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domingo, 23 de agosto de 2015

Tarta suave de queso con base salada de chocolate y cobertura de limón



Yo que no tengo una pastelería, ni tampoco un metabolismo que me permita comerme una tarta entera cada fin de semana, aprovecho las reuniones sociales para ir probando pequeñas variaciones sobre mis recetas de siempre. Porque, aunque muy golosa, soy muy exigente, y con la edad sólo voy empeorando en este sentido.

Para mí un postre realmente bueno es aquel que no resulta excesivamente dulce, ni pesado. Que no empalaga ni empacha. Y aunque se componga de varias partes, estas deben combinar formando un todo, una unidad. No me impresionan estos postres modernos de restaurante pijo donde te sirven una mini-porción de pastel, junto a una espuma de pitirrín y un crocante de purrufuá.

También me sorprendo a mí misma torciendo el gesto cuando voy a merendar a la pastelería de moda para descubrir que esa tarta de varios niveles y cobertura que tanto se mete por los ojos se basa en un bizcocho bastante seco y una crema a base de mantequilla. Cuando tragas una cucharada se puede oír un nítido "plonc!" en el estómago.

Ni hablemos de esos postres bañados en sirope comercial y chantillí de espray. Qué asco.

En resumidas cuentas, si uno se mete una ración hipercalórica entre pecho y espalda, tiene que merecer mucho la pena. Ponerse gordo sólo está permitido a base de cosas realmente buenas.

Siguiendo esta filosofía, y porque además de puñetera soy de naturaleza perfeccionista, reviso periódicamente mis recetas de siempre para probar puntos de mejora.

Y hoy anuncio con orgullo y satisfacción que he terminado mi receta de tarta de queso. Me doy por satisfecha. Esta versión la bordaré a punto de cruz y la colgaré en la pared de la cocina.



La receta base es la misma que ya publiqué, con los siguientes cambios:

  1. Hice el doble de cantidad, porque quería una tarta grande.
  2. En la masa puse limón esta vez, y no lima, porque la iba a cubrir con crema de limón.
  3. La base la preparé con 200 g de galletas integrales y 100 g de chocolate negro sin azúcar (80% de cacao): derretí el chocolate a fuego lento con un par de cucharadas de leche y lo mezclé con las galletas molidas y un poco de sal.
  4. Al preparar la mezcla para la tarta, separé las claras de las yemas. Preparé primero la mezcla con el resto de ingredientes y las yemas de los huevos. Batí las claras aparte, a punto de nieve fuerte, y las incorporé luego sobre la mezcla con cuidado y unas varillas de mano.
  5. Una vez fría, cubrí la tarta con crema de limón.


El resultado fue espectacular. La base de chocolate un poco salada contrasta con el dulce de la tarta. La crema de limón da un punto dulce-ácido-adictivo que complementa muy bien los otros sabores. Y al montar las claras aparte, la tarta queda con una textura inreíblemente suave, una delicia.

Para la próxima, esta tarta me la quedo en casa.

sábado, 25 de octubre de 2014

Pudín de chocolate


Lo bueno del otoño es que vuelve a apetecer quedarse cerca de los fogones (ejem, o de la vitro) y cocinar cosas ricas. Sobre todo, supongo que la ropa de invierno es más amable con los michelines, así que una puede darse más caprichos que en verano sintiendo menos culpa después.

Aunque a quién vamos a engañar: cuando se trata del chocolate (y del foie) mi mente es una experta en saltarse cualquier pensamiento que se parezca remotamente a un remordimiento.

Esta receta la encontré en lo de Smitten Kitchen y es tan fácil, tan rápida, y tiene un sabor a chocolate tan intenso, que comprar postres de chocolate en el supermercado ha dejado de ser una opción. Además no lleva huevo ni gluten.

Mi consejo: usad un chocolate de buena calidad. Es un postre a base de chocolate y leche. Si usáis un chocolate mediocre, lo notaréis en el sabor. Yo uso Lindt con al menos un 70% de cacao.


Cómo preparar el pudín de chocolate (6 raciones):

1- Pesar y poner en un cazo:
  • 30 g de maicena
  • 100 g de azúcar
  • 1/4 cucharadita de sal fina
2- Mezclar con unas varillas y añadir poco a poco
  • 700 mL de leche
removiendo bien para evitar que queden grumos.

3- Poner a fuego medio, removiendo de vez en cuando para asegurarnos de que la maicena no espesa todavía, o no se queda pegada al fondo.

