y ha sido hace poco que me ha apetecido de nuevo. Supongo que me acordé de las espinacas con garbanzos cuando buscaba en ampliar el contenido en legumbres de mi recetario habitual. Y es que una comida a base de verduras de hoja y garbanzos suena muy sano, ¿verdad? Poh máh bueno ehtá. Y si no, probadlo en casa.

Tradicionalmente se haría cociendo los garbanzos por un lado, y las espinacas frescas por otro. En mi versión, los garbanzos vienen ya cocidos en un bote, y las espinacas están congeladas. Esto acorta considerablemente el tiempo de preparación, y hace que pueda tener los ingredientes guardados para un desavío. Cocina precocinada no, pero cocina de ingredientes en conserva, sí. Y cocina sana que se prepara en un pihpáh, mejor aún.

En Sevilla se suele acompañar este plato de una rebanada de pan frito y un huevo, frito también. Yo del pan frito me abstengo, no ya por reducir el contenido calórico, sino porque en general me resulta muy grasiento.

Venga, vamoh palláh.

Qué me gusta Andalucía, por cierto. Acabo de volver de estar allí una semana, y no soy capaz de expresar lo mucho que he disfrutado del clima, de la comida, y de hablah andalúh.

Ingredientes (para dos personas):
  • 500 g de espinacas congeladas  (o frescas y lavadas)
  • 240 g de garbanzos cocidos (si son de bote, enjuagados)
  • 4 dientes de ajo (o más, o menos, al gusto) pelados y cortados en láminas
  • un chorreón de aceite de oliva
  • un chorrito de vinagre blanco (yo aquí tengo de manzana)
  • sal, comino y pimentón
Preparación:
  1. En una sartén poner a calentar el aceite y dorar en él los ajos, sin que se quemen.
    Lo sé, es más fácil de decir que de hacer. No os despistéis, tunantes, que el ajo se dora en seguida, no os separéis de la sartén ni os pongáis a mirar el whatsapp, que nos conocemos.
  2. Añadir las espinacas, los garbanzos, la sal, el comino y el pimentón.
    De comino y pimentón, al gusto. Yo pongo media cucharadita generosa de cada.
  3. Cubrir con un vaso de agua y cocinar hasta que las espinacas estén tiernas (si son frescas) o se hayan descongelado (si eran congeladas) y el líquido haya reducido. Añadir más agua si fuera necesario.
  4. Poco antes de terminar la cocción, añadir el vinagre.
  5. Freír el huevo y servirlo acompañando.
Y yahtá. Ea. Que uhtedeh lo dihfruten con musha saluh.

sábado, 9 de mayo de 2015

Garbanzos con berenjenas



Cualquiera que me conozca no se soprenderá si digo que soy de tendencia ligeramente (ejem) obsesiva. Pues bien, en los últimos meses me ha dado por la cocina griega. En parte porque quiero incorporar más legumbres en mi dieta. En parte porque las dos veces que he estado en Creta he flipado muchísimo con la comida, más allá de los tzatziki, las ensaladas con queso feta y las carnes a la parrilla (que es lo que suelen poner en los restaurantes griegos). Así que me he comprado el libro La cocina de Vefa, que se considera como el libro de referencia para la cocina griega de toda la vida. O al menos eso dice El Comidista, y yo me lo he creído.

A mí el libro me parece que está bien. La edición es preciosa, sin duda, con los nombres de los platos escritos en griego, y a pesar de que no haya foto de todas las recetas. Lo que me molesta es la organización del libro en sí. Porque la sección de "pasteles salados" de repente incluye también pasteles dulces. O porque en la sección de mezés te cuenta que en primavera debido a la cuaresma tradicionalmente no se come carne, pescado, huevos ni lácteos, y a continuación te incluye una receta de brochetas de cordero. Eso me irrita bastante y despierta mi principio de trastorno obsesivo-compulsivo.

Pero dejando esos detalles aparte (inspira... expira...) el libro me encanta, las recetas me parecen geniales y todavía estoy por descubrir una que no me guste.

Por ejemplo, está la receta de garbanzos y berenjenas asadas. Con lo que me gustan los garbanzos y las berenjenas por separado, no dudé ni un momento en probarlos combinados. A pesar de eso, la suma superó por mucho la adición de los sumandos, y mis expectativas. Comparto aquí. Receta fácil, sana y deliciosa. ¡Que viva la cocina mediterránea!

Ingredientes para 4 raciones:

  • 250 g de garbanzos cocidos (como mínimo, podéis poner más)
  • 4 berenjenas, cortadas en rodajas de un dedo de grosor
  • 400 g de tomates en conserva, troceados
  • 3 ó 4 tomates frescos, cortados en rodajas finas
  • 1 cebolla grande, picada a trozos medianos
  • ajo (cuanto queráis, un par de dientes) picado fino
  • aceite de oliva
  • sal, pimienta, pimentón, orégano seco
Preparación:
  1. Sofreír la cebolla en el aceite hasta que esté transparente. Añadir el ajo y sofreír.
  2. Incorporar los garbanzos, el tomate en conserva y un poco de agua (¿medio vaso?). Condimentar con sal, pimienta, orégano seco y una cucharadita de pimentón. Dejar a fuego medio que se cueza todo junto y se reduzca el líquido.
  3. En una sartén poner un poco de aceite e ir friendo las rodajas de berenjena, por las dos caras, un par de minutos por cada cara, hasta que se ablanden. Reservar.
  4. En una fuente para horno poner la mitad de las berenjenas. Cubrir con los garbazos. Poner encima el resto de las berenjenas y terminar con las rodajas de tomate.
  5. Hornear a 180 ºC durante unos 50 minutos.
Nota: según la receta, se pone la mitad de las berenjenas debajo de los garbanzos y la otra mitad arriba. La verdad es que las berenjenas de abajo quedaron muchísimo más ricas, cocinadas en la salsa de tomate. Así que yo propongo poner todas las berenjenas al fondo, cubrir con los garbazos y terminar con las rodajas de tomate. Ahí, arriesgando, saltándome las normas. ¡Uuuuh! :)

sábado, 2 de mayo de 2015

Quiche de espinacas, pasas y cebolla caramelizada



Un post al año no hace daño...

