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sábado, 16 de mayo de 2015

Crema de limón (Lemon Curd)


Un bote de crema de limón iluminando este día de oscuridad profunda en la tierra de las nubes eternas

A estas alturas ya sabréis que soy una gran amante de los cítricos. Naranjas, mandarinas, pero sobre todo limón y lima, se cuentan entre mis sabores y aromas favoritos. Partiendo de esa base, esta crema de limón es para mí una gran debilidad, una tentación irresistible, me hace considerarme una auténtica citroadicta.

La receta la vi en lo de Biscayenne. Durante mucho tiempo quería prepararla, pero no sabía qué hacer con ella después. Mi consejo ahora es: preparadla sólo si tenéis un plan bien definido. Podéis usarla para rellenar un bizcocho o unos cupcakes, sobre una tarta de queso, como relleno de una masa quebrada que cubráis luego con merengue tostado, para mezclarla con yogur, para untar el pan. Pero si os limitáis a prepararla, meterla en un bote y ya decidiré después para qué la uso, acabaréis comiéndoosla a cucharadas. El que avisa no es traidor.


La preparación de esta crema no tiene más complicación que controlar el baño maría para que la crema no llegue a hervir. Si tenéis un cacharro especial para fundir al baño maría, ni eso. Yo no tengo, y lo que hago es poner una cacerola grande bastante llena de agua a calentar, y un cazo encima, de manera que el cazo queda sumergido en el agua sólo en parte. Cuando el agua empieza a hervir, bajo el fuego para que las burbujas no sean muy grandes, ya que estas desestabilizan el cazo y además aumentan el riesgo de que caiga agua sobre la crema de limón. Y chinpún, no hay más dificultad.



Ingredientes (para rellenar un bote de mermelada grande):
  • 220 g de azúcar
  • 100 g de mantequilla sin sal
  • el zumo de 3 limones (unos 150 g de zumo)
  • la ralladura de los limones
  • 3 huevos batidos

Preparación:
  1. Preparar el baño maría y calentar el agua hasta que empiece a hervir.
  2. Poner en el cazo el azúcar, la mantequilla, la ralladura y el zumo de limón, y dejar que se caliente hasta que se derrita la mantequilla. Podemos ayudar removiendo con unas varillas para que se mezcle todo bien.
  3. Añadir entonces los huevos batidos, pasádolos por un colador. De esta manera evitaremos grumos.
  4. Seguir cociendo al baño maría hasta que la masa espese, removiendo con las varillas para que vaya espesando de manera homogénea. Este paso puede tardar entre 15 y 20 minutos.
  5. Guardar en un bote y reservar. Usar una vez esté fría.

jueves, 13 de noviembre de 2014

¡Tortitas!


Si a estas alturas os cuento que soy una glotona no os voy a sorprender. Es una información obvia, redundante. Tampoco será nada nuevo si digo que cedo al vicio especialmente en el desayuno, que es mi comida favorita del día. Entre semana suelo desayunar muesli, pero el fin de semana exijo al chef algo especial. Y como en esta casa el chef soy yo, no me queda otra que arremangarme y meterme en la cocina. Estas tortitas son tan rápidas de preparar que no me da nada de pereza.

Descubrí la receta este verano en alguna parte de internet (no soy capaz de encontrar la referencia, ¡sorry cibermundo!) y desde entonces la he practicado mucho, para gran complacencia del Toledano. He optimizado el proceso de modo que me lleva menos de 5 minutos preparar la masa: en un bol grande voy pesando la harina, levadura, y la leche, y añado el azúcar. Casco los huevos encima de otro bol, en el que recojo las claras, y echo las yemas en el bol grande. Entonces bato las claras primero, después la otra masa, mezclo las dos, y voilá! Ya podemos empezar a freír las tortitas. Fácil, rápido, sin dramas ni complicaciones.

