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martes, 25 de agosto de 2015

Coliflor salteada con pasas y anchoas



O uno de los greatest hits del verano 2015 en mi cocina.

En la línea de mi post anterior, llevo un tiempo experimentando con la coliflor, segura de que ofrece muchas posibilidades más allá de tomarla hipercocida, como se suele hacer en España. Después de varias pruebas y de recurrir a La Enciclopedia de los Sabores (regalazo que me hizo mi hermana, por cierto) como fuente de inspiración, he aquí otra receta que doy por terminada.

Fácil, rápida, sana, y riquísima.

Los que declaráis que no os gusta la coliflor: dadle una oportunidad a esta versión. Si habéis crecido en España, probablemente esta receta no se parece en nada a lo que habéis conocido anteriormente.

Nosotros la tomamos como plato único, aunque puede servir de acompañamiento, o de entrante.

Está rica templada, pero más sabrosa fría. Esto hace que resulte perfecta para llevarla a la oficina en un táper.


De nada.


Preparación (las cantidades de cada ingrediente son orientativas y se pueden adaptar al gusto):

  1. Cortar una coliflor en ramitos pequeños y lavarlos bien.
  2. Poner a calentar una olla grande con abundante agua. Cuando esté hirviendo, verter la coliflor y unos 80 g de pasas. Dejar cocer durante unos 3 minutos, lo justo para que la coliflor empiece a perder su tersura. Si notáis que empieza a oler, os estáis pasando de cocción. Sacarlo todo a un colador y reservar.
  3. En una sartén grande poner aceite en el fondo y dorar en él 5 ó 6 dientes de ajo, que habremos pelado, cortado en trozos grosos y aplastado poniendo encima la hoja plana del cuchillo y dando un golpe seco con la mano.
  4. En cuanto los ajos empiecen a tomar color, añadir la coliflor y las pasas, más unos 80 g de anacardos, y remover bien.
  5. Saltear al fuego medio, removiendo de vez en cuando, hasta que la coliflor se dore.
  6. Añadir a la sartén una cucharadita de azúcar moreno y el zumo de un limón. Remover y dejar que el líquido se consuma. Apagar el fuego.
  7. Repartir por encima unas 8 anchoas cortadas en trocitos. Mezclar todo bien y reservar hasta que se vaya a comer.

domingo, 23 de agosto de 2015

Tarta suave de queso con base salada de chocolate y cobertura de limón



Yo que no tengo una pastelería, ni tampoco un metabolismo que me permita comerme una tarta entera cada fin de semana, aprovecho las reuniones sociales para ir probando pequeñas variaciones sobre mis recetas de siempre. Porque, aunque muy golosa, soy muy exigente, y con la edad sólo voy empeorando en este sentido.

Para mí un postre realmente bueno es aquel que no resulta excesivamente dulce, ni pesado. Que no empalaga ni empacha. Y aunque se componga de varias partes, estas deben combinar formando un todo, una unidad. No me impresionan estos postres modernos de restaurante pijo donde te sirven una mini-porción de pastel, junto a una espuma de pitirrín y un crocante de purrufuá.

También me sorprendo a mí misma torciendo el gesto cuando voy a merendar a la pastelería de moda para descubrir que esa tarta de varios niveles y cobertura que tanto se mete por los ojos se basa en un bizcocho bastante seco y una crema a base de mantequilla. Cuando tragas una cucharada se puede oír un nítido "plonc!" en el estómago.

Ni hablemos de esos postres bañados en sirope comercial y chantillí de espray. Qué asco.

En resumidas cuentas, si uno se mete una ración hipercalórica entre pecho y espalda, tiene que merecer mucho la pena. Ponerse gordo sólo está permitido a base de cosas realmente buenas.

Siguiendo esta filosofía, y porque además de puñetera soy de naturaleza perfeccionista, reviso periódicamente mis recetas de siempre para probar puntos de mejora.

Y hoy anuncio con orgullo y satisfacción que he terminado mi receta de tarta de queso. Me doy por satisfecha. Esta versión la bordaré a punto de cruz y la colgaré en la pared de la cocina.