Desde que empecé el nuevo trabajo no he vuelto a publicar, y ya van cuatro meses. Pero sí que sigo cocinando, claro. Incluso ahora que almuerzo fuera cada día aprecio todavía más la comida de casa. Eso sí, la mayoría de las cosas que cocino son sencillas y rápidas, porque el tiempo y las energías no dan para mucho. Esto no lo veo como un problema, sino más bien como una ventaja añadida, porque en general me gustan las comidas sencillas, sin demasiados "puturrús".

Un ponéh, que se diría en mi pueblo: el fin de semana pasado me invitaron a una cena con un montón de gente que no conocía, y tenía que llevar algo de comer. Pensé en llevar la quiche de salmón y espinacas, pero entonces me advirtieron de que la dueña de la casa es vegetariana, así que tuve que reconfigurar la quiche. Sustituí el salmón por unas pasas y cebolla caramelizada. Que sí, que la cebolla caramelizada empieza a estar muy vista, pero es que está muy rica, y por estos lares se usa poco. El resultado fue bastante espectacular, y no lo digo por echarme piropos a mí misma. Se acabó en seguida, y como casi no tuve ocasión de probarla, este fin de semana he vuelto a repetir y la he llevado de picnic. A petición popular, comparto receta aquí. Para que quedéis bien en las comidas con amigos hipsters.



Ingredientes:

  • Una masa, bien un hojaldre comercial, o una masa quebrada preparada en casa como os explico aquí
  • Entre 250 y 300 g de espinacas, congeladas o frescas
  • Unos 50 g de pasas
  • Una cebolla grande, cortada en medios aros
  • 200 mL de nata o leche evaporada (leche condensada sin azúcar)
  • 2 huevos
  • Una cucharadita de maicena
  • Sal
  • Aceite
  • Una cucharada de azúcar morena
  • Un chorreón de vino blanco seco
  • Unos 30 g de parmesano rallado

Preparación:
  1. Precalentar el horno a 180 ºC, encendido arriba y abajo
  2. Forrar el molde con un papel de horno. Extender la masa por encima y pincharla con un tenedor. Meterla al horno durante unos 10 minutos. Si usáis la masa de hojaldre, ponedle encima unos garbanzos secos para que no suba. Después de estos 10 minutos, sacar la masa del horno y reservar.
  3. Cocer las espinacas al vapor junto con las pasas. Si las espinacas están congeladas, las dejo al vapor hasta que se descongelen. Las pasas las pongo a la vez para que se hidraten un poco y estén más blanditas. Dejar escurrir y reservar.
  4. En una sartén poner un poco de aceite y sofreír ahí la cebolla hasta que esté transparente. Procurad que no se dore. Para eso lo mejor es ponerle sal y cubrirla con una tapadera, así la cebolla suda y no se reseca.
  5. Añadir el azúcar y un chorreón de vino blanco. Remover bien y dejar a fuego vivo y destapado hasta que se consuma el líquido. Apartar del fuego.
  6. Incorporar las espinacas y las pasas a las cebollas y remover para que se mezclen bien.
  7. En un bol, meclar bien la maicena con un poquito de la leche o la nata hasta que se disuelvan los grumos. Añadir después el resto de la leche o la nata y los dos huevos, y batir bien.
  8. Incorporar la mezcla de los huevos a la de las espinacas y remover para que se distribuya bien por la mezcla.
  9. Verter la mezcla sobre la masa. Espolvorear con el queso rallado.
  10. Hornear hasta que la quiche esté dorada y al pinchar en el centro con un palillo éste salga limpio. En mi caso esto tarda unos 15 minutos.

jueves, 13 de noviembre de 2014

¡Tortitas!


Si a estas alturas os cuento que soy una glotona no os voy a sorprender. Es una información obvia, redundante. Tampoco será nada nuevo si digo que cedo al vicio especialmente en el desayuno, que es mi comida favorita del día. Entre semana suelo desayunar muesli, pero el fin de semana exijo al chef algo especial. Y como en esta casa el chef soy yo, no me queda otra que arremangarme y meterme en la cocina. Estas tortitas son tan rápidas de preparar que no me da nada de pereza.

Descubrí la receta este verano en alguna parte de internet (no soy capaz de encontrar la referencia, ¡sorry cibermundo!) y desde entonces la he practicado mucho, para gran complacencia del Toledano. He optimizado el proceso de modo que me lleva menos de 5 minutos preparar la masa: en un bol grande voy pesando la harina, levadura, y la leche, y añado el azúcar. Casco los huevos encima de otro bol, en el que recojo las claras, y echo las yemas en el bol grande. Entonces bato las claras primero, después la otra masa, mezclo las dos, y voilá! Ya podemos empezar a freír las tortitas. Fácil, rápido, sin dramas ni complicaciones.