4- Cuando la leche esté a punto de hervir, quitar un momento del fuego y añadir
  • 170 g de chocolate negro en trocitos
Removerlo hasta que se disuelva.

5- Volver a llevar al fuego, esta vez suave, removiendo continuamente, hasta que espese.

6- Retirar del fuego, añadir
  • 5 mL de licor de naranja (o de extracto de vainilla, o de algún otro licor, es para dar aroma extra)
y mezclar rápidamente con las varillas.

7- Servir en vasitos, o en un cuenco grande. Tapar con film transparente y meter al frigorífico durante al menos 4 horas hasta que se enfríe completamente.


domingo, 14 de julio de 2013

Galletas caseras, por favor


Aviso: hoy toca rollo. Ya lo siento, pero estaba leyendo en el intenné un par de artículos sobre activismo gastronómico y ha sido muy revelador, como mirarme en un espejo.

Comer me ha gustado siempre, demasiado, de hecho. Al sobrepasar la veintena mi metabolismo, ese generoso individuo que se deja culpar de todas las gorduras, cambió y tuve que buscar alguna manera de mantener el equilibrio. Empecé con una mezcla de deporte y moderación. Los que me conocéis sabéis que no soy ni demasiado constante en mis actividades deportivas, ni precisamente una persona delgada. Pero creedme si os digo que yo antes comía mucho más y me movía mucho menos.

Sobre todo, con los años y la adquisición de ciertas amistades me he vuelto mucho más selecta. Ahora me importa que cada una de las comidas sean buenas: de sabores compensados, pero también observo si a lo largo de la semana voy equilibrando o no las proporciones de proteína, verdura, carbohidratos; observo la calidad de los ingredientes y cuando sólo tengo cinco minutos para comer (como ha sido frecuente a lo largo del último año) me pone de mal humor que el pan del bocadillo sea industrial.

Cosas de la edad, supongo.

La situación no hace más que empeorar, porque ahora también me pone de mal humor si veo que mis amigos comen pizza congelada, o entran en alguno de esos restaurantes de hamburguesas hechas de material inidentificable. Como decía alguien en algún artículo que leí en algún idioma, compramos lasaña congelada a un euro, y luego nos escandalizamos porque está hecha con carne de caballo.

Entonces llegó diciembre de 2011, y un día mientras me bañaba en las aguas verdes del Mar de Andamán de repente me invadió la certeza de que quería abandonar mi carrera en investigación para dedicarme a la comida.

La decisión no la tomé en un solo día, claro, pero me gusta más contar la historia así.

En esas estoy, y mientras busco mi nuevo camino laboral me encuentro mirando las listas de ingredientes en los productos preparados del supermercado y preguntándome de dónde vienen este pescado, estas verduras, cuál sería un precio justo para los alimentos que estoy comprando, si tiene sentido enviar comida a todo lo largo y ancho del planeta, qué y cómo comemos en Europa en comparación con otras regiones como por ejemplo Asia, qué vamos a comer dentro de cincuenta o cien años. Me hago estas preguntas de manera honesta e intentando no caer en tendencias populistas. Y cada vez leo más sobre el tema, y me gusta más discutir sobre ello.

A ver si va a ser que tengo corazón de activista gastronómica.

Mi pequeña revolución empieza por contaros que la comida hecha en casa no sólo es más saludable, sino además está muchísimo más rica que la industrial. Que ya lo habréis leído muchas veces, pero no me cansaré de decirlo porque es verdad, os lo prometo. Parece ser que todos lo sabemos, pero la realidad es que nos acostumbramos a los productos industriales y se nos olvida a qué sabían las cosas antes, cuando la sobrasada no venía envasada en la sección refrigerada sino que la preparaba el carnicero de la esquina.

No os voy a decir que os pongáis a preparar sobrasada en casa (al menos por ahora). Pero hay tantas cosas tan sencillas, tan fáciles, que cualquiera puede hacerlas.

Por ejemplo estas galletas.


Si un día os levantáis con ganas de atiborraros a galletas, como me pasa a mí a veces, lo confieso sin pudor, no comáis galletas de esas asquerosas y grasientas que venden en el súper a euro la docena. Hacedlas vosotros, por favor. Se tarda un plis, están mucho más ricas, se digieren mejor, y estáis más seguros de qué contienen.

La receta base la tomé de Dan Lepard, que es una de las pocas personas de cuya repostería me fío. Luego la cambié, claro, porque yo no puedo seguir una receta al pie de la letra. Me viene de familia.