La receta base es la misma que ya publiqué, con los siguientes cambios:

  1. Hice el doble de cantidad, porque quería una tarta grande.
  2. En la masa puse limón esta vez, y no lima, porque la iba a cubrir con crema de limón.
  3. La base la preparé con 200 g de galletas integrales y 100 g de chocolate negro sin azúcar (80% de cacao): derretí el chocolate a fuego lento con un par de cucharadas de leche y lo mezclé con las galletas molidas y un poco de sal.
  4. Al preparar la mezcla para la tarta, separé las claras de las yemas. Preparé primero la mezcla con el resto de ingredientes y las yemas de los huevos. Batí las claras aparte, a punto de nieve fuerte, y las incorporé luego sobre la mezcla con cuidado y unas varillas de mano.
  5. Una vez fría, cubrí la tarta con crema de limón.


El resultado fue espectacular. La base de chocolate un poco salada contrasta con el dulce de la tarta. La crema de limón da un punto dulce-ácido-adictivo que complementa muy bien los otros sabores. Y al montar las claras aparte, la tarta queda con una textura inreíblemente suave, una delicia.

Para la próxima, esta tarta me la quedo en casa.

sábado, 16 de mayo de 2015

Crema de limón (Lemon Curd)


Un bote de crema de limón iluminando este día de oscuridad profunda en la tierra de las nubes eternas

A estas alturas ya sabréis que soy una gran amante de los cítricos. Naranjas, mandarinas, pero sobre todo limón y lima, se cuentan entre mis sabores y aromas favoritos. Partiendo de esa base, esta crema de limón es para mí una gran debilidad, una tentación irresistible, me hace considerarme una auténtica citroadicta.

La receta la vi en lo de Biscayenne. Durante mucho tiempo quería prepararla, pero no sabía qué hacer con ella después. Mi consejo ahora es: preparadla sólo si tenéis un plan bien definido. Podéis usarla para rellenar un bizcocho o unos cupcakes, sobre una tarta de queso, como relleno de una masa quebrada que cubráis luego con merengue tostado, para mezclarla con yogur, para untar el pan. Pero si os limitáis a prepararla, meterla en un bote y ya decidiré después para qué la uso, acabaréis comiéndoosla a cucharadas. El que avisa no es traidor.


La preparación de esta crema no tiene más complicación que controlar el baño maría para que la crema no llegue a hervir. Si tenéis un cacharro especial para fundir al baño maría, ni eso. Yo no tengo, y lo que hago es poner una cacerola grande bastante llena de agua a calentar, y un cazo encima, de manera que el cazo queda sumergido en el agua sólo en parte. Cuando el agua empieza a hervir, bajo el fuego para que las burbujas no sean muy grandes, ya que estas desestabilizan el cazo y además aumentan el riesgo de que caiga agua sobre la crema de limón. Y chinpún, no hay más dificultad.



Ingredientes (para rellenar un bote de mermelada grande):
  • 220 g de azúcar
  • 100 g de mantequilla sin sal
  • el zumo de 3 limones (unos 150 g de zumo)
  • la ralladura de los limones
  • 3 huevos batidos

Preparación:
  1. Preparar el baño maría y calentar el agua hasta que empiece a hervir.
  2. Poner en el cazo el azúcar, la mantequilla, la ralladura y el zumo de limón, y dejar que se caliente hasta que se derrita la mantequilla. Podemos ayudar removiendo con unas varillas para que se mezcle todo bien.
  3. Añadir entonces los huevos batidos, pasádolos por un colador. De esta manera evitaremos grumos.
  4. Seguir cociendo al baño maría hasta que la masa espese, removiendo con las varillas para que vaya espesando de manera homogénea. Este paso puede tardar entre 15 y 20 minutos.
  5. Guardar en un bote y reservar. Usar una vez esté fría.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Pollo con ciruelas


A mi familia la echo de menos siempre. Pero hay algunos días, como hoy, en que se me hace más duro que de costumbre no poder coger el coche o el tren y presentarme para preparar la comida con mi madre. Porque sin duda ésa es nuestra zona común: la cocina. Tenemos un pequeño ritual: Primero planificamos qué vamos a preparar, a veces el día anterior, pero a menudo durante el desayuno. Luego vamos a la compra, normalmente a varias tiendas diferentes, porque en este súper la pescadería es muy buena, pero la carne es mejor en otro, y las verduras se compran en la frutería de la esquina. Después, en casa, guardamos la compra, sacamos un vasito de vino sherry del barril, cortamos una tapita de queso, y nos ponemos a cocinar, repartiéndonos los platos pero pisándonos también, y hablando de mil y una cosas a la vez.