El otro motivo por el cual me gustan estas tortitas es que me saben a receta auténtica, sin aditivos, sin florituras, sin tonterías. La única grasa que llevan es la mantequilla para dorarlas (bueno, y la del huevo y la leche, pero no llevan nata, ni crema agria, ni otros ingredientes grasos que había visto en muchas otras recetas anteriormente). El azúcar es opcional, y si las váis a comer con sirope, miel, o mermelada, podéis saltároslo si queréis. Yo en verano le echaba unos arándanos a la masa cuando la estaba friendo. Alguna vez he hecho una salsa de chocolate negro. Pero me gustan mucho también sin nada más. Quedan suaves, esponjosas, como bizcochitos. Supongo que de ahí el nombre en inglés: pancakes, pasteles a la sartén.



Tortitas para 1 persona:


1- Pesar en un bol:
      - 40 g de harina
      - 1/2 cucharadita de levadura (impulsor químico)
      - 1 cucharada de azúcar moreno (opcional)
      - 50 mL de leche
      - 1 yema de huevo
y mezclar con las varillas (con batidora o a mano, como queráis, los ingredientes se mezclan en seguida y no quedan grumos).

2- Poner en otro bol:
       - 1 clara de huevo
       - 1 pizca de sal
y batir con la batidora de varillas hasta que esté a punto de nieve.

3- Incorporar la clara a la otra mezcla y mezclar las dos a mano, suavemente, para que el resultado sea espumoso.

4- Dorar las tortitas en una sartén engrasada con un poco de mantequilla. Yo pongo cucharadas de masa y no muevo la sartén para intentar que se extiendan, sino que las dejo crecer y ponerse gorditas y esponjosas.

5- Servir con sirope, miel, mermelada, chocolate... O comerlas sin nada más, con las manos, mojándolas en el café.

sábado, 25 de octubre de 2014

Pudín de chocolate


Lo bueno del otoño es que vuelve a apetecer quedarse cerca de los fogones (ejem, o de la vitro) y cocinar cosas ricas. Sobre todo, supongo que la ropa de invierno es más amable con los michelines, así que una puede darse más caprichos que en verano sintiendo menos culpa después.

Aunque a quién vamos a engañar: cuando se trata del chocolate (y del foie) mi mente es una experta en saltarse cualquier pensamiento que se parezca remotamente a un remordimiento.

Esta receta la encontré en lo de Smitten Kitchen y es tan fácil, tan rápida, y tiene un sabor a chocolate tan intenso, que comprar postres de chocolate en el supermercado ha dejado de ser una opción. Además no lleva huevo ni gluten.

Mi consejo: usad un chocolate de buena calidad. Es un postre a base de chocolate y leche. Si usáis un chocolate mediocre, lo notaréis en el sabor. Yo uso Lindt con al menos un 70% de cacao.


Cómo preparar el pudín de chocolate (6 raciones):

1- Pesar y poner en un cazo:
  • 30 g de maicena
  • 100 g de azúcar
  • 1/4 cucharadita de sal fina
2- Mezclar con unas varillas y añadir poco a poco
  • 700 mL de leche
removiendo bien para evitar que queden grumos.

3- Poner a fuego medio, removiendo de vez en cuando para asegurarnos de que la maicena no espesa todavía, o no se queda pegada al fondo.

4- Cuando la leche esté a punto de hervir, quitar un momento del fuego y añadir
  • 170 g de chocolate negro en trocitos
Removerlo hasta que se disuelva.

5- Volver a llevar al fuego, esta vez suave, removiendo continuamente, hasta que espese.

6- Retirar del fuego, añadir
  • 5 mL de licor de naranja (o de extracto de vainilla, o de algún otro licor, es para dar aroma extra)
y mezclar rápidamente con las varillas.

7- Servir en vasitos, o en un cuenco grande. Tapar con film transparente y meter al frigorífico durante al menos 4 horas hasta que se enfríe completamente.


domingo, 21 de julio de 2013

La tarta de queso que no es pesada ni viene de NY


La Operación Foquini de este verano está siendo todo un éxito. Llegados a este punto, comunico mi decisión de abandonar el plan por unos meses. A partir de ahora se impone ir a correr sin saltarme el calendario, y registrarme en la biblioteca para continuar con mi tesis allí, a salvo de mi despensa.

Como colofón de la Operación Foquini 2013 he preparado una tarta de queso. La semana pasada había hecho tres millones de galletas (una no es en absoluto exagerada) para llevar a una barbacoa de cumpleaños, a la que finalmente no pude ir. Un tercio de las galletas (es decir, un millón de unidades) sirvió de desayuno, merienda, y tentempié para los habitantes de esta casa. Otro tercio fue guardado para su correcta conservación en un tarro de cristal. El millón de galletas restante se estaba poniendo blandengue, y había que darle alguna salida. Como el cubo de la basura no es una opción contemplable, se me ocurrión usarlas de base para una tarta de queso. Porque, si has hecho unas galletas casera con aceite, cacahuetes y chocolate, qué se puede hacer mejor que añadirle mantequilla y ponerle por encima queso y mermelada, ¿verdad?