Para unas 25 galletas:

Poner en un bol
          100 mL de aceite de girasol
          + 150 g de azúcar moreno
          + 40 g de azúcar blanca
          + 1 cucharada de tahini
          + 1/2 cucharadita de extracto de vainilla
y mezclar todo bien con una cuchara.

Añadir entonces
           + 1 huevo
y mezclar todo bien.

Pesar en un cuenco
           + 200 g de harina de trigo
           + 1/2 sobre de levadura química
           + 1/2 cucharadita de bicarbonato
y añadirlo sobre la mezcla anterior usando un colador o un tamizador, para que se distribuya uniformemente.
Mezclar bien con la cuchara.

Añadir
            + 100 g de chocolate negro cortado en trozos no muy pequeños
            + 100 g de cacahuetes salados
y mezclar con las manos repartiendo los trocitos por toda la masa. 

Guardar la masa en el frigorífico durante al menos una hora, o un rato en el congelador, hasta que esté fría y se pueda manejar bien con las manos.


Calentar el horno a 170 ºC, encendido arriba y abajo.

Cubrir la bandeja del horno con una hoja de papel vegetal, y poner sobre ella bolitas de masa: tomar porciones de masa con una cucharita, hacer una bolita y aplastarla un poco con las palmas de las manos. Ponerlas en la bandeja, bien separadas (yo he puesto 16 por bandeja).


Hornear durante 10 minutos, hasta que estén doradas. Sacarlas con cuidado y dejarlas enfriar sobre una rejilla. Conservar después en un bote de cristal o una lata.

Si sois muy viciosos, podéis hacer el doble de masa y congelar la mitad para otro día.


miércoles, 26 de diciembre de 2012

Brownie sin gluten


En mi familia gustan los dulces, todos, siempre que estén hechos en casa. De las primeras cosas que mi hermana y yo aprendimos en la cocina fueron los rosquitos dulces y los bizcochos. Recuerdo que nuestros amigos no dejaban pasar la ocasión de venir a merendar, porque casi siempre había algún dulce casero. Por eso fue una pequeña tragedia cuando hace unos años mi madre desarrolló celiaquía. Ella es una gran cocinera y tardó poco en readaptar sus platos a las nuevas necesidades. En algunos casos es fácil: basta con sustituir la harina de trigo por harina de maíz, o de arroz, o de garbanzos. En otros hace falta un poco más de desarrollo, y añadir algunos ingredientes extra. Pero lo que siempre se resiente, sin duda, son las masas y los bizcochos. Incluso usando las harinas comerciales sin gluten, el resultado no es igual. Así que cuando alguien se presenta en casa con uno de esos pasteles de chocolate tan viciosos, la pobre se queda mirando y con las ganas.

Estas navidades me tocaba preparar algún postre, y como soy muy cabezota y no quería dejar a mi madre al margen, estuve buscando por la red algún pastel que no llevara gluten pero que fuera realmente muy apetitoso. Y encontré esta receta de Martha Stewart. Nunca había hecho ninguna receta suya, y me decidí a darle una oportunidad. El brownie es exquisito: la textura muy suave y el sabor a chocolate intenso. Pero ojo, es una bomba calórica, así que mejor cortarlo en trocitos pequeños, como si fueran pastelitos, y compartirlo de postre con muchas personas. Y hasta el próximo año.



Preparación:

  1. En un bol, mezclar bien:
    40 g de harina de maíz
    + 20 g de cacao puro en polvo
    + 1/2 cucharadita de canela molida
    + 1/2 cucharadita de gengibre molido
    + 1/2 cucharadita de sal fina
    + 1/2 cucharadita de bicarbonato
    + 8 g (1/2 sobre) de levadura química
     
  2. Derretir, bien a fuego muy lento, bien en el microondas:
    90 g de mantequilla sin sal
    + 340 g de chocolate negro para fundir, sin azúcar
     
  3. Pasarlo a otro bol y añadir, mezclando bien:
    150 g de azúcar
    + 1 cucharadita de extracto de vainilla
    + 3 huevos grandes
     
  4. Añadir la mezcla de elementos secos sobre la anterior, y batir todo bien hasta que esté homogéneo.
     
  5. Incorporar ahora los trocitos, removiendo con una cuchara para que se distribuyan bien:
    30 g de arándanos secos
    + 70 g de cacahuetes salados
    + 70 g de trocitos plátano (un plátano pequeño)
     
  6. Pasar a un molde cuadrado forrado con papel de horno.
     
  7. Hornear a 180 ºC (encendido sólo abajo) durante unos 30 o 35 minutos, hasta que esté cocido.

domingo, 23 de diciembre de 2012

Pastel de chocolate y vino tinto


Se veía venir que este pastel de chocolate, vino tinto y especias de Smittenkitchen iba a ser un éxito. Y efectivamente: la textura es parecida a la de la tarta de chocolate que hago normalmente, pero la mezcla del vino y la canela le da un toque diferente, intenso, que combina muy bien con el chocolate. Cortada en trocitos pequeños, es un postre perfecto para terminar una comida estas fiestas. ¿Quién le puede decir que no a un bocadito como éste?



Ingredientes:

  • 85 g de mantequilla sin sal, a temperatura ambiente
  • 180 g de azúcar moreno
  • 50 g de azúcar blanca
  • 1 huevo y 1 yema, grandes
  • 175 mL de vino tinto
  • 5 mL de extracto de vainilla
  • 135 g de harina
  • 40 g de cacao en polvo, puro
  • 1 sobre de levadura química
  • 1/4 de cucharadita de sal fina
  • 1/4 cucharadita de canela molida


Preparación:

  1. Precalienta el horno a 170 ºC, encendido sólo abajo.
  2. Bate en un bol la mantequilla con el azúcar. Añade después el huevo y la yema, y vuelve a batir. Incorpora entonces el vino y la vainilla, y bate hasta que esté todo bien mezclado.
  3. En otro bol tamiza la harina con la levadura, el cacao, la sal y la canela. Añade esto poco a poco sobre la mezcla líquida, mezlándolo todo hasta que esté homogéneo.
  4. Vierte la mezcla sobre un molde engrasado y hornea durante unos 30 minutos, hasta que el bizcocho esté cocido.
  5. Dejar enfriar sobre una rejilla, desmoldar, y decorar con un poco de azúcar glas. 

jueves, 7 de junio de 2012

De Maria Antonieta a un plato de galletas

Qué bonito es perderse por los hilos de la red y de los pensamientos.

Llegué al blog de Aliter Dulcia por lo del #cosasquemedamiedocontar. Me quedé enredada en su entrada sobre la reina francesa Maria Antonieta. De ahí pasé a ver la película de la Coppola, que la tenía apuntada en la lista de tareas pendientes. Y esto me llevó a acordarme de París. Ahhhhh -suspiro- cuánto me gusta esa ciudad.

La última visita a París la dedicamos a comer, a beber, y al Louvre. En una vida alternativa yo estudio historia del arte en vez de química. Pero en esta vida mi cerebro está más adaptado a la lógica y a las deducciones, quizás para compensar mi mala memoria. No sé casi nada de arte, ni de historia, pero disfruto muchísimo en los museos, y el Louvre es una maravilla.

Junto a la escultura más antigua del Louvre: 9000 años de antigüedad. ¡9000 años!

Confieso que también probé los macarons. No unos cualquiera, sino los de la confitería Jean-Paul Hévin, en la Rue Saint-Honoré: si iba a comer unos pastelitos de colores chillones tenía que asegurarme de que eran de muy alta calidad. Y lo eran: estaban buenísimos. No creo que los vaya a tomar de nuevo hasta que vuelva a París, porque ahora mi nivel de referencia es muy alto.

Macarons en su cajita. Qué monos.

Desde entonces me he descubierto un par de veces planteándome hacer macarons. Es el lado oscuro de la fuerza, tentándome. De momento resisto, y en vez de macarons hago galletas. Muchas galletas. Empecé con la receta de Encar's Bakery, que he ido modificando poco a poco hasta llegar a esta versión. Fácil, rápida y personalizable para distintas combinaciones de sabores. Las galletas quedan crujientes por fuera y blanditas por dentro, casi como un bizcochito.



Para unas 16 galletas:

Batir muy bien con la batidora:
    85 g de mantequilla
    50 g de azúcar morena
    40 g de azúcar blanca
    1 huevo

Tamizar sobre la mezcla anterior 175 g de harina y 7 g de levadura química. Mezclar bien con una cuchara. Formar bolitas con las manos, disponerlas bien separadas sobre una bandeja de horno forrada con papel de hornear, y hornear a 225 ºC (horno arriba y abajo) durante unos 10 minutos, o hasta que estén doradas.

Algunas variantes que he probado:

Dos chocolates:
Sustituir los 175 g de harina por 140 g de harina, 30 g de cacao puro en polvo y un sobrecito de azúcar vainillada o unas gotas de extracto de vainilla. Mezclar bien con la cuchara y añadir 100 g de chocolate blanco de cobertura cortado en trozos medianos.