Nunca he cocinado pollo con ciruelas con mi madre. En parte porque es un plato persa, que no suele ser lo habitual en nuestra cocina, en parte porque la receta la encontré por casualidad estando ya en Berlín.

Había leído sobre el pollo con ciruelas en la novela gráfica de Marjane Satrapi:

Pollo con ciruelas. Marjane Satrapi, Public Square Books (2006)

Desde entonces, aun sin haberlo probado nunca, tengo asociado este plato con una atmósfera de calma melancolía, de introspección, de rememoración. Y cuando encontré la versión de Joumana Accad, aunque no es exactamente la misma que en el cómic (ésta lleva naranja en vez de tomate) descubrí que realmente es una receta que se adapta perfectamente a ese estado de ánimo: es sencilla, pero requiere mucho tiempo (entre dos y tres horas en total).

Me he metido en la cocina a preparar este pollo con ciruelas, a modo de terapia, despacito, y sin vaso de sherry, pero pensando mucho en mi madre.



Ingredientes (para 6 raciones):

  • En torno a 2 kg de pollo. Hoy he usado cuartos traseros, pero otras veces uso pechuga.
  • 1 cebolla grande (en torno a unos 200 g)
  • 500 g de zanahorias
  • 32 ciruelas pasas
  • El zumo de 2 naranjas (un vaso)
  • 4 cucharadas de azúcar moreno o miel
  • 1 cucharadita de azafrán en hebras
  • 2 vasos y medio de agua, o de caldo de pollo o de verduras
  • aceite 
  • harina (para celíacos, usar harina fina de maíz)
  • sal y pimienta


Preparación:
  1. Quitar la piel y la grasa del pollo. Separar los muslos de los contramuslos. Enjuagar los trozos bajo el grifo, limpiándolos bien, y retirar el exceso de agua con papel de cocina.
  2. Salpimentar el pollo y pasarlo por harina.
  3. En una sartén, calentar un poquito de aceite y dorar en ella el pollo a fuego medio. Sacar la carne y pasarla a una olla.
  4. Poner medio vaso de agua en la sartén, todavía caliente, y raspar con la espátula los restos de harina que hayan quedado de freír el pollo. Poner ese agua en la olla con la carne.
  5. Volver a poner un poco de aceite en la sartén, y sofreír en ella la cebolla, a fuego lento, para que se ponga transparente pero no se dore.
  6. Añadir a la sartén las zanahorias, cortadas en rodajas finitas, y el azúcar moreno. Remover con la espátula y poner a fuego medio, para que la zanahoria se ablande un poco y se caramelice un poco (unos 15 minutos en total). Retirar la sartén del fuego y poner las verduras en la olla con la carne.
  7. Machacar un poco el azafrán y ponerlo en un cuenco pequeño con un par de cucharadas de agua caliente. Remover y dejarlo unos minutos.
  8. Añadir el agua o el caldo a la olla con el pollo. Poner también el azafrán. Cocer a fuego medio-lento durante unos 20 minutos.
  9. Añadir el zumo de naranja y las ciruelas. Remover y volver a cocer durante al menos media hora, siempre a fuego lento.

Este plato está más rico al día siguiente de prepararlo, y se sirve acompañado de arroz al estilo persa.

(Las fotos son horrorosas, lo sé, pero me van ustedes a perdonar porque está muy oscuro en Berlín y yo soy sólo una pobre estudiante de MBA que no tiene medios ni tiempo para hacer una foto mejor en estas circunstancias. Moito obrigado.)

lunes, 29 de octubre de 2012

Coliflor asada a la naranja


Dicen Ferrán Adriá y Valentín Fuster en su libro La cocina de la salud que las crucíferas (col, coliflor, brócoli, coles de bruselas...) son tan saludables que es recomendable tomarlas una o dos veces por semana. A mí me gustan todas las verduras en general, pero tengo que confesar que las de esta familia siempre me han interesado menos, porque dan gases, huelen mal al cocerlas, y el sabor tampoco es que sea sensacional. ¿Comes coliflor? ¿Comes brócoli? Sí, claro, pero casi más por obligación que por gusto.