Esta receta de tarta de queso es la que ha hecho mi madre en casa toda la vida. Es facilísima, y está muchísimo más rica que las que suelen poner en restaurantes y cafeterías. Por una razón en concreto: desde hace años se ha puesto de moda preparar el famoso "New York Cheesecake", que aunque está rico, es una auténtica bomba calórica: las medidas suelen considerar en torno a 1 kg de queso crema más 1/4 kg de nata, para 12 raciones. A mí eso me parece una barbaridad, es comerte casi media tarrina de queso a cucharadas. Sinceramente, imaginar que cuando hago una tarta pongo 1 kg de queso y encima añado nata me da asco. Claro, con tanta grasa la tarta queda rica (el queso y la nata están ricos en cualquier plato) pero luego la digestión es tan larga como si en vez de un trozo de tarta nos hubiéramos comido un adoquín. Cuando esta receta empezó a pulular por los más respetados blogs de cocina españoles me cogí tal cabreo que los borré de mi lista de feeds. Los gastroblogueros que un día sí otro también proponen barbaridades calóricas de este calibre no se merecen mi respeto.

Ahora cuento tranquilamente hasta diez y ya sigo con mi receta. Que no es mía, es de mi madre, y lleva queso blanco y yogur, así que resulta más ligerita. Tampoco es que sea un dulce de dieta, no nos vayamos a engañar, pero se digiere sin problemas. Con estas cantidades salen de 6 a 8 raciones. Yo hice el doble (la receta original) y me ha dado para una tarta y varias tartaletas individuales.



Para la base:

  • 150 g de galletas
  • mantequilla
Moler las galletas en el accesorio picador de la batidora. Añadir un poco de mantequilla para que quede con textura de arena mojada (no necesita ser una masa, pero que tampoco quede suelto). Usar esta mezcla para cubrir el fondo del molde, aprentando con una cuchara para que quede firme.

Como mis galletas caseras ya tenían bastante grasa, sólo puse 15 g de mantequilla. El viciosillo de Jamie Oliver* le pone también unos trocitos de chocolate negro, que queda muy bien. Mis galletas además tenían cacahuetes, dándole un toque más crujiente a la base. Con esto os quiero decir que improviséis libremente.

Si queréis que sea apta para celíacos, podéis usar galletas sin gluten, o simplemente prescindir de la base: el relleno de esta tarta es suficientemente consistente y también queda muy rico solo.



Para el relleno:

  • 2 huevos
  • 20 g de harina fina de maíz (tipo maizena)
  • 75 g de azúcar
  • 250 g de queso blanco de untar (yo usé mascarpone)
  • 150 g de yogur blanco sin azúcar (un vasito)
  • El zumo de una lima (o de medio limón, aunque ya sabéis que la lima es el fruto del paraíso, siempre mejor con lima ;)
Ponerlo todo en un bol y batir bien con la batidora, que quede bien mezclado y espumoso. Verter con cuidado en el molde, sobre la base de galletas.


Meter al horno precalentado a 180 ºC (encendido sólo abajo) durante unos 40 - 50 minutos, comprobando el punto de cocción pinchándolo en el centro (el pincho deberá salir limpio). Dejar enfriar antes de desmoldar.

¿Con o sin fruta?

Antes de servir se puede decorar con mermelada, o con frutas frescas (por ejemplo, con fresas cortadas por la mitad y rodajas de kiwi queda espectacular). Yo hice una compota rápida con frambuesas y fresas cortadas en trocitos, poniendo las frutas en un cazo con una cucharada de azúcar a fuego lento durante unos 15 minutos, hasta que la fruta empezó a soltar el jugo rojo.

Conservar en el frigorífico.



* Mi amigo Jamie Oliver también es propenso a las recetas hipercalóricas. Pero se lo perdono porque lidera el #FoodRevolutionDay.

domingo, 16 de junio de 2013

Revani - dulce griego de semolina

El revani o ravani es un dulce típico de Grecia y de Turquía. Lo probé el año pasado en Creta y me encantó, porque es uno de esos dulces tradicionales, sin tonterías, y a pesar de que va borracho, no resulta empalagoso, ya que la masa en sí casi no lleva azúcar. Se merienda fresquito en un día de calor y es como tomarse un trocito de sol de verano, no del sol de medio día, sino del de final de la tarde, que ya no quema pero te saca una sonrisa.

Un revani dorado y reluciente como el sol.

Estaba yo pensando en Grecia, en lo buenísimo de su gastronomía, en lo bellísimo de sus paisajes, en lo simpáticos que son los griegos y en la situación económica y política tan difícil que están pasando. Y como Grecia y los griegos me caen bien, así en general, he hecho este revani como homenaje. A ellos y a mis comensales, que no han dejado ni una miga.

La receta es una mezcla entre varias que he leído por la web. Como pasa con cualquier plato tradicional, en cada casa se hace de una manera. A veces le ponen yogur, a veces no, a veces va sin huevo (aunque esto no me queda claro si es una opción real o una errata). Bueno, por mi parte, si la elección está entre poner yogur o no, por supuesto la respuesta es: yogur, y del griego, claro.

Con estas cantidades sale mucho revani, porque aunque parece un bizcocho es más pesado. Aquí a cuatro glotones nos ha dado para desayunar tres días. Así que quizás os interese hacer sólo la mitad. En cualquier caso, es rápido, fácil, y da muy buen resultado. Porque los dulces de toda la vida tienen un rinconcito ganado en el corazón de cualquier persona que aprecie la comida, y ese lugar no lo van a perder nunca.

Así es la miga del revani: gruesa pero esponjosa.