Vainilla y chocolate
Añadir unas gotas de extracto de vainilla y 100 g de chocolate negro para coberturas cortado en trozos medianos.



Coco y limón:
Sustituir los 175 g de harina por 150 g de harina más 25 g de coco rallado. Añadir también la ralladura de un limón y unos trocitos de limón confitado.

Naranja y canela:
Añadir a la mezcla una cucharadita de canela molida, una cucharadita de amaretto y una cucharada extra de harina. También se le puede poner trocitos de naranja confitada.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Bizcocho de calabaza y chocolate

Estamos recogiendo el 2011. Ya sé que es un poco pronto para empezar con los balances de fin de año, los propósitos de año nuevo y demás, pero yo tengo la sensación de que mi año termina aquí. El miércoles acaba mi beca en el Fritz, y el jueves cogemos el avión. Primero España, luego Tailandia, de nuevo España para las navidades, y ya en enero volveremos a Berlín. Estoy muy ilusionada ante la perspectiva de unas vacaciones tan largas (creo que no he tenido unas así desde el instituto). También por el viaje, nunca he estado en Asia antes, aunque hace ya mucho tiempo que le tengo ganas. Pero sobre todo estoy muy emocionada por el cambio de vida que me va a suponer dejar el Fritz. No me preguntéis qué voy a hacer a continuación, porque no tengo ni idea, ésa es una decisión que dejo para el 2012. Lo único que sé es que en enero tendré sensiblemente más tiempo para dedicarle al blog y a la cocina, y eso también me apetece mucho.

El bizcocho de calabaza y chocolate descansa feliz al sol,
ignorante del voraz depredador que le acecha tras el vaso de zumo
.

Pero de momento lo que estoy haciendo es intentar vaciar el frigorífico y mi lista de recetas pendientes de publicar. Hoy os traigo este bizcocho de calabaza que preparé hace unas semanas para la visita de mi amiga Julia. La receta la he adaptado de una que uso para hacer tarta de zanahorias. El bizcocho quedó muy suave, húmedo, y con un color precioso. Me encantó la combinación de los sabores de la calabaza con las pepitas de chocolate. Y además el sol tuvo a bien salir durante el desayuno para que yo pudiera hacer unas fotos con luz natural... En definitiva, no quería irme del 2011 sin compartir este bizcocho con vosotros. Si todavía tenéis calabazas por casa, este bizcocho puede ser una forma estupendérrima de usarlas. ¡Que lo disfrutéis!

Momento dramático en el que el bizcocho toma consciencia de su inferioridad en la batalla,
y se descubre a sí mismo laminado, reducido, devorado, con sus migajas esparcidas por el plato.

Ingredientes:
  • 300 g de calabaza (yo usé de la variedad Hokkaido)
  • una cucharada de mantequilla
  • 4 huevos
  • 1 taza de azúcar moreno
  • 4/5 taza de aceite de sabor suave (yo usé de girasol)
  • 1 sobre de azúcar vainillado, o de aroma de vainilla
  • 2 tazas de harina
  • 1 sobre de levadura
  • trocitos de chocolate
Ah, dónde están ahora aquellos que se decían tus amigos,
las mandarinas y la taza de café. Dónde están ahora para defenderte.

Cómo preparar este bizcocho de calabaza y chocolate:

Precalienta el horno a 180 ºC.

Trocea la calabaza en trocitos. Pon la mantequilla en una sartén a fuego suave, y cocina ahí la calabaza hasta que se haya reblandecido.

En un bol, bate los huevos y añade sucesivamente el azúcar, el aceite, la calabaza y la vainilla, de forma que quede una mezcla homogénea.

Incorpora ahora la harina y la levadura, tamizándolas sobre la mezcla anterior, y vuelve a batir hasta que esté todo bien ligado, homogéneo, naranja, con esa pinta tan prometedora que tienen las masas de bizcocho justo antes de ser horneadas. Aprovecha ahora que te estás emocionando al pensar en lo rico que va a estar tu bizcocho, échale un puñado de pepitas de chocolate y remueve con una cuchara para distribuirlas por la masa.

Engrasa un molde, o fórralo con papel para hornear. Vierte ahí la masa y ¡al horno con ella! Durante unos 30 ó 40 minutos, hasta que esté bien cocida por dentro.