Así era hasta que probé esta receta de El Comidista, en la que la coliflor no va cocida, sino asada. De esta manera da menos gases, no huele mal, y además queda con una textura un poco crujiente muy agradable. La marinada de especias le da un sabor intenso riquísimo, y la naranja combina muy bien. Vamos, que ahora ya no como la coliflor por recomendación, sino porque de verdad me apetece.

Una receta rica en vitaminas, baja en grasas, fácil y rápida. Muy apropiada para estudiantes sin tiempo para cocinar.



Ingredientes (para dos personas):
  • una coliflor pequeña
  • 4 zanahorias
  • muchos dientes de ajo, todos los que te apetezcan, como mínimo uno
  • 1 naranja
  • 1 limón
  • 1 cucharadita de azúcar moreno
  • 1 punta de pimentón
  • 1 punta de comino molido
  • 1 cucharadita de vinagre de módena
  • un par de cucharadas de aceite de oliva (virgen extra, claro)
  • sal y pimienta



Preparación:
  1. Poner a hervir una olla con agua
  2. Precalentar el horno a 200 ºC (arriba y abajo)
  3. Pelar las zanahorias y cortarlas en bastones gruesos. Ponerlas a cocer en el agua durante unos 7 minutos (queremos que se ablanden un poco, pero sin cocerse del todo).
  4. Lavar la coliflor; quitar el tronco y poner las flores a cocer con las zanahorias durante un par de minutos. Después de eso, sacar las verduras a un escurridor.
  5. Partir la naranja y el limón por la mitad; reservar una mitad de cada uno, y de la otra mitad exprimir el zumo.
  6. En un cuenco pequeño poner un par de cucharadas de aceite junto con el vinagre, el azúcar, el comino, el pimentón, un poco de sal y un diente de ajo pelado y machacado. Añadir un par de cucharadas del zumo de naranja y limón y mezclarlo todo bien.
  7. En una fuente para horno distribuir la coliflor y las zanahoras. Pelar los ajos dándoles un golpe seco con el mango del cuchillo, para que se rompan, y distribuirlos por la fuente. Pintar las verduras con la marinada anterior.
  8. Poner en la fuente también el medio limón y la media naranja que habíamos reservado.
  9. Asar en el horno durante una media hora, hasta que la coliflor y las zanahorias estén tiernas y doradas (pincharlas con un tenedor para comprobar el punto de cocción).
  10. Sacar las verduras y aliñarlas con un poco de sal, pimienta, el zumo de naranja y limón que nos había sobrado, el zumo de la naranja y el limón que hemos asado, y un poquito más de aceite.
  11. Tomar templado, y al sol, si es posible.

Para otra manera estupenda de tomar crucíferas, ver la receta de sopa de brócoli.

martes, 18 de septiembre de 2012

Guiso de cerdo con naranja


Se termina el verano, empieza el otoño y las mandarinas volvemos al cole. Sí, en esta vuelta de tuerca que le estoy dando a mi vida profesional vuelvo a ser estudiante por unos meses. Así que toca practicar una serie de recetas que sean fáciles y rápidas de preparar, porque no voy a tener mucho tiempo libre, (pero preveo que sí voy a tener mucha hambre) y que también sean variadas, porque si no me voy a aburrir. Y si me aburro, la cocina pasa de ser afición a obligación y entonces no la disfruto tanto.

Por suerte hay una larga lista de platos que cumplen con estos requisitos y además están muy ricos. Hoy os traigo una receta un poco experimental que he montado a base de mirar aquí y allí por internet y de meter la nariz en mis botes de especias. ¡Espero que os guste!