Ingredientes (para muchas raciones):

Para la tarta:

  • 225 g de mantequilla sin sal a temperatura ambiente
  • 230 g de azúcar
  • 6 huevos
  • 450 mL de yogur
  • 260 g de semolina de trigo
  • 140 g de harina de trigo
  • 1 sobre de levadura química
  • la ralladura de un limón
Para el sirope:
  • 2 tazas de azúcar
  • 2 tazas de agua
  • 1 cucharada grande de miel
  • 1 rama de canela
  • el zumo de medio limón


Preparación:

Para la tarta:

  1. Poner en un bol la mantequilla y el azúcar, y mezclar bien con la batidora de mano.
  2. Incorporar los huevos, y después el yogur y la ralladura de limón.
  3. Añadir por último la semolina, la harina y la levadura, y batir hasta que esté todo bien mezclado.
  4. Verter a un molde de cremallera bien engrasado y hornear a 180 ºC (horno arriba y abajo) durante unos 30 minutos, hasta que al pinchar en el centro con un palito éste salga limpio. Cuidar también que no se queme por arriba; si vemos que se dora demasiado, lo cubrimos con papel de aluminio.
  5. Sacar del horno y dejar enfriar.
Para el sirope:
  1. Ponemos el azúcar, la miel y el agua en un cazo y removemos. Ponemos también la rama de canela, y llevamos a ebullición. Dejamos hervir durante unos 10 minutos y después retiramos del fuego.
  2. Echamos el zumo de limón en el cazo y lo mezclamos bien.
  3. Colamos el almíbar a un bol y lo dejamos enfriar en la nevera.
Montaje:
  1. Una vez que la tarta está fría, la desmoldamos y la cortamos en rombos con un cuchillo afilado.
  2. Si el sirope está frío ya, empezamos a verterlo sobre la tarta, a cucharadas y repartiéndolo bien por toda la masa.
  3. Guardamos la tarta en el frigorífico y servimos así, fresquita.

martes, 22 de enero de 2013

Té de rosas


Sin duda una de las mejores cosas que me ha traído este máster es una nueva visión más cercana del mundo asiático. Una de mis compañeras, una encantadora hongkonesa, me hace frecuentemente regalitos originarios de su tierra. Entre ellos estaba este maravilloso té de rosas. Yo nunca había visto ni probado algo así. El sabor es muy delicado, el aroma envolvente, y se disfruta muchísimo con la vista. Un regalo para los sentidos. He hecho muchas fotos, para intentar grabar la sensación, atesorar el momento.

Ingredientes:
  • Una buena amiga hongkonesa o china
  • Unas cuatro flores por persona
  • Agua caliente

Preparación:

Invitar a la amiga hongkonesa a casa. Poner el agua a hervir. Repartir las flores entre las tazas. Verter el agua caliente encima. Esperar unos minutos, rodeando la taza con las manos y disfrutando del olor y de la imagen. Beber a sorbitos pequeños.











miércoles, 12 de diciembre de 2012

Trenza de avellanas


Este es un post escrito en pasado simple: entre la receta escrita y el texto introductorio se interpusieron presentaciones, exámenes, estrategias, contabilidades y logísticas, y vuelvo sólo ahora para escribir estas dos líneas y darle al botón de "publicar".

Hace ahora un mes era un domingo de otoño berlinés y mis amigos decidieron autoinvitarse a merendar. Prepáranos una tarta de esas ricas que tú haces, me pidieron. ¿Cómo les voy a decir que no? Si son mi familia en el exilio... Además, para qué negarlo, los cocinillas somos fáciles de ganar con este tipo de lisonjas. No hay nada de malo en eso, porque yo disfruto metiendo las manos en la masa, y de paso aprovecho para probar recetas nuevas. Hacía tiempo ya que le tenía el ojo echado a este pan trenzado con avellanas de Biscayenne, y me dieron la excusa y ocasión perfectas. Cambié un poco el relleno, pero la masa de pan es la misma.

La preparación es muy fácil, pero hay que tener un poco de cuidado al formar la trenza. Yo estiré la masa un poco demasiado a lo largo, y me costó trabajo que no se me rompiera al trenzar. Ya véis que el lado izquierdo me quedó un poco más irregular. Para la próxima vez, que la habrá seguro, creo que mejor haré o una trenza más ancha, o dos más cortas.

De todas formas el resultado es muy espectacular, y de sabor está muy rica. Perfecta para merendar una tarde de frío, todos juntitos y cerca del radiador.


Ingredientes:
  • 200 g de harina de trigo (mitad normal y mitad de fuerza) más un poquito para estirar la masa
  • 150 mL de leche tibia
  • 4 g de levadura seca de panadero (Hefe)
  • una pizca de canela
  • 1/2 cucharadita de sal
  • 2 cucharadas de azúcar
  • 50 g de mantequilla
  • 150 g de avellanas troceadas
  • 100 g de arándanos secos
  • 4 cucharadas de azúcar
  • 90 mL de nata líquida
  • un par de cucharadas de mermerada de albaricoque

Preparación:

1- En primer lugar preparamos un prefermento para el pan. Ponemos la leche en un cazo junto con la vainilla, y la calentamos ligeramente, sólo para quitar el frío del frigorífico. La mezclamos luego con 50 g de harina y la levadura, y dejamos reposar durante unos 10 minutos.

2- Mientras el prefermento empieza a espesarse y a hacer burbujitas, ponemos en el picador de la batidora las avellanas y los arándanos, y lo picamos durante un minuto aproximadamente, para que queden trozos más pequeños pero identificables. Pasar esto a un cuenco, añadir las 4 cucharadas de azúcar y un poco de nata líquida y remover. Debe quedar una mezcla húmeda, pero no una sopa. Yo usé 90 mL de nata en total.