Servir con ganas, buenos amigos, y largas conversaciones en torno a la mesa del desayuno.

lunes, 21 de noviembre de 2011

La mejor tarta de chocolate del mundo

Quizás el título de este post os parezca un poco pretencioso, pero es cierto: ésta es la mejor tarta de chocolate que he probado nunca (y he probado muchas, os lo puedo asegurar). El mérito no es mío, claro, el mérito es de la receta, que compensa los ingredientes de forma que el resultado es un bizcocho muy suave y un poco húmedo, con un intenso sabor a chocolate, y casi nada dulce. Por supuesto es muy fácil, y siempre sale bien. En esta ocasión la he decorado con el frosting de la ya famosa tarta guiness. Si os sentís especialmente viciosos también podéis poner un poco de chocolate derretido por encima, y dejar que se endurezca formando una corteza crujiente.


Esta tarta es seguramente la receta que más veces he preparado a lo largo de mi vida. Desde que era pequeña, en mi casa la hemos hecho siempre para los cumpleaños y otras ocasiones especiales, intentando no abusar para que mantuviera su estatus de tarta especial. Mi hermana y yo nos guardábamos la receta con muchísimo celo, que no se desvelara el secreto de aquella delicia que siempre nos hacía quedar como estrellas cuando íbamos a visitar a alguien. Es gracioso, porque creo que mi madre sacó esta receta de una caja de cacao en polvo Hersheys... ¿Os acordáis de aquel capítulo de Friends sobre la famosa receta de galletas de Phoebe? Pues algo parecido.


La semana pasada fue mi cumpleaños, y como manda la tradición, el sábado tocaba tarta de chocolate. Ahora he decidido aprovechar la ocasión para por fin liberar el secreto de la mejor tarta de chocolate del mundo. Que su luz chocolateada os ilumine en los senderos oscuros que están por venir.


Ingredientes:
  • 2/3 taza (200 g) de mantequilla
  • 1 + 2/3 tazas (500g) de azúcar
  • 3 huevos
  • 1 cucharadita de esencia de vainilla
  • 1 + 1/3 tazas (400 mL) de agua
  • 2 tazas (360 g) de harina
  • 2/3 taza (100 g) de cacao en polvo sin azúcar
  • 1 + 1/4 cucharaditas de bicarbonato
  • 1 sobre de levadura en polvo
  • 1 cucharadita de sal fina
Las proporciones en la receta original venían con referencia a la capacidad de una taza de desayuno. Os he escrito las equivalencias en gramos (mL) por si os resulta más fácil así.

Para el frosting:
  • 300 g de queso blanco de untar
  • 150 g de azúcar glas
  • 360 mL de nata líquida para montar

Cómo preparar la mejor tarta de chocolate del mundo:

Precalentar el horno a 180 ºC.

Mezclar en un bol los huevos con el azúcar. Después añadir la mantequilla y mezclarlo todo bien. Incorporar a continuación el agua y la vainilla y batir procurando que quede una mezcla homogénea.

Sobre esta mezcla tamizar (bien con un tamizador, bien usando un colador metálico) la harina con la levadura, el bicarbonato y el cacao. No os olvidéis de la sal, que es importantísima. Quizás en este punto os parezca que la mezcla del bizcocho es demasiado líquida. No os preocupéis: es así.

Verter la mezcla en un molde previamente engrasado y hornear durante unos 35-40 minutos, comprobando que ha terminado de cocerse pinchando el centro del bizcocho.

Mientras tanto, preparamos el frosting mezclando muy bien el queso de untar con el azúcar glas, con ayuda de la batidora, de forma que quede una mezcla suave. En otro recipiente montamos la nata, y después incorporamos el queso con movimientos suaves y envolventes. Reservamos en el frigorífico hasta que el bizcocho se haya enfriado, y usamos entonces para decorar.

¡Que el chocolate os acompañe!

viernes, 11 de noviembre de 2011

Brownies de chocolate, boniato y arándanos

¡Ya está aquí! ¡Ya llegó! ¡El día mundial del brownie! #diadelbrownie Con lo mucho que me gustan los dulces y el chocolate, no podía dejar de apuntarme a esta convocatoria. Aquí está el resultado:

 Brownies dispuestos a ser devorados

He tenido que activar un dispositivo de seguridad para conseguir hacer las fotos antes de que mi marío y el tunante gambitero de mi amigo Miguel los devorasen. 

El brownie antes de ser cortado, en el deslumbrante sol de esta mañana berlinesa

En este brownie rebajamos un poco el contenido en mantequilla y azúcar y compensamos con boniato asado. Además, en vez de frutos secos ponemos arándanos. De esta forma rebajamos un poco el contenido calórico del brownie y nos lo tomamos con un poco menos de culpabilidad... Esta receta la tomé de Dan Lepard, cuyas recetas me encantan, todas.