Ingredientes:
  • 500 g de carne de cerdo para guiso (yo tenía del jamón)
  • 1/2 cebolla grande, picada
  • 2 naranjas: rallamos la piel y luego de una naranja exprimimos el zumo y la otra la pelamos bien y la cortamos en trocitos
  • 1 cucharada de harina fina de maíz
  • 40 mL de vino blanco seco
  • aceite, sal, azafrán, cardamomo, miel

Preparación:
  • Salar la carne y dorarla en una sartén con un poquito de aceite. Sacar la carne de la sartén y reservarla.
  • En la sartén, con el fuego apagado, poner la harina de maíz y remover bien. Añadir el vino y el zumo de naranja y mezclar todo hasta que no tenga grumos. Reservar.
  • En la olla ponemos un poco de aceite y sofreímos la cebolla hasta que esté transparente.
  • Añadimos a la olla la carne, los trocitos de naranja, la ralladura, y la mezcla de vino y zumo de naranja. 
  • Disolvemos unas hebras de azafrán en unos 200 mL de agua y lo ponemos también en la olla.
  • Tomamos unas vainas de cardamomo (yo he usado 3) y las abrimos dándoles un golpe seco con el mango de un cuchillo, por ejemplo. Las añadimos a la olla. Removemos todo con una cuchara.
  • Cocemos hasta que la carne esté tierna. En mi olla rápida he contado 35 minutos desde que ha subido la válvula (nivel de presión II).
  • Cuando abrimos la olla, todavía en caliente, añadimos una cucharada de miel y removemos para que se disuelva bien.
  • Esta carne queda particularmente bien sobre un arroz al estilo persa.

viernes, 20 de julio de 2012

Embotellando el verano


El verano berlinés está a puntito de acabarse. Al menos lo que yo entiendo por verano: temperaturas por encima de los 20 ºC, excursiones en bici al lago, y fresas, frambuesas, grosellas, arándanos de producción local en su mejor momento. Dentro de unos meses las horas de luz serán muy escasas y las temperaturas nos helarán los huesos. Cuando llegue el invierno, el recuerdo de las tardes veraniegas será una utopía inalcanzable. ¿Y si se pudiera guardar un poquito de verano, para liberarlo en los días más fríos? Ah, sería bonito, ¿verdad?

En estos pensamientos me enredaba yo cuando se me ocurrió una solución aproximada y alcohólica: un licor de fresas. De estas fresas alemanas que contienen todo el sabor del verano, maceradas en un vodka que enfriaré en la ventana cuando estemos bien por debajo de los cero grados. Meter el verano en una botella y conservarlo hasta el invierno.

Y aquí está el experimento. Mi versión modificada de la receta de fragolino del libro Liquorini e grappette (Edizioni del Baldo). Ya os contaré qué tal quedó en las próximas navidades.

Licor de vodka con fresas. Día 0.

Ingredientes:

  • 1 botella (0.7 L) de vodka
  • 500 g de fresas (las más rojas y pequeñas que encontréis)
  • 100 g de azúcar
  • 1 limón

Preparación:

Lavar bien el limón y sacar la piel a tiras con un pelapatatas, cuidando de evitar la parte blanca.

Exprimir el zumo del limón y ponerlo en un cuenco con un poco de agua. Lavar ahí las fresas rápidamente, una a una y con cuidado de no dañarlas. Quitarles las hojitas y dejarlas escurrir sobre un paño de cocina.

Verter el vodka en un bote de cristal con cierre hermético. Añadir el azúcar, cerrar bien y agitar hasta que el azúcar se disuelva. Incorporar entonces la piel del limón y las fresas, volver a cerrar, y agitar para mezclarlo todo.

Guardar el bote en un lugar oscuro durante un mes, agitando de cuando en cuando. Pasado este mes, filtrar el licor y guardarlo en una botella. Esperar un par de meses antes de tomarlo.

Una semana después, el vodka ha absorbido
el pigmento rojo de las fresas. ¡Esto promete!



Variante: Si en vez de vodka usáis ginebra, imaginad la categoría de los gin-tonics que os podréis preparar estas Navidades.

viernes, 1 de junio de 2012

Apuntes sobre Soundgarden, y el postre tonto de fresas y frambuesas


Anoche llovía. Llovió durante todo el concierto, tanto como nunca llueve aquí en Berlín, tanto que mi chubasquero, toda mi ropa y las cosas de mis bolsillos acabaron completamente mojadas. Chris Cornell saludó con una sonrisa y un What a beautiful day, it feels like home.

Al técnico de sonido lo podría haber colgado de un árbol por los pies. Unas veces sólo se oía el bajo, otras veces no se oía la voz o la guitarra. Un desastre.