3- Añadir al prefermento la sal, las 2 cucharadas de azúcar, la mantequilla y el resto de la harina. Amasamos bien hasta que nos quede una bola un poco húmeda pero que se separa de la fuente. Yo tuve que añadir un poquito más de harina (unos 15 gramos más). Dejar la masa en la fuente, taparla con un papel film transparente y dejar que fermente durante unas dos horas, en un lugar cálido, hasta que haya doblado el volumen.



4- Estirar la masa con un rodillo formando una plancha rectangular y finita. Pintar la masa con la mermelada y repartir la mezcla del relleno por toda la superficie, dejando un par de centímetros libre en los bordes. Enrollar la masa sobre sí misma, empezando por el lado más largo.

5- Encendemos el horno para que se vaya precalentando: 180 ºC, arriba y abajo. Sacamos antes la bandeja, sobre la que ponemos un papel de hornear y espolvoreamos un poco de harina.

6- Pasamos nuestro rollo de masa a la bandeja. Con la punta de un cuchillo afilado hacemos cortamos el rollo por la mitad, a lo largo, y empezando a unos 3 centímetros de uno de los bordes. De esta forma quedarán dos brazos de masa unidos por uno de los extremos.

7- Con cuidado vamos pasando un brazo por encima del otro, y alternando, para dar forma a la trenza, dejando que la parte lisa de la masa quede hacia abajo en la bandeja y la parte donde se ve el relleno quede hacia arriba. Al final del todo volvemos a unir los dos brazos de masa, y remetemos el borde hacia abajo.


8- Hornear a altura media o baja, durante 20 o 25 minutos, hasta que la masa esté cocida y dorada.

sábado, 24 de noviembre de 2012

Arroz con leche y calabaza



Si no me fallan las cuentas, llevamos dos semanas inmersos en niebla. Unos días está tan baja que no se ve la torre de televisión, como si la hubieran borrado del mapa. Otros días, como hoy, está más alta y llueve. En cualquier caso, es el peor momento -climatológicamente hablando- de esta ciudad. Los árboles ya sin hojas, y todo tan oscuro, frío, gris, húmedo. Berlin November Blues, como lo ha bautizado uno de mis amigos. Y qué se puede hacer para combatir este estado de ánimo... Un postre tradicional, con un toque diferente, dulce y naranja. Sin historias, sólo preparar, compartir, disfrutar.

Saludos desde la niebla.





Ingredientes (para 6 raciones):
  • 200 g de calabaza, cortada en trocitos pequeñitos
  • 1/2 cucharada de mantequilla
  • 100 g de arroz redondo (Milchreis)
  • 500 g de leche
  • 200 g de azúcar
  • cardamomo, canela, vainilla (un poco de cada, al gusto)

Preparación:
  1. Poner en un cazo a fuego lento la mantequilla. Cuando esté derretida añadir la calabaza, remover y dejar a fuego medio hasta que a calabaza se ponga tierna.
  2. Sacar la calabaza al vaso de la batidora, añadir un poco de la leche y titurar todo bien.
  3. Volver a poner la calabaza en el cazo, añadir el resto de la leche, el azúcar, las especias y el arroz. Remover y cocer a fuego lento hasta que el arroz haya absorbido todo el líquido (el mío ha tardado una hora y media). Remover de vez en cuando para evitar que el arroz se pegue al fondo del cazo.
  4. Servir en vasitos de cristal y dejar enfriar.

lunes, 29 de octubre de 2012

Coliflor asada a la naranja


Dicen Ferrán Adriá y Valentín Fuster en su libro La cocina de la salud que las crucíferas (col, coliflor, brócoli, coles de bruselas...) son tan saludables que es recomendable tomarlas una o dos veces por semana. A mí me gustan todas las verduras en general, pero tengo que confesar que las de esta familia siempre me han interesado menos, porque dan gases, huelen mal al cocerlas, y el sabor tampoco es que sea sensacional. ¿Comes coliflor? ¿Comes brócoli? Sí, claro, pero casi más por obligación que por gusto.

Así era hasta que probé esta receta de El Comidista, en la que la coliflor no va cocida, sino asada. De esta manera da menos gases, no huele mal, y además queda con una textura un poco crujiente muy agradable. La marinada de especias le da un sabor intenso riquísimo, y la naranja combina muy bien. Vamos, que ahora ya no como la coliflor por recomendación, sino porque de verdad me apetece.

Una receta rica en vitaminas, baja en grasas, fácil y rápida. Muy apropiada para estudiantes sin tiempo para cocinar.



Ingredientes (para dos personas):
  • una coliflor pequeña
  • 4 zanahorias
  • muchos dientes de ajo, todos los que te apetezcan, como mínimo uno
  • 1 naranja
  • 1 limón
  • 1 cucharadita de azúcar moreno
  • 1 punta de pimentón
  • 1 punta de comino molido
  • 1 cucharadita de vinagre de módena
  • un par de cucharadas de aceite de oliva (virgen extra, claro)
  • sal y pimienta