Ingredientes:
  • 100 g de mantequilla o margarina, sin sal
  • 200 g de chocolate negro para postres, troceado
  • 200 g de boniato asado, sin piel
  • 125 g de azúcar moreno
  • 2 huevos, tamaño medio
  • 2 cucharaditas de extracto de vainilla, o un sobre de azúcar vainillada
  • 100 g de harina
  • 1 sobrecito de levadura en polvo
  • 200 g de arándanos

Cómo preparar estos brownies de chocolate, boniato y arándanos:

En primer lugar tienes que asar los boniatos. Ten en cuenta que al asarlos, los boniatos pierden agua y el peso se reduce casi a la mitad, es decir que necesitarás unos 400 g de boniatos crudos para obtener aproximadamente 200 g de boniatos asados. Como tardan un buen rato en asarse, yo los he pelado y cortado en rodajas. Los he puesto en la bandeja del horno sobre un papel parafinado, y he horneado durante unos 15-20 minutos a 250 ºC con el horno arriba y abajo. Una vez que ya estaban tiernos, los saqué, pesé los 200 g que necesitaba para la receta, y me comí el resto :)

Una vez que has asado los boniatos tienes que bajar la temperatura del horno a 180 ºC. Para ayudar en el proceso, he dejado la puerta del horno abierta un par de minutos.

También me pregunto si en vez de asar los boniatos se podrán cocer al vapor en la olla rápida. Supongo que sí, pero lo probaré la próxima vez y ya os contaré.

Mientras se asan los boniatos derretimos la margarina en una cacerola a fuego muy lento (yo he usado una sartén antiadherente). Cuando la margarina está derretida, añadimos 125 g del chocolate en trocitos, y removemos hasta que se derrita también. Retiramos del fuego.

En un bol batimos los boniatos asados con el azúcar, mezclándolos bien. Incorporamos a continuación la mezcla de mantequilla y chocolate.

Tamizamos sobre esta masa la harina con la levadura y batimos hasta que quede todo muy homogéneo.

A continuación, añadimos el resto de chocolate en trocitos  y los arándanos, y mezclamos con una cuchara.

Disponemos la masa sobre un molde cuadrado de cremallera, previamente engrasado, y horneamos durante 20-30 minutos hasta que esté cocido.

martes, 8 de noviembre de 2011

Bizcochitos rápidos de chocolate

Hoy os traigo estos pastelitos tipo soufflés que recuerdan a un coulant sin serlo. Más densos que un soufflé, estos bizcochitos se toman calientes y tienen un corazoncito de chocolate fundido que os servirá para sorprender a vuestros invitados, o simplemente para daros un capricho de chocolate. Se preparan en unos 5 minutos, y tardan 10 en honearse, así que son perfectos como postre para una cena. Incluso podéis dejar los moldes preparados, de modo que sólo tengáis que meterlos al horno. Espero que os gusten.



Ingredientes (para 6 raciones):
  • 150 g de chocolate negro para postres
  • 150 g de mantequilla o margarina
  • 100 g de azúcar
  • 35 g (como dos cucharadas colmadas) de harina
  • 5 huevos
  • 4 cucharaditas de gengibre en polvo
  • una tableta de chocolate negro o blanco

Cómo preparar estos bizcochitos rápidos de chocolate:

Precalentar el horno a 240 ºC.

Poner en un cacharro la mantequilla con el chocolate para postres troceado y fundir en el microondas, o a fuego muy lento.

En otro recipiente batir los huevos con el azúcar, la harina y el gengibre hasta obtener una masa muy homogénea. Añadir sobre esta mezcla el chocolate fundido.

Untar 6 moldes con mantequilla y repartir en ellos la mezcla anterior. Partir la tableta de chocolate y hundir 2 trozos en el centro de cada molde.

Hornear a 240 ºC durante 10 minutos. Servir caliente o templado.

domingo, 23 de octubre de 2011

Baumkuchen

Alguna vez había probado este bizcocho rayado aquí en Berlín, no recuerdo dónde. Sí recuerdo que me gustó mucho de sabor, y que me encantaron sus rayitas. En aquel momento no entendí que "Baumkuchen" viene a significar "pastel de árbol", olvidé el nombre, y en consecuencia se me hizo más difícil buscar la receta por internet. Por eso me hizo tanta ilusión que SandeeA la publicara en su blog.

Ayer teníamos una pequeña reunión-merendola y me propuse probar a hacer el Baumkuchen. Ya le tenía ganas hace tiempo, pero últimamente limito las tartas a las reuniones con amigos, por aquello de que si hago una tarta para nosotros dos, nos la comemos, enterita además, y poco a poco vamos creciendo en la tercera dimensión de una forma que no mola nada. En fin, que ayer me arremangué y me puse manos a la obra.

La tarta quedó bien. El sabor, estupendo. La textura es sorprendentemente suave para un bizcocho que no lleva levadura. Eso sí, es una tarta consistente, para servir en raciones pequeñas.

En cuanto a la preparación, no es en absoluto complicada, pero sí muy laboriosa. Yo no tengo una batidora de varillas eléctrica (aún, el universo gastronómico no deja de mandarme señales para que me compre una) y montar siete claras de huevo a mano se me hizo pesado. Después, como se hornea por capas, hay que estar pendiente del horno durante media hora o cuarenta minutos. Así que recomiendo que hagáis esta tarta cuando tengáis mucho tiempo por delante, y muchas ganas de luciros. Porque luciros, os váis a lucir, eso os lo aseguro.

De chocolate y a rayitas


Ingredientes:
  • 250 g de margarina
  • 250 g de azúcar
  • 7 huevos medianos
  • 150 g de harina de trigo
  • 100 g de harina fina de maíz (tipo maizena)
  • 1 pizca de sal
  • 1 sobrecito de azúcar vainillado, o un poco de extracto de vainilla
  • 2 cucharadas de cacao puro en polvo
  • 200 g de chocolate negro para cobertura
  • 2 cucharadas de leche


Locura de chocolate. Negro y con temperamento.

Cómo preparar este Baumkuchen:

Batir la margarina con el azúcar con la batidora, hasta que quede una mezcla homogénea, suave, cremosa.

Partir los huevos separando las claras de las yemas. Reservar las claras. Incorporar las yemas de una en una sobre la margarina, batiendo.

Tamizar la harina de trigo y la de maíz sobre la margarina. Si tenéis un tamizador, estupendo, y si no, también podéis usar un colador metálico grande. Batir toda la mezcla hasta que quede muy homogénea.

En otro recipiente aparte, montar las claras de huevo con la pizca de sal, hasta que queden bien firmes. Incorporarlas después a la otra mezcla, poco a poco, con ayuda de las varillas, usando movimientos suaves y envolventes.

En este momento podemos encender el horno para que se vaya calentando. Encendemos sólo el grill, a 200 ºC.

Dividimos ahora la masa del bizcocho en dos partes iguales. A una le añadimos el azúcar vainillado, y a la otra el cacao, mezclando con las varillas, siempre con cuidado.

Preparamos el molde que vayamos a usar, bien forrándolo con papel para horno, bien engrasándolo con margarina. Yo he usado un molde rectangular de silicona, y lo he engrasado un poco con margarina (aunque en principio no haría falta). El resultado ha sido estupendo, el bizcocho no se ha pegado nada a las paredes, se ha desmoldado muy fácilmente, y ha quedado con una forma muy bien definida (¡viva la silicona! - en moldes para horno).

Tomamos dos cucharadas soperas de masa blanca, y las distribuimos sobre el fondo del molde, de modo que quede una capa fina y uniforme. Horneamos en la bandeja media del horno durante unos 2 ó 3 minutos, hasta que la masa esté cocida y ligeramente dorada. Os recuerdo que sólo estamos usando el grill.

Sacamos el molde con cuidado. Ahora ponemos dos cucharadas de masa de chocolate, las distribuimos bien, y volvemos a hornear.

Repetimos esta operación alternando masa de vainilla y masa de cocholate, y horneando por capas, hasta que agotemos las dos masas. La última capa la he dejado que se dorase un poco más que las demás, para que quede más firme y haga las veces de base de la tarta al desmoldar.

Sacamos la tarta del horno y la dejamos enfriar durante unos 20 minutos. La desmoldamos con cuidado dándole la vuelta, de manera que la última capa que horneamos quede abajo del todo, y dejamos enfriar completamente.

Cortamos el chocolate negro en trozos y los ponemos en un cazo junto con las dos cucharadas de leche, a fuego muy lento. Vamos removiendo para que se derrita pero no se queme. Si vemos que está muy espeso, añadimos un poquito más de leche.

Usamos este chocolate derretido para cubrir nuestra tarta, y dejamos enfriar.