Soundgarden se han convertido en cuatro señores mayores. Y es que todos superan ya los 50 años. Chris Cornell y Matt Cameron no lo aparentan, al menos desde donde está el público, pero la barba y la coleta de Kim Thayil se han vuelto grises, y la mirada de Ben Shepherd es curiosamente calma, tranquila.

Se encienden las luces, los abuelos cogen los instrumentos y parten el escenario en dos. La voz de Chris Cornell ha perdido brillo y potencia (ya los perdió tras el Badmotorfinger). Pero la ventaja de tener una banda en la que todos los miembros son buenos es que no importa lo más mínimo si uno no está al cien por cien. Arrasaron.

Éxtasis musical de más de hora y media. Y ellos disfrutaron tanto o más que yo (que nosotros, que el público). Soberanos de sus instrumentos por separado, geniales juntos. ¿Por qué ya no hay grupos así? Cómo mola el grunge.


Al llegar a casa, una ducha caliente y una tontería de fresas y frambuesas antes de dormir.




Ingredientes (para 6 vasitos):

  • 140 g de agua templada
  • 8 g de gelatina
  • 300 g de yogur natural sin azúcar
  • 80 g de azúcar
  • 130 g de fresas
  • 125 g de frambuesas
  • el zumo de media lima
  • 200 mL de nata
Cómo preparar este postre tonto de fresas y frambuesas:

Sumergir las hojas de gelatina en el agua templada y disolverlas. Poner una cucharada de gelatina disuelta en el fondo de cada vasito y meterlos en el frigorífico.

Batir el yogur con el azúcar, la nata, las fresas y el zumo de lima. Incorporar la gelatina disuelta y mezclar con una cuchara.

Montar la nata y añadirla al resto, mezclándolo todo suavemente con una cuchara.

Poner unas cuantas frambuesas en el fondo de cada vasito y poner encima con cuidado un par de cucharadas de la mezcla de yogur y nata. Volver a poner un par de frambuesas y un par de cucharadas de mezcla, hasta terminar los dos. Guardar en el frigorífico varias horas, hasta que la gelatina haya cuajado.

Para desmoldar más fácilmente, sumergir los vasitos unos segundos en agua caliente (menos que yo, que se me ha derretido un poco el fondo).

viernes, 16 de marzo de 2012

Tarta con fresas

Hoy Berlín nos regala un anticipo de primavera: ¡18 ºC de máxima y un sol radiante! Esto hay que celebrarlo. He preparado una pequeña tarta con crema pastelera al limón y fresas, muy sencilla, ligera, y con un sabor muy primaveral. Y creo que me la voy a llevar al canal. ¡Feliz viernes a todos!



Cómo preparar esta tarta con fresas:

1- Preparamos media ración de masa flora:
  • 125 g harina de trigo (tipo 405)
  • 25 g de harina fina de maíz
  • 75 g mantequilla sin sal, fría, cortada en daditos
  • 75 g azúcar glas
  • media cucharadita de levadura química
  • una pizca de sal
  • 1/2 huevo
Sí, habéis leído bien: medio huevo. Lo que he hecho es batir el huevo y repartirlo en dos cuencos. Uno lo he usado para la masa, y el otro lo he tapado y lo he guardado en el frigorífico, para pintar la masa después antes de meterla al horno.

Mezclar los ingredientes secos con la mantequilla. Añadir el medio huevo al final. Mezclarlo todo bien, tapar y reservar en el frigorífico durante una hora.

2- Hacemos una pequeña cantidad de crema pastelera al limón:
  • 160 mL leche
  • 60 g azúcar
  • 2 yemas de huevo
  • 15 g harina
  • Ralladura de 1 limón
Mezclamos el azúcar con la harina y las yemas de huevo. Mientras tanto, calentamos la leche con la ralladura de limón hasta que esté a punto de hervir. Incorporamos la leche sobre los otros ingredientes, batimos bien, y llevamos a fuego lento, removiendo, hasta que espese. Reservamos.

3- Lavamos unos 300 g de fresas, les quitamos la parte superior y las cortamos por la mitad. Reservamos.

4- Repartimos la masa en la base de un molde y la pinchamos con un tenedor. Disponemos sobre ella la crema pastelera y repartimos luego las fresas por encima.

5- Horneamos a 180 ºC, sólo con la resistencia de abajo, durante unos 40 minutos.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Cantuccini con naranja confitada

Como ya os he contado, el sábado hice merendola de cumpleaños, y además de la mejor tarta de chocolate del mundo, preparé unos cantuccini, que quedan muy bien para mojarlos en un poco de vino o de licor, y eso me daba el pretexto necesario para introducir un poco de alcohol en la merienda. Que mis amigos y yo somos muy golfos...

Los cinco cantuccini que sobraron. Los otros cuarenta sucumbieron
sin remedio a las masas devoradoras de dulces cumpleañeros.

Tomé como referencia la receta de Velocidad Cuchara, pero como no me gusta mucho el anís, lo cambié por amaretto, y junto a la almendra añadí un poco de naranja confitada. Ya sabéis que lo mío con los cítricos no tiene remedio. El resultado fue muy aromático, y no muy dulce.

No los había preparado nunca antes, pero son tan fáciles y tan rápidos, y quedan tan ricos, que me parece que los voy a poner en mi lista de recetas habituales. ¡Ah! Los italianos de la fiesta los comieron con gusto, y eso sólo puede ser una buena señal.

Ingredientes:
  • 350 g de harina
  • 250 g de azúcar
  • 1 pizca de sal
  • 10 g de levadura química (o un sobrecito de levadura)
  • 2 huevos
  • 1 yema de huevo
  • 20 g de licor Amaretto
  • 200 g de almendras crudas con piel, machacadas en trozos grandes
  • 100 g de naranja confitada
  • 1 cucharadita de canela molida

Cómo preparar estos cantuccini con naranja confitada:

Enciende el horno a 180 ºC para que se vaya precalentando.

En un bol, pon la harina, el azúcar, la sal, la levadura, los huevos, la yema de huevo y la canela, y mézclalo todo bien con las manos. Añade después el licor y sigue mezclando hasta que quede bastante homogéneo (es un proceso bastante rápido).

Por último, incorpora las almendras y la naranja, y vuelve a mezclar con las manos para que se distribuyan por toda la masa.

Forra la bandeja del horno con papel de hornear. Ve formando barritas de masa de unos 3 centímetros de ancho, y disponiéndolas en la bandeja, procurando que estén bien separadas, porque durante el horneado la masa se expande y se te pueden pegar unas con otras. Verás que la masa es bastante pegajosa. Para que hacer las barritas te resulte más fácil, engrásate las manos con un poco de aceite.

Hornea tus barritas de cantuccini durante 30 minutos a 180 ºC. Una vez que estén doradas, sácalas del horno y córtalas en rodajas de aproximadamente un dedo de grosor. Es importante cortarlas cuando aún están calientes, porque al enfriarse se endurecerán.

Deja que tus cantuccini se enfríen sobre una rejilla, y después consérvalos en un recipiente hermético.

sábado, 29 de octubre de 2011

Pavo en escabeche de naranja

Como mujer trabajadora que soy (de momento) entre semana suelo tener poco tiempo para cocinar. Llego del trabajo tarde, cansada y hambrienta, más aún cuando en este país se almuerza sobre las 12:30, y aunque meriende alguna fruta o galleta, a las ocho tengo tanta hambre que me comería a mi padre por los pies. Así que siempre se agradece tener algo ya preparado, que sólo haya que sacar de la nevera y servir.

En este sentido el escabeche de pavo es un gran apaño, porque está riquísimo, es ligero (y apropiado para una cena) y puedes preparar una gran cantidad y conservarlo en el frigorífico durante mucho tiempo. No me preguntéis cuánto tiempo es el máximo porque en casa nunca ha durado más de un par de semanas: en cuanto me despisto mi marío está picando del táper de pavo en escabeche. Eso es la prueba irrefutable de lo rico que está :) A veces lo tomamos en ensalada sobre algunas hojas de lechuga. Otras veces lo acompañamos de un arroz en blanco o puré de patatas.



Ingredientes:
  • 1 pechuga de pavo (ésta pesó un kilo)
  • 1 puerro
  • 1 cebolla
  • 2 dientes de ajo
  • 100 mL de vino blanco
  • la piel de dos naranjas
  • 1 hoja de laurel
  • 8 granos de pimienta negra
  • aceite de oliva
  • vinagre de manzana
  • sal

Cómo preparar este escabeche de pavo a la naranja:

Corta la pechuga en dos trozos, sálala y ponla en una cacerola que tenga más o menos el tamaño de la pechuga.

Corta la cebolla y el puerro en tiras gruesas. Pela los ajos pero déjalos enteros. Pon estas verduras en la cacerola con el pavo.

Añade a la cacerola el vino, la piel de naranja, el laurel y la pimienta.

Ve añadiendo aceite y vinagre en proporción 2:1, o sea, poniendo aproximadamente el doble de aceite que de vinagre. Pon aceite y vinagre hasta que la carne esté bien cubierta de la mezcla.

Tapa la cacerola y pon a cocer a fuego lento durante unos 30-40 minutos, hasta que el pavo esté tierno y perfectamente cocido. Después retíralo del fuego y déjalo enfriar.

Cuando esté frío, saca la carne escurriéndola, córtala en filetes y ve poniéndola en un táper. 

Retira la piel de naranja del escabeche. A continuación, saca las verduras y ponlas sobre la carne en el táper. Por último, cúbrelo todo con el líquido de cocción. Guarda el táper cerrado en la nevera y espera al menos 48 horas antes de consumir.

Cuando lo vayas a comer, saca el táper de la nevera un ratito antes si es posible, para que se atempere. Puedes poner en un plato una cama de hojas de alguna lechuga (en este caso usamos endivias), un par de filetes de carne y unas tiras de cebolla-puerro. Corrige de sal y aliña con un poco del propio escabeche. Ya verás qué rico. La piel de naranja le da un aroma delicioso.

La carne se conservará en buen estado siempre que esté bien cubierta por el escabeche, así que al guardar de nuevo el táper procura que no quede ningún trozo de filete por encima del líquido.

Cuando termines la carne puedes seguir usando el líquido sobrante para aliñar ensaladas o para aromatizar guisos.

Esta receta la vi en El Comidista y se ha convertido en una de mis habituales.

viernes, 12 de agosto de 2011

Pasta al limone

Pasta, pasta!

Me encanta la pasta, pero estoy cansada de preparar siempre la misma bolognese una y otra vez, y me niego a usar una de esas salsas envasadas que se compran en el supermercado. Así que he decidido ponerme a experimentar nuevas recetas. Para esta noche he elegido la pasta al limone porque nunca antes he probado nada así, pero también y sobre todo porque me encantan los cítricos. He seguido la receta de mi amiga Gata Vagabunda y he quedado muy contenta con el resultado. Es una receta muy simple y el resultado es sorprendente (al menos para mí lo fue). Así que os sugiero que la probéis alguna vez. Aquí va.



Qué necesitas para dos raciones:

  • 250 g de pasta larga como espaguetis, preferiblemente gorditos. Yo he usado bavette n. 13.
  • un poco de mantequilla
  • 2 dientes de ajo, pelados pero enteros
  • 2 limones grandes, los más frescos que encuentres
  • 200 mL nata
  • queso parmesano
  • sal y pimienta
  • albahaca

Cómo preparar esta Pasta al Limone:

Llena una olla con aga salada y ponla a hervir. Cuece ahí la pasta hasta que esté al dente (puedes orientarte con los tiempos que sugieren en el paquete).

Mientras se hace la pasta, preparemos la salsa. Primero, ralla los limones con un rallador fino. Cuida de no rallar la parte blanca, porque daría un sabor agrio. Reserva la ralladura.

En una sartén grande y a fuego lento derrite la mantequilla y fríe ahí los dientes de ajo. Una vez que el ajo esté dorado, retíralo y añade en su lugar la nata y la ralladura de limón, un poco de sal, y pimienta. Deja que se cocine lentamente hasta que la pasta esté lista.

Escurre la pasta, ponla en la sartén con la salsa y remueve para que se mezcle todo. Sírvelo y espolvorea con queso parmesano rallado y un par de hojitas de albahaca picaditas. ¡Ya está! No sólo sabe riquísimo, sino que además deja un olor delicioso en la cocina.