Preparación:
  1. Poner a hervir una olla con agua
  2. Precalentar el horno a 200 ºC (arriba y abajo)
  3. Pelar las zanahorias y cortarlas en bastones gruesos. Ponerlas a cocer en el agua durante unos 7 minutos (queremos que se ablanden un poco, pero sin cocerse del todo).
  4. Lavar la coliflor; quitar el tronco y poner las flores a cocer con las zanahorias durante un par de minutos. Después de eso, sacar las verduras a un escurridor.
  5. Partir la naranja y el limón por la mitad; reservar una mitad de cada uno, y de la otra mitad exprimir el zumo.
  6. En un cuenco pequeño poner un par de cucharadas de aceite junto con el vinagre, el azúcar, el comino, el pimentón, un poco de sal y un diente de ajo pelado y machacado. Añadir un par de cucharadas del zumo de naranja y limón y mezclarlo todo bien.
  7. En una fuente para horno distribuir la coliflor y las zanahoras. Pelar los ajos dándoles un golpe seco con el mango del cuchillo, para que se rompan, y distribuirlos por la fuente. Pintar las verduras con la marinada anterior.
  8. Poner en la fuente también el medio limón y la media naranja que habíamos reservado.
  9. Asar en el horno durante una media hora, hasta que la coliflor y las zanahorias estén tiernas y doradas (pincharlas con un tenedor para comprobar el punto de cocción).
  10. Sacar las verduras y aliñarlas con un poco de sal, pimienta, el zumo de naranja y limón que nos había sobrado, el zumo de la naranja y el limón que hemos asado, y un poquito más de aceite.
  11. Tomar templado, y al sol, si es posible.

Para otra manera estupenda de tomar crucíferas, ver la receta de sopa de brócoli.

miércoles, 11 de julio de 2012

Bajoques farcides (arroz cocido dentro de un pimiento)


Una de las ventajas del verano berlinés es que no me da pereza encender el horno. A decir verdad, en Sevilla también lo encendía en verano, aunque eso significara ponerme a sudar como un pollo. Me gusta el horno, creo que es mi forma preferida de cocinar, aunque siempre (¡siempre!) me queme, y aunque me entre mala conciencia pensando en la factura de la electricidad que me va a llegar a final de año.

Encontré esta receta en lo de Blog Appétit, y me sonó a plato cien por cien tradicional, cocina mediterránea de la buena, así que no esperé mucho para probarla. Y se ha convertido en un greatest hit en casa. En primer lugar, por el sabor: el arroz se cuence en el horno, absorbiendo el jugo del pimiento, y esto sumado al azafrán le da un sabor exquisito. Además los pimientos se preparan en un momento, y luego se meten al horno y se dejan cocinar ahí mientras tú te dedicas a otras cositas. Y por si fuera poco, me parece una receta bastante equilibrada desde el punto de vista nutricional: verduras, hidratos de carbono, un poco de proteína, y muy poca grasa.

Por otra parte, el arroz queda tan rico que creo que se puede obviar la carne, sin más, y convertirlo en un plato vegetariano. En las dos versiones (vegetariana o carnívora) es una receta apta para celíacos.


También he visto en algunos blogs que se puede quemar la piel del pimiento crudo con un soplete o con el fuego de la cocina (si tenéis cocina de gas) para retirarla antes de asarlo. Creo que puede ser una buena idea si disponéis del instrumental necesario. Yo no lo tengo, y no lo he hecho nunca. Nosotros quitamos la piel a medida que vamos comiendo el pimiento. Pero tampoco seguimos grandes protocolos  en la mesa, la verdad...

El único defecto que podría ponerle a esta receta es que necesita mucho tiempo de horno. Cuando aso estos pimientos sólo para dos personas acabo con cierto cargo de conciencia por el gasto energético que conlleva. Pero la solución es fácil: invitar a los amigos a cenar y hacer muchos pimientos para compensar. Además, seguro que los invitados se van a quedar boquiabiertos.


Ingredientes (para dos personas con mucha hambre):

  • 4 pimientos grandes de asar (yo he usado rojos y amarillos)
  • 1 cebolla grande
  • 2 dientes de ajo
  • 200 g tomate triturado
  • 140 g arroz redondo (en Alemania yo uso el que venden como Milchreis)
  • 300 g de carne picada (mezcla cerdo y ternera)
  • azafrán (yo he usado en hebras, dos pizcas generosas)
  • sal
  • aceite


Cómo preparar estos bajoques farcides:

Ponemos el horno a precalentarse a 200 ºC.

Picar la cebolla y el ajo bien finitos y sofreírlos en una sartén con un poquito (un par de cucharadas) de aceite.

Añadimos la carne picada, separándola bien con la espátula para que se fría en trocitos muy pequeñitos.  Sazonamos con la sal.

Agregamos ahora el arroz y el azafrán, y removemos. Incorporamos por último el tomate triturado, lo mezclamos todo bien y apagamos el fuego.

Lavamos bien los pimientos. Hacemos un corte alrededor del tallo, de manera que tengamos un orificio por el que rellenar el pimiento, y que el tallo nos sirva como tapadera. Sacudimos el pimiento para sacar las semillas, enjuagamos bajo el grifo y escurrimos bien el agua que haya podido quedar dentro.

Repartimos la mezcla de carne y arroz entre los pimientos, sin llenar los pimientos del todo, porque el arroz al cocerse aumentará de volumen y se puede salir. Tapamos con los tallos y disponemos en una bandeja apta para horno.


Horneamos a 200 ºC, con las resistencias de arriba y de abajo, durante aproximadamente una hora, hasta que el arroz esté tierno (podéis sacar un poquito de uno de los pimientos para comprobarlo). Durante este tiempo, vamos girando los pimientos sobre sí mismos, para que se asen igual por todos lados. Una vez que el arroz está cocido, sacar los pimientos del horno y servir.


martes, 3 de julio de 2012

Pizza 1.0


Me encanta la pizza. Pero la buena. Aquí en Berlín tengo suerte en ese sentido, porque hay muchos italianos haciendo pizzas en restaurantes, y según mis amigos italianos la calidad es más que decente. Entre mis pizzerías favoritas están las anarquistas: I due forni (Mitte), Il casolare (Kreuzberg) e Il ritrovo (Friedrichschain), las tres de cucina casalinga popolare, con un ambiente caótico, camareros con muchos piercings y tatuajes, y paredes llenas de posters de grupos punk y mensajes anarquistas. Pero no me gustan sólo por el ambiente: las pizzas están buenísimas, y los platos del día también merece la pena probarlos.

