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lunes, 1 de junio de 2015

Espinacas con garbanzos

Así se preparan las espinacas con garbanzos en Sevilla:

Hasé er favóh, no fijarse en er huevo, que se má quemao un poquillo

O por lo menos, así las preparo yo en casa en Berlín. Que cada maestrillo tiene su librillo y tal. Y como pasa con todas las comidas tradicionales, cada familia tiene su receta. Yo no sé si mi madre las prepara exactamente así o si he pecado de innovadora aquí. La cuestión es que hacía años que no tomaba este plato (aproximadamente seis, para más datos, desde que abandoné el sur) y ha sido hace poco que me ha apetecido de nuevo. Supongo que me acordé de las espinacas con garbanzos cuando buscaba en ampliar el contenido en legumbres de mi recetario habitual. Y es que una comida a base de verduras de hoja y garbanzos suena muy sano, ¿verdad? Poh máh bueno ehtá. Y si no, probadlo en casa.

Tradicionalmente se haría cociendo los garbanzos por un lado, y las espinacas frescas por otro. En mi versión, los garbanzos vienen ya cocidos en un bote, y las espinacas están congeladas. Esto acorta considerablemente el tiempo de preparación, y hace que pueda tener los ingredientes guardados para un desavío. Cocina precocinada no, pero cocina de ingredientes en conserva, sí. Y cocina sana que se prepara en un pihpáh, mejor aún.

En Sevilla se suele acompañar este plato de una rebanada de pan frito y un huevo, frito también. Yo del pan frito me abstengo, no ya por reducir el contenido calórico, sino porque en general me resulta muy grasiento.

Venga, vamoh palláh.

Qué me gusta Andalucía, por cierto. Acabo de volver de estar allí una semana, y no soy capaz de expresar lo mucho que he disfrutado del clima, de la comida, y de hablah andalúh.

Ingredientes (para dos personas):
  • 500 g de espinacas congeladas  (o frescas y lavadas)
  • 240 g de garbanzos cocidos (si son de bote, enjuagados)
  • 4 dientes de ajo (o más, o menos, al gusto) pelados y cortados en láminas
  • un chorreón de aceite de oliva
  • un chorrito de vinagre blanco (yo aquí tengo de manzana)
  • sal, comino y pimentón
Preparación:
  1. En una sartén poner a calentar el aceite y dorar en él los ajos, sin que se quemen.
    Lo sé, es más fácil de decir que de hacer. No os despistéis, tunantes, que el ajo se dora en seguida, no os separéis de la sartén ni os pongáis a mirar el whatsapp, que nos conocemos.
  2. Añadir las espinacas, los garbanzos, la sal, el comino y el pimentón.
    De comino y pimentón, al gusto. Yo pongo media cucharadita generosa de cada.
  3. Cubrir con un vaso de agua y cocinar hasta que las espinacas estén tiernas (si son frescas) o se hayan descongelado (si eran congeladas) y el líquido haya reducido. Añadir más agua si fuera necesario.
  4. Poco antes de terminar la cocción, añadir el vinagre.
  5. Freír el huevo y servirlo acompañando.
Y yahtá. Ea. Que uhtedeh lo dihfruten con musha saluh.

sábado, 9 de mayo de 2015

Garbanzos con berenjenas



Cualquiera que me conozca no se soprenderá si digo que soy de tendencia ligeramente (ejem) obsesiva. Pues bien, en los últimos meses me ha dado por la cocina griega. En parte porque quiero incorporar más legumbres en mi dieta. En parte porque las dos veces que he estado en Creta he flipado muchísimo con la comida, más allá de los tzatziki, las ensaladas con queso feta y las carnes a la parrilla (que es lo que suelen poner en los restaurantes griegos). Así que me he comprado el libro La cocina de Vefa, que se considera como el libro de referencia para la cocina griega de toda la vida. O al menos eso dice El Comidista, y yo me lo he creído.

A mí el libro me parece que está bien. La edición es preciosa, sin duda, con los nombres de los platos escritos en griego, y a pesar de que no haya foto de todas las recetas. Lo que me molesta es la organización del libro en sí. Porque la sección de "pasteles salados" de repente incluye también pasteles dulces. O porque en la sección de mezés te cuenta que en primavera debido a la cuaresma tradicionalmente no se come carne, pescado, huevos ni lácteos, y a continuación te incluye una receta de brochetas de cordero. Eso me irrita bastante y despierta mi principio de trastorno obsesivo-compulsivo.

Pero dejando esos detalles aparte (inspira... expira...) el libro me encanta, las recetas me parecen geniales y todavía estoy por descubrir una que no me guste.

Por ejemplo, está la receta de garbanzos y berenjenas asadas. Con lo que me gustan los garbanzos y las berenjenas por separado, no dudé ni un momento en probarlos combinados. A pesar de eso, la suma superó por mucho la adición de los sumandos, y mis expectativas. Comparto aquí. Receta fácil, sana y deliciosa. ¡Que viva la cocina mediterránea!

Ingredientes para 4 raciones:

  • 250 g de garbanzos cocidos (como mínimo, podéis poner más)
  • 4 berenjenas, cortadas en rodajas de un dedo de grosor
  • 400 g de tomates en conserva, troceados
  • 3 ó 4 tomates frescos, cortados en rodajas finas
  • 1 cebolla grande, picada a trozos medianos
  • ajo (cuanto queráis, un par de dientes) picado fino
  • aceite de oliva
  • sal, pimienta, pimentón, orégano seco
Preparación:
  1. Sofreír la cebolla en el aceite hasta que esté transparente. Añadir el ajo y sofreír.
  2. Incorporar los garbanzos, el tomate en conserva y un poco de agua (¿medio vaso?). Condimentar con sal, pimienta, orégano seco y una cucharadita de pimentón. Dejar a fuego medio que se cueza todo junto y se reduzca el líquido.
  3. En una sartén poner un poco de aceite e ir friendo las rodajas de berenjena, por las dos caras, un par de minutos por cada cara, hasta que se ablanden. Reservar.
  4. En una fuente para horno poner la mitad de las berenjenas. Cubrir con los garbazos. Poner encima el resto de las berenjenas y terminar con las rodajas de tomate.
  5. Hornear a 180 ºC durante unos 50 minutos.
Nota: según la receta, se pone la mitad de las berenjenas debajo de los garbanzos y la otra mitad arriba. La verdad es que las berenjenas de abajo quedaron muchísimo más ricas, cocinadas en la salsa de tomate. Así que yo propongo poner todas las berenjenas al fondo, cubrir con los garbazos y terminar con las rodajas de tomate. Ahí, arriesgando, saltándome las normas. ¡Uuuuh! :)

viernes, 21 de noviembre de 2014

Fagiolata


Es noviembre en Berlín, y más que estar constantemente nublado, la sensación es que alguien ha soltado una losa de hormigón sobre el techo de la ciudad: está humedo, oscuro, frío (aunque a las temperaturas todavía les queda recorrido hacia abajo). En definitiva, apetece cocina de olla y cuchareo. Por suerte este guiso le levanta el ánimo hasta a un trabajador del Ordnungsamt*.

Las legumbres son ricas en proteínas y fibra, y bajas en grasas (bueno, esto depende de qué les pongas al lado, claro) y por ese motivo se erigen como joya de la cocina mediterránea. En invierno procuro tomarlas un par de veces por semana. Pero me aburre comerlas siempre de la misma forma, así que estoy haciendo un esfuerzo por ampliar el repertorio.

Esta receta me la dio @MrFanshawe, quien a su vez la aprendió de un italiano muy cocinillas. Yo no la he seguido al pie de la letra, por una parte porque no tenía romero, así que lo cambié por laurel, tomillo y pimienta, y por otra parte porque soy incapaz de seguir una receta al pie de la letra (lo siento Fansh). En cualquier caso, el resultado es, no me da vergüenza decirlo, espectacular. Para aplaudir hasta con las orejas.




Fagiolata para 4 raciones:

1- La noche antes, poner en remojo
  • 300 g de carillas (el Toledano dice que podría haber puesto más habichuelas, porque el guiso quedó muy sabroso)
2- Poner en la olla un poco de aceite y sofreír en él
  • una cebolla
  • un diente de ajo
muy picaditos, con un poco de sal y a fuego medio, hasta que la cebolla esté transparente, pero sin que se dore.

3- Añadir
  • 300 g de panceta cortada en trocitos (mejor si es una loncha que cortas tú mismo, porque los trocitos de panceta o bacon que venden ya cortados en el súper suelen tener mucha más grasa)
  • un buen chorreón de vino blanco
  • una guindilla o un pimiento picante o un poco de pasta de harissa
  • una hoja de laurel
  • unos granos de pimienta negra
  • una cucharadita de tomillo
  • 400 g de tomates pelados y cortados en trozos (si son naturales pero os han salido insípidos, como a mí, podéis poner también una cucharadita de concentrado de tomate; también podéis usar tomates en conserva)
Remover y llevar a fuego fuerte durante unos 5 minutos para que se evapore el alcohol del vino, sin que la mezcla llegue a secarse.

4- Poner las carillas en la olla y cubrir con agua o caldo. Cocinar hasta que estén tiernas:
- En olla rápida: 50 minutos a partir de que suba la válvula
- El olla normal: una hora y media o dos horas, a fuego lento, removiendo de vez en cuando y añadiendo más caldo o agua (calientes) si ves que el guiso se va a quedar seco.


(*) Más quisieran los trabajadores del Ordnungsamt poder echarle el guante a un plato de estos.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Lentejas con jamón y champiñones


La vuelta al cole me tiene exhausta: mis días ahora son intensísimos, y casi no tengo tiempo ni para comer. Por eso por la noche tengo que asegurarme de tomar algo bien nutritivo. En este sentido las legumbres son una opción estupenda, porque aportan muchas proteínas y vitaminas, y pocas grasas.

¡Legumbres! Que son muy ricas, nutritivas, y poco calóricas. Las lentejas, además, se preparan en un plis: poner todo en la olla y cocinar a fuego lento durante una media hora. Y si las acompañas de arroz son especialmente nutritivas, porque en conjunto las lentejas y el arroz aportan todos los aminoácidos esenciales (esos que necesitamos para fabricar proteínas, pero no somos capaces de fabricar en nuestro organismo y por tanto tenemos que ingerir en la dieta) en cantidades más que la mayoría de productos de origen animal. Respecto a este tema podéis leer por ejemplo este artículo, que me ha parecido muy completo.

Además tenía por casa un paquetito de jamón ibérico en trocitos que me ha mandado mi mami de estrangis en un sobre. ¿Es o no es eso Amor de Madre?



Ingredientes:
  • 300 g de lentejas pardas
  • 100 g de arroz redondo
  • 100 g de jamón curado, en trocitos
  • 125 g de champiñones marrones, o de setas
  • 1 pimiento rojo
  • 1 zanahoria grande
  • 1 manojo de cebollitas frescas
  • comino (media cucharadita)
  • aceite
  • 4 vasos de agua
Preparación:
  • Lava las verduras, pela la zanahoria, y cortalo todo: la zanahoria en rodajas, el pimiento en trozos pequeños, las cebollitas en trozos medianos, y los champiñones por la mitad.
  • En un poquito de aceite sofríe las cebollitas, la zanahoria y el pimiento durante un par de minutos. Añade el comino, remueve, y déjalo unos segundos hasta que empiece a desprender olor.
  • Pon también en la olla el jamón, los champiñones o setas, las lentejas y el arroz. Añade el agua, remueve, y cuece a fuego lento hasta que las lentejas estén tiernas.
Esta receta la vi en La cocina de mi abuela.