El otro motivo por el cual me gustan estas tortitas es que me saben a receta auténtica, sin aditivos, sin florituras, sin tonterías. La única grasa que llevan es la mantequilla para dorarlas (bueno, y la del huevo y la leche, pero no llevan nata, ni crema agria, ni otros ingredientes grasos que había visto en muchas otras recetas anteriormente). El azúcar es opcional, y si las váis a comer con sirope, miel, o mermelada, podéis saltároslo si queréis. Yo en verano le echaba unos arándanos a la masa cuando la estaba friendo. Alguna vez he hecho una salsa de chocolate negro. Pero me gustan mucho también sin nada más. Quedan suaves, esponjosas, como bizcochitos. Supongo que de ahí el nombre en inglés: pancakes, pasteles a la sartén.



Tortitas para 1 persona:


1- Pesar en un bol:
      - 40 g de harina
      - 1/2 cucharadita de levadura (impulsor químico)
      - 1 cucharada de azúcar moreno (opcional)
      - 50 mL de leche
      - 1 yema de huevo
y mezclar con las varillas (con batidora o a mano, como queráis, los ingredientes se mezclan en seguida y no quedan grumos).

2- Poner en otro bol:
       - 1 clara de huevo
       - 1 pizca de sal
y batir con la batidora de varillas hasta que esté a punto de nieve.

3- Incorporar la clara a la otra mezcla y mezclar las dos a mano, suavemente, para que el resultado sea espumoso.

4- Dorar las tortitas en una sartén engrasada con un poco de mantequilla. Yo pongo cucharadas de masa y no muevo la sartén para intentar que se extiendan, sino que las dejo crecer y ponerse gorditas y esponjosas.

5- Servir con sirope, miel, mermelada, chocolate... O comerlas sin nada más, con las manos, mojándolas en el café.

domingo, 16 de junio de 2013

Revani - dulce griego de semolina

El revani o ravani es un dulce típico de Grecia y de Turquía. Lo probé el año pasado en Creta y me encantó, porque es uno de esos dulces tradicionales, sin tonterías, y a pesar de que va borracho, no resulta empalagoso, ya que la masa en sí casi no lleva azúcar. Se merienda fresquito en un día de calor y es como tomarse un trocito de sol de verano, no del sol de medio día, sino del de final de la tarde, que ya no quema pero te saca una sonrisa.

Un revani dorado y reluciente como el sol.

Estaba yo pensando en Grecia, en lo buenísimo de su gastronomía, en lo bellísimo de sus paisajes, en lo simpáticos que son los griegos y en la situación económica y política tan difícil que están pasando. Y como Grecia y los griegos me caen bien, así en general, he hecho este revani como homenaje. A ellos y a mis comensales, que no han dejado ni una miga.

La receta es una mezcla entre varias que he leído por la web. Como pasa con cualquier plato tradicional, en cada casa se hace de una manera. A veces le ponen yogur, a veces no, a veces va sin huevo (aunque esto no me queda claro si es una opción real o una errata). Bueno, por mi parte, si la elección está entre poner yogur o no, por supuesto la respuesta es: yogur, y del griego, claro.

Con estas cantidades sale mucho revani, porque aunque parece un bizcocho es más pesado. Aquí a cuatro glotones nos ha dado para desayunar tres días. Así que quizás os interese hacer sólo la mitad. En cualquier caso, es rápido, fácil, y da muy buen resultado. Porque los dulces de toda la vida tienen un rinconcito ganado en el corazón de cualquier persona que aprecie la comida, y ese lugar no lo van a perder nunca.

Así es la miga del revani: gruesa pero esponjosa.


Ingredientes (para muchas raciones):

Para la tarta:

  • 225 g de mantequilla sin sal a temperatura ambiente
  • 230 g de azúcar
  • 6 huevos
  • 450 mL de yogur
  • 260 g de semolina de trigo
  • 140 g de harina de trigo
  • 1 sobre de levadura química
  • la ralladura de un limón
Para el sirope:
  • 2 tazas de azúcar
  • 2 tazas de agua
  • 1 cucharada grande de miel
  • 1 rama de canela
  • el zumo de medio limón


Preparación:

Para la tarta:

  1. Poner en un bol la mantequilla y el azúcar, y mezclar bien con la batidora de mano.
  2. Incorporar los huevos, y después el yogur y la ralladura de limón.
  3. Añadir por último la semolina, la harina y la levadura, y batir hasta que esté todo bien mezclado.
  4. Verter a un molde de cremallera bien engrasado y hornear a 180 ºC (horno arriba y abajo) durante unos 30 minutos, hasta que al pinchar en el centro con un palito éste salga limpio. Cuidar también que no se queme por arriba; si vemos que se dora demasiado, lo cubrimos con papel de aluminio.
  5. Sacar del horno y dejar enfriar.
Para el sirope:
  1. Ponemos el azúcar, la miel y el agua en un cazo y removemos. Ponemos también la rama de canela, y llevamos a ebullición. Dejamos hervir durante unos 10 minutos y después retiramos del fuego.
  2. Echamos el zumo de limón en el cazo y lo mezclamos bien.
  3. Colamos el almíbar a un bol y lo dejamos enfriar en la nevera.
Montaje:
  1. Una vez que la tarta está fría, la desmoldamos y la cortamos en rombos con un cuchillo afilado.
  2. Si el sirope está frío ya, empezamos a verterlo sobre la tarta, a cucharadas y repartiéndolo bien por toda la masa.
  3. Guardamos la tarta en el frigorífico y servimos así, fresquita.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Trenza de avellanas


Este es un post escrito en pasado simple: entre la receta escrita y el texto introductorio se interpusieron presentaciones, exámenes, estrategias, contabilidades y logísticas, y vuelvo sólo ahora para escribir estas dos líneas y darle al botón de "publicar".

Hace ahora un mes era un domingo de otoño berlinés y mis amigos decidieron autoinvitarse a merendar. Prepáranos una tarta de esas ricas que tú haces, me pidieron. ¿Cómo les voy a decir que no? Si son mi familia en el exilio... Además, para qué negarlo, los cocinillas somos fáciles de ganar con este tipo de lisonjas. No hay nada de malo en eso, porque yo disfruto metiendo las manos en la masa, y de paso aprovecho para probar recetas nuevas. Hacía tiempo ya que le tenía el ojo echado a este pan trenzado con avellanas de Biscayenne, y me dieron la excusa y ocasión perfectas. Cambié un poco el relleno, pero la masa de pan es la misma.

La preparación es muy fácil, pero hay que tener un poco de cuidado al formar la trenza. Yo estiré la masa un poco demasiado a lo largo, y me costó trabajo que no se me rompiera al trenzar. Ya véis que el lado izquierdo me quedó un poco más irregular. Para la próxima vez, que la habrá seguro, creo que mejor haré o una trenza más ancha, o dos más cortas.

De todas formas el resultado es muy espectacular, y de sabor está muy rica. Perfecta para merendar una tarde de frío, todos juntitos y cerca del radiador.


Ingredientes:
  • 200 g de harina de trigo (mitad normal y mitad de fuerza) más un poquito para estirar la masa
  • 150 mL de leche tibia
  • 4 g de levadura seca de panadero (Hefe)
  • una pizca de canela
  • 1/2 cucharadita de sal
  • 2 cucharadas de azúcar
  • 50 g de mantequilla
  • 150 g de avellanas troceadas
  • 100 g de arándanos secos
  • 4 cucharadas de azúcar
  • 90 mL de nata líquida
  • un par de cucharadas de mermerada de albaricoque

Preparación:

1- En primer lugar preparamos un prefermento para el pan. Ponemos la leche en un cazo junto con la vainilla, y la calentamos ligeramente, sólo para quitar el frío del frigorífico. La mezclamos luego con 50 g de harina y la levadura, y dejamos reposar durante unos 10 minutos.

2- Mientras el prefermento empieza a espesarse y a hacer burbujitas, ponemos en el picador de la batidora las avellanas y los arándanos, y lo picamos durante un minuto aproximadamente, para que queden trozos más pequeños pero identificables. Pasar esto a un cuenco, añadir las 4 cucharadas de azúcar y un poco de nata líquida y remover. Debe quedar una mezcla húmeda, pero no una sopa. Yo usé 90 mL de nata en total.



3- Añadir al prefermento la sal, las 2 cucharadas de azúcar, la mantequilla y el resto de la harina. Amasamos bien hasta que nos quede una bola un poco húmeda pero que se separa de la fuente. Yo tuve que añadir un poquito más de harina (unos 15 gramos más). Dejar la masa en la fuente, taparla con un papel film transparente y dejar que fermente durante unas dos horas, en un lugar cálido, hasta que haya doblado el volumen.



4- Estirar la masa con un rodillo formando una plancha rectangular y finita. Pintar la masa con la mermelada y repartir la mezcla del relleno por toda la superficie, dejando un par de centímetros libre en los bordes. Enrollar la masa sobre sí misma, empezando por el lado más largo.

5- Encendemos el horno para que se vaya precalentando: 180 ºC, arriba y abajo. Sacamos antes la bandeja, sobre la que ponemos un papel de hornear y espolvoreamos un poco de harina.

6- Pasamos nuestro rollo de masa a la bandeja. Con la punta de un cuchillo afilado hacemos cortamos el rollo por la mitad, a lo largo, y empezando a unos 3 centímetros de uno de los bordes. De esta forma quedarán dos brazos de masa unidos por uno de los extremos.

7- Con cuidado vamos pasando un brazo por encima del otro, y alternando, para dar forma a la trenza, dejando que la parte lisa de la masa quede hacia abajo en la bandeja y la parte donde se ve el relleno quede hacia arriba. Al final del todo volvemos a unir los dos brazos de masa, y remetemos el borde hacia abajo.


8- Hornear a altura media o baja, durante 20 o 25 minutos, hasta que la masa esté cocida y dorada.

jueves, 7 de junio de 2012

De Maria Antonieta a un plato de galletas

Qué bonito es perderse por los hilos de la red y de los pensamientos.

Llegué al blog de Aliter Dulcia por lo del #cosasquemedamiedocontar. Me quedé enredada en su entrada sobre la reina francesa Maria Antonieta. De ahí pasé a ver la película de la Coppola, que la tenía apuntada en la lista de tareas pendientes. Y esto me llevó a acordarme de París. Ahhhhh -suspiro- cuánto me gusta esa ciudad.

La última visita a París la dedicamos a comer, a beber, y al Louvre. En una vida alternativa yo estudio historia del arte en vez de química. Pero en esta vida mi cerebro está más adaptado a la lógica y a las deducciones, quizás para compensar mi mala memoria. No sé casi nada de arte, ni de historia, pero disfruto muchísimo en los museos, y el Louvre es una maravilla.

Junto a la escultura más antigua del Louvre: 9000 años de antigüedad. ¡9000 años!

Confieso que también probé los macarons. No unos cualquiera, sino los de la confitería Jean-Paul Hévin, en la Rue Saint-Honoré: si iba a comer unos pastelitos de colores chillones tenía que asegurarme de que eran de muy alta calidad. Y lo eran: estaban buenísimos. No creo que los vaya a tomar de nuevo hasta que vuelva a París, porque ahora mi nivel de referencia es muy alto.

Macarons en su cajita. Qué monos.

Desde entonces me he descubierto un par de veces planteándome hacer macarons. Es el lado oscuro de la fuerza, tentándome. De momento resisto, y en vez de macarons hago galletas. Muchas galletas. Empecé con la receta de Encar's Bakery, que he ido modificando poco a poco hasta llegar a esta versión. Fácil, rápida y personalizable para distintas combinaciones de sabores. Las galletas quedan crujientes por fuera y blanditas por dentro, casi como un bizcochito.



Para unas 16 galletas:

Batir muy bien con la batidora:
    85 g de mantequilla
    50 g de azúcar morena
    40 g de azúcar blanca
    1 huevo

Tamizar sobre la mezcla anterior 175 g de harina y 7 g de levadura química. Mezclar bien con una cuchara. Formar bolitas con las manos, disponerlas bien separadas sobre una bandeja de horno forrada con papel de hornear, y hornear a 225 ºC (horno arriba y abajo) durante unos 10 minutos, o hasta que estén doradas.

Algunas variantes que he probado:

Dos chocolates:
Sustituir los 175 g de harina por 140 g de harina, 30 g de cacao puro en polvo y un sobrecito de azúcar vainillada o unas gotas de extracto de vainilla. Mezclar bien con la cuchara y añadir 100 g de chocolate blanco de cobertura cortado en trozos medianos.



Vainilla y chocolate
Añadir unas gotas de extracto de vainilla y 100 g de chocolate negro para coberturas cortado en trozos medianos.



Coco y limón:
Sustituir los 175 g de harina por 150 g de harina más 25 g de coco rallado. Añadir también la ralladura de un limón y unos trocitos de limón confitado.

Naranja y canela:
Añadir a la mezcla una cucharadita de canela molida, una cucharadita de amaretto y una cucharada extra de harina. También se le puede poner trocitos de naranja confitada.

sábado, 12 de mayo de 2012

Magdalenas sin tonterías

 
Estoy emocionada. Hoy he tenido uno de los desayunos más felices (gastronómicamente hablando) desde que vine a vivir a Berlín. Hoy he hecho magdalenas, de las de verdad, de las que no son grasientas, suben mucho, y son perfectas para mojar en el café. Las he hecho en un momento, sin ingredientes raros y sin técnicas complicadas. Y estaban (nótese el verbo en tiempo pasado) de rechupete.

Uno de los dramas gastronómicos para un español cuando viene a vivir a Alemania es que aquí no hay magdalenas. Es relativamente fácil encontrar muffins, que también están ricos, pero llevan muchísima grasa y se me hacen muy pesados al digerirlos. En algunas grandes superficies (en Kaufland, por ejemplo) venden magdalenas españolas, comerciales por supuesto, y tampoco de mucha calidad. Así que una de mis cruzadas personales ha sido intentar preparar mis propias magdalenas. Y hoy por fin, gracias a Biscayenne y su buen criterio repostero, puedo decir que lo he conseguido.


Por la red y en los libros de cocina de moda circulan montones de recetas de magdalenas, y no voy a decir que las he probado todas, pero sí muchas de ellas. La mayoría tienen un contenido en aceite muy superior al de ésta, y para colmo vienen adornadas de complicados procesos de preparación: que si pesa la cantidad de huevo y ajusta el resto de ingredientes proporcionalmente, que si calienta el horno a una temperatura pero a mitad de cocción bájala a otra, que si remueve en forma de ochos mientras cantas una copla... Yo seguía todos los consejos de preparación, y aún así, el ansiado copete no aparecía. Acabé por convencerme de que para preparar unas magdalenas de las de toda la vida había que tener una destreza digna de los más afamados reposteros.

Pero hoy han caído los mitos. A partir de hoy se acabaron las frustraciones magdaleniles. Preparar unas magdalenas tan estupendas como éstas es cuestión de minutos (unos 10 de preparación más 20 de horneado) y si yo he podido, vosotros también podéis. Queridos compañeros exiliados: ¡desayunar magdalenas vuelve a ser posible!



Ingredientes (para unas 10 magdalenas):
  • 225 g de harina
  • 75 g de azúcar (Edito: ahora pongo 70 g de azúcar moreno y 50 g de azúcar blanca)
  • 9 g de levadura química
  • una pizca de sal
  • 1 huevo
  • 175 mL de leche
  • 90 mL de aceite
  • 1 sobre de azúcar vainillada (opcional)


Cómo preparar estas estupendas magdalenas sin tonterías:

En una fuente honda, tamizar la harina y mezclarla con el azúcar, la levadura y la sal.

En otro recipiente batir el huevo con la leche. Incorporar después el aceite. Si queréis, podéis añadir un poco de azúcar vainillada o extracto de vainilla, o ralladura de limón, para aromatizar.

Añadir la mezcla de líquidos sobre los elementos secos, poco a poco y mezclando bien. Repartir en los moldes, llenándolos hasta tres cuartas partes de su capacidad, y espolvorear un poco de azúcar sobre cada uno de ellos. Hornear a 200 ºC (el horno encendido arriba y abajo) durante unos 15 ó 20 minutos, hasta que las magdalenas estén doradas y al introducir un palito éste salga seco.

¡A mojar!