Mi otra pizzería favorita en Berlín es el Ristorante Masaniello, donde preparan la pizza napolitana con certificado de especialidad tradicional garantizada. O sea, que los ingredientes, la masa y el tipo de horno son como deben ser.

Mi pizza nunca será tan rica ni tan auténtica, entre otras cosas porque tengo un horno ganz normal y no tengo ni piedra refractaria, ni bandejas especiales, ni sitio donde guardarlas si las comprara. Pero eso no quiere decir que no intente hacer una masa decente, de las que no sirven como mero soporte para el resto de ingredientes, sino que uno se la come con gusto, y no quedan ningún borde en el plato. Y para este tipo de recetas mi referencia es, sin dudarlo, Monica Bedana. En concreto he partido de una de sus recetas favoritas, lo cual me daba ventaja a la hora de que mi primera prueba saliera bien. Seguramente habré cometido algún error de novata, pero a pesar de eso el resultado fue una masa finita, crujiente por abajo, esponjosa por arriba, y riquísima. Así que os animo a iniciaros en el mundo de las masas de pizza de verdad, porque cada intento tiene recompensa.



Cómo preparar esta masa de pizza:

Con estas cantidades he hecho dos pizzas del tamaño de la bandeja del horno.

La noche anterior al día en que queremos comer la pizza haremos un poolish o prefermento con:

  • 150 g de harina de fuerza (tipo 550)
  • 1 cucharadita de miel
  • 3 g de levadura seca (pero Hefe, no Backpulver)
  • 280 g de agua templada

Lo mezclamos todo muy bien en un cuenco, lo tapamos con film transparente y lo dejamos toda la noche a temperatura ambiente. El mío tenía este aspecto:


Por la mañana veréis que la levadura se ha activado, que hay muchas burbujitas en la masa, y que ya huele a pan:



Hacemos ahora la masa de la pizza, con:

  • el prefermento
  • 480 g de harina de trigo común (tipo 405)
  • 30 g de harina de arroz
  • 30 g de harina fina de maíz
  • 10 g de sal fina
  • 140 g de agua templada
Mezclamos todo muy bien hasta que quede una masa consistente y hacemos una bola. La cantidad de agua depende del tipo de harina: yo puse bastante menos que en la receta original, y aun así me pasé un poco, y necesité añadir una cucharada más de harina para poder trabajar la masa y darle forma. Os recomiendo (y me recomiendo a mí misma para la próxima vez) añadir el agua poco a poco y observar cómo va evolucionando la mezcla, para no pasaros.

Engrasamos un cuenco con aceite de oliva, poniendo un par de gotas y extendiéndolas con un papel de cocina. Ponemos ahí la bola de masa y con ayuda de un cuchillo le hacemos un corte bastante profundo en forma de cruz. Volvemos a cubrir con film transparente, cerrando bien para que no entre el aire, y dejamos leudar el resto del día. Yo también lo he cubierto con dos paños de cocina, para que no le diera la luz. Así estaba mi masa antes del leudado:



y así estaba después de leudar todo el día, ¡había subido muchísimo!


Por la noche, calentamos el horno a máxima temperatura, con las resistencias de arriba y abajo.

Dividimos la masa en dos porciones iguales. Espolvoreamos una superficie con semolina de trigo (Weichweizen Grieß) y usando un rodillo de madera estiramos la masa hasta que quede finita. Mi masa estaba muy pegajosa después del leudado, así que he usado bastante semolina (unos 100 g en total) y también he ido untando el rodillo con harina.

Con ayuda del rodillo y mucho cuidado, pasar la masa estirada a la bandeja de horno. Yo había cubierto la bandeja con un papel de hornear (Monica desaconseja usar papel, pero en el calor de los invitados y del vino, no se me ocurrió mejor estrategia para poder hornear dos pizzas teniendo sólo una bandeja). Pinchamos la masa con un tenedor, la pintamos con un poco de aceite, y ya ponemos la salsa y el resto de ingredientes. Horneamos durante unos 10 minutos, hasta que la masa esté cocida.


Mirad el borde de la masa, con los granitos de semolina, que quedan crujientitos y ¡tan ricos!

Mis ingredientes para estas pizzas:

Previamente por la tarde había preparado una salsa de tomate con:
  • 500 g de tomate triturado
  • 2 dientes de ajo picados muy finitos
  • 2 cucharadas de aceite
  • 1 cucharadita de azúcar
  • 2 cucharadas de agua
  • sal, mucho orégano y un poco de tomillo
friendo primero un poco los ajos en el aceite y añadiendo en seguida el tomate triturado y el resto de ingredientes, removiendo bien, y dejándolo a fuego lento y tapado durante al menos media hora, hasta que la salsa ha reducido y ha quedado bastante concentrada.


En una de las pizzas he puesto berenjena asada (la he asado por la noche, cuando el horno estaba caliente, cortada en rodajas y sobre un papel de horno, en unos 10 minutos) y queso mozzarella cortado en trozos. En la otra he puesto varios quesos (mozzarella, azul, gouda joven y rulo de cabra).