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domingo, 23 de octubre de 2011

Baumkuchen

Alguna vez había probado este bizcocho rayado aquí en Berlín, no recuerdo dónde. Sí recuerdo que me gustó mucho de sabor, y que me encantaron sus rayitas. En aquel momento no entendí que "Baumkuchen" viene a significar "pastel de árbol", olvidé el nombre, y en consecuencia se me hizo más difícil buscar la receta por internet. Por eso me hizo tanta ilusión que SandeeA la publicara en su blog.

Ayer teníamos una pequeña reunión-merendola y me propuse probar a hacer el Baumkuchen. Ya le tenía ganas hace tiempo, pero últimamente limito las tartas a las reuniones con amigos, por aquello de que si hago una tarta para nosotros dos, nos la comemos, enterita además, y poco a poco vamos creciendo en la tercera dimensión de una forma que no mola nada. En fin, que ayer me arremangué y me puse manos a la obra.

La tarta quedó bien. El sabor, estupendo. La textura es sorprendentemente suave para un bizcocho que no lleva levadura. Eso sí, es una tarta consistente, para servir en raciones pequeñas.

En cuanto a la preparación, no es en absoluto complicada, pero sí muy laboriosa. Yo no tengo una batidora de varillas eléctrica (aún, el universo gastronómico no deja de mandarme señales para que me compre una) y montar siete claras de huevo a mano se me hizo pesado. Después, como se hornea por capas, hay que estar pendiente del horno durante media hora o cuarenta minutos. Así que recomiendo que hagáis esta tarta cuando tengáis mucho tiempo por delante, y muchas ganas de luciros. Porque luciros, os váis a lucir, eso os lo aseguro.

De chocolate y a rayitas


Ingredientes:
  • 250 g de margarina
  • 250 g de azúcar
  • 7 huevos medianos
  • 150 g de harina de trigo
  • 100 g de harina fina de maíz (tipo maizena)
  • 1 pizca de sal
  • 1 sobrecito de azúcar vainillado, o un poco de extracto de vainilla
  • 2 cucharadas de cacao puro en polvo
  • 200 g de chocolate negro para cobertura
  • 2 cucharadas de leche


Locura de chocolate. Negro y con temperamento.

Cómo preparar este Baumkuchen:

Batir la margarina con el azúcar con la batidora, hasta que quede una mezcla homogénea, suave, cremosa.

Partir los huevos separando las claras de las yemas. Reservar las claras. Incorporar las yemas de una en una sobre la margarina, batiendo.

Tamizar la harina de trigo y la de maíz sobre la margarina. Si tenéis un tamizador, estupendo, y si no, también podéis usar un colador metálico grande. Batir toda la mezcla hasta que quede muy homogénea.

En otro recipiente aparte, montar las claras de huevo con la pizca de sal, hasta que queden bien firmes. Incorporarlas después a la otra mezcla, poco a poco, con ayuda de las varillas, usando movimientos suaves y envolventes.

En este momento podemos encender el horno para que se vaya calentando. Encendemos sólo el grill, a 200 ºC.

Dividimos ahora la masa del bizcocho en dos partes iguales. A una le añadimos el azúcar vainillado, y a la otra el cacao, mezclando con las varillas, siempre con cuidado.

Preparamos el molde que vayamos a usar, bien forrándolo con papel para horno, bien engrasándolo con margarina. Yo he usado un molde rectangular de silicona, y lo he engrasado un poco con margarina (aunque en principio no haría falta). El resultado ha sido estupendo, el bizcocho no se ha pegado nada a las paredes, se ha desmoldado muy fácilmente, y ha quedado con una forma muy bien definida (¡viva la silicona! - en moldes para horno).

Tomamos dos cucharadas soperas de masa blanca, y las distribuimos sobre el fondo del molde, de modo que quede una capa fina y uniforme. Horneamos en la bandeja media del horno durante unos 2 ó 3 minutos, hasta que la masa esté cocida y ligeramente dorada. Os recuerdo que sólo estamos usando el grill.

Sacamos el molde con cuidado. Ahora ponemos dos cucharadas de masa de chocolate, las distribuimos bien, y volvemos a hornear.

Repetimos esta operación alternando masa de vainilla y masa de cocholate, y horneando por capas, hasta que agotemos las dos masas. La última capa la he dejado que se dorase un poco más que las demás, para que quede más firme y haga las veces de base de la tarta al desmoldar.

Sacamos la tarta del horno y la dejamos enfriar durante unos 20 minutos. La desmoldamos con cuidado dándole la vuelta, de manera que la última capa que horneamos quede abajo del todo, y dejamos enfriar completamente.

Cortamos el chocolate negro en trozos y los ponemos en un cazo junto con las dos cucharadas de leche, a fuego muy lento. Vamos removiendo para que se derrita pero no se queme. Si vemos que está muy espeso, añadimos un poquito más de leche.

Usamos este chocolate derretido para cubrir nuestra tarta, y dejamos enfriar.

lunes, 10 de octubre de 2011

Descubriendo el brócoli (en sopa)

Me estoy reconciliando con el brócoli. En realidad no es que hayamos estado peleados, más bien nos ignorábamos la mayor parte de las veces, y nos tolerábamos cuando nos encontrábamos las caras. Pero mi amigo Valentín Fuster me ha convencido de que el brócoli es extraordinariamente saludable, así que me he propuesto un acercamiento a esta verdura de aspecto tan simpático. Y me he dado cuenta de que lo primero que tengo que hacer es encontrar maneras de cocinarla. Me parece que en la gastronomía española el brócoli prácticamente brilla por su ausencia, o al menos en mi casa sólo se cocinaba de una manera (esparragao) así que ahora ando a la caza de nuevas recetas con brócoli. Hoy me he decidido a probar ésta de El delantal verde, y me ha sorprendido el sabor tan suave y tan rico de esta sopa. Si alguno de vosotros está también en proceso de hacer las paces con el brócoli, os la recomiendo.


Qué necesitas:
  • 500 g de brócoli, lavado y troceado
  • 500 g de patatas, peladas y troceadas
  • 1 cebolla pequeña, picada
  • 1 vaso de leche
  • 3 vasos de caldo de verduras (si os pasa como a mí, que normalmente no tenéis caldo -en mi caso, porque no tengo congelador, como lo oís- podéis usar agua)
  • 2 cucharaditas de comino molido
  • pimienta molida
  • sal
  • aceite de oliva
  • almendras fileteadas, para decorar

Cómo preparar esta sopa de brócoli:

En una olla, dos cucharadas de aceite a fuego medio, y dora en ellas el comino durante un par de minutos, hasta que empiece a desprender aroma. Añade entonces la cebolla y la sal, y deja que se sofría.

Cuando la cebolla ya esté transparente, añade las patatas, el brócoli y el caldo o el agua. Tapa la olla y sube el fuego para que arranque a hervir, y una vez hirviendo vuelve a bajar el fuego y déjalo todo cocer durante unos 20 minutos, hasta que las verduras estén blandas.

Retira del fuego, añade la leche y bátelo todo muy bien con la batidora. Añade pimienta al gusto y corrige de sal.

Sirve esta sopa calentita, y decorada con unas gotas de aceite de oliva vírgen extra y unas almendritas fileteadas.

domingo, 9 de octubre de 2011

Improvisando: Pastel de berenjenas y gorgonzola

Tengo el blog abandonado. Se me ha llenado de polvo y pelusas, y hay también esas bolas de matojo seco rodando de un lado a otro de la habitación, como en las pelis del oeste. Mi excusa es que vuelvo a estar bastante activa: a finales de este mes es la evaluación bianual del Instituto en el que trabajo, y tengo que hacer muchas cositas, cumplir deadlines, y demás. Por si fuera poco, me he apuntado a clases de alemán, dos veces en semana, así que en general ando liadilla. He estado cocinando, por supuesto, experimentando un poco con recetas nuevas, e incluso tengo fotos. Me he propuesto ser buena y poco a poco ir escribiendo los resultados aquí, en este cuaderno de laboratorio. Así que espero que sepáis perdonarme :)

Los viernes solemos salir a cenar fuera, como una especie de premio por haber terminado la semana. Pero este viernes estábamos tan cansados que ni ganas de poner un pie en la calle había. Así que abrí la nevera para ver qué tenía que se pudiera comer: berenjenas, huevos, tomatitos, gorgonzola... En definitiva, alimentos que suelen constituir mi fondo de armario en la cocina, porque son muy ricos, muy mediterráneos y se encuentran en cualquier supermercado, también aquí en Berlín. Y mientras hablaba con mi madre por teléfono, en un ratito y usando casi sólo una mano, monté este pastel de berenjenas, así de fácil es, pero más rico queda.



He usado (para dos raciones):
  • Una berenjena grande
  • 12 tomatitos cherry
  • 3 huevos
  • 100 g de queso gorgonzola
  • media cebolla pequeña
  • un diente de ajo
  • una gotita de aceite
  • sal

Cómo preparar este pastel de berenjenas y gorgonzola:

Precalentar el horno a 220 ºC.

Lavar la berenjena y cortarla en rodajas de aproximadamente un centímetro de grosor. Cubrir la rejilla del horno con un papel para horno, poner las rodajas encima y asar durante unos 10 o 15 minutos, hasta que la superficie de la berenjena tenga un color ligeramente dorado y al pincharla con un tenedor esté tierna. En ese momento, sacar la berenjena y bajar la temperatura del horno a 180 ºC.

Mientras se asa la berenjena, cortar la cebolla en juliana y picar el ajo, y sofreírlos en una sartén con un poquito de aceite. Reservar.

Lavar los tomatitos y cortarlos por la mitad. Cortar el gorgonzola en daditos. Batir los huevos.

Engrasar una fuente para horno con un poco de mantequilla. Cubrir el fondo con rodajas de berenjena. Poner encima la mitad de los tomatitos, un poco de cebolla y ajo, y la mitad del queso. Volver a cubrir con berenjena, presionando un poco con las manos para que todo se compacte, y repartir el resto del queso, cebolla y ajo, y tomate. Para terminar, verter el huevo batido y mover un poco la fuente, inclinándola, para que se reparta bien entre todo el contenido.

Hornear durante unos 40 minutos, hasta que el huevo haya cuajado, y justo al final, poner el gratinador para dorarlo por arriba. ¡Buena cena!

viernes, 12 de agosto de 2011

Pasta al limone

Pasta, pasta!

Me encanta la pasta, pero estoy cansada de preparar siempre la misma bolognese una y otra vez, y me niego a usar una de esas salsas envasadas que se compran en el supermercado. Así que he decidido ponerme a experimentar nuevas recetas. Para esta noche he elegido la pasta al limone porque nunca antes he probado nada así, pero también y sobre todo porque me encantan los cítricos. He seguido la receta de mi amiga Gata Vagabunda y he quedado muy contenta con el resultado. Es una receta muy simple y el resultado es sorprendente (al menos para mí lo fue). Así que os sugiero que la probéis alguna vez. Aquí va.



Qué necesitas para dos raciones:

  • 250 g de pasta larga como espaguetis, preferiblemente gorditos. Yo he usado bavette n. 13.
  • un poco de mantequilla
  • 2 dientes de ajo, pelados pero enteros
  • 2 limones grandes, los más frescos que encuentres
  • 200 mL nata
  • queso parmesano
  • sal y pimienta
  • albahaca

Cómo preparar esta Pasta al Limone:

Llena una olla con aga salada y ponla a hervir. Cuece ahí la pasta hasta que esté al dente (puedes orientarte con los tiempos que sugieren en el paquete).

Mientras se hace la pasta, preparemos la salsa. Primero, ralla los limones con un rallador fino. Cuida de no rallar la parte blanca, porque daría un sabor agrio. Reserva la ralladura.

En una sartén grande y a fuego lento derrite la mantequilla y fríe ahí los dientes de ajo. Una vez que el ajo esté dorado, retíralo y añade en su lugar la nata y la ralladura de limón, un poco de sal, y pimienta. Deja que se cocine lentamente hasta que la pasta esté lista.

Escurre la pasta, ponla en la sartén con la salsa y remueve para que se mezcle todo. Sírvelo y espolvorea con queso parmesano rallado y un par de hojitas de albahaca picaditas. ¡Ya está! No sólo sabe riquísimo, sino que además deja un olor delicioso en la cocina.

jueves, 11 de agosto de 2011

Cena en el Kuchen Kaiser

Anoche habíamos quedado para una cena informal con unos amigos, y decidimos ir al Kuchen Kaiser.


Este acogedor restaurante está convenientemente situado en la Oranienplatz, en Kreuzberg, y lleva desde 1866 sirviendo varios tipos de desayunos (incluyendo el brunch los domingos y días festivos), ensaladas, hamburguesas, flammkuchen, y una lista de platos tradicionales alemanes, además de los especiales del día. Todo lo que he tomado ahí ha sido muy bueno. Anoche pedí una flammkuchen clásica, que es una de mis debilidades por estas latitudes.


Además en este restaurante se puede degustar la cerveza Kreuzberger Molle, una pils que fabrican aquí en Berlín, en Südstern, y que tiene un sabor tan suave y natural que parece más bien un zumo de cebada.  En la foto también podéis ver un kaiser spritze, una bebida de verano a base de vino blanco, a summer drink containing white wine, flor de sáuco, lima y gaseosa.


Sin embargo, el Kuchen Kaiser recibe su fama principalmente por sus tartas (su nombre lo publicita : El emperador de las tartas). El menú incluye una selección muy amplia (yo conté más de 25 tartas y pasteles distintos) aunque normalmente no los tienen todos. Esta es una foto de la vitrina de las tartas, tomada a una hora respetablemente tarde en la noche. Es de suponer que al principio del día había más, pero una horda de personas hambrientas las fue devorando.


También puedes organizar allí una celebración, y encargar una de las tartas con antelación. Nosotros lo hicimos así para celebrar un cumpleaños hace unas semanas. Encargamos una enorme tarta Schwarzwälder (selva negra) que estaba absolutamente deliciosa. La crema era muy suave y ligera, la mermelada de cereza era casera, y en total tenía la cantidad justa de azúcar. Nos encantó, y sospecho que ahora nos hemos convertido en clientes habituales. ¡Lo recomiendo!

lunes, 8 de agosto de 2011

Vegetales, polvos y drogas

Lo confieso: a veces voy al KaDeWe sólo por el placer de pasear por su planta gourmet cotilleando todas esas delicias que exponen ahí... mmmmmm! La verdad es que mirando una comida exquisita disfruto casi tanto como comiéndola.

Hace un par de días estaba investigando la sección de especias cuando me encontré con esto:


Polvo de remolacha y polvo de espinacas. En realidad no son especias, porque no tienen ningún sabor específico, sino que más bien se usan como colorantes para pastas y otros platos. ¿No son unos colores preciosos? Se me están ocurriendo varias maldades que perpetrar con estos polvitos...

Varios pensamientos en cadena más tarde, me acordé de otro polvo vegetal: el polvo de espárragos presentado hace un par de semanas por Bubble Food, una compañía de Londres que ofrece cáterins de cocina molecular para eventos. La particularidad de este polvo es que el cliente no debe comerlo, sino  esnifarlo. Parece ser que el polvito de marras se sirve como si se tratase de cocaína, incluyendo una tarjeta, un espejo y un billete (falso) de 100 dólares.



Por otra parte, Dominique Persoone, en Bélgica, ha inventado un disparador de chocolate para esnifar cacao, lo cual parece ser que maginifca la experiencia de su sabor y su olor.



Dejando a un lado la controversia y la discusión sobre si estos son ejemplos de inocentes diseños gastronómicos o una glamourización de las drogas, yo me pregunto, ¿de dónde viene toda esta obsesión por esnifar? Claro que el aroma de un alimento es muy importante pero, ¿cuándo empezamos a comer por la nariz?

lunes, 1 de agosto de 2011

Going veggie: judías verdes con patatas y zanahorias

Hoy os traigo un plato vegetariano, sano, ligero, y muy sabroso. Los que me conocen desconfiarán en un principio, porque saben que a lo largo de los ocho años que viví con mi abuela aprendí a amar las verduras en su más sencilla expresión: al vapor y sólo con un chorrito de aceite de oliva. Pero os aseguro que esto es diferente: El Comidista ha reinventado el clásico plato de habichuelas verdes, y el resultado es tan sabroso que no tengo más remedio que compartirlo. La innovación se reduce sólo un par de tonterías, pero consigue marcar una diferencia. Hay algo en cuanto a la textura, la forma en que las verduras están cortadas, el punto de cocción, que realmente mejora el recuerdo que yo tenía de este plato. Y luego está el toque de la cebolla caramelizada... Si esto no os convence, mirad la foto, porque la presentación queda, cuando menos, llamativa.



Necesitarás:

  • 500 g de judías verdes
  • 2 patatas medianas
  • 4 zanahorias grandes
  • 1 cebolla grande
  • 1 cucharadita de azúcar moreno
  • 150 mL de vino blanco
  • 50 mL de vinagre balsámico
  • aceite de oliva y sal, para el aliño

Cómo preparar estas judías verdes con patatas y zanahorias:

Lava las patatas, ponlas en una cacerola, con piel, y cúbrelas de agua. Hierve hasta que estén tiernas. Este proceso puede llevar unos 30 minutos aproximadamente. Después, tira el agua caliente y llena la olla de agua fría. Una vez que las patatas tengan una temperatura que te permita manejarlas sin quemarte los deditos, pélalas y pártelas en trozos grandes.

Mientras se cuecen las patatas, podemos ir preparando la cebolla caramelizada (cebolla, vino, vinagre y azúcar) siguiendo las instrucciones de este post.

Una vez que tenéis las patatas cociendo y la cebolla caramelizándose, podéis empezar a lavar, pelar y cortar las judías y las zanahorias. A las judías les quitamos los dos extremos y las hebras laterales, con un peladore de verduras, y luego las cortamos en tiras finas y largas, con un cuchillo. Las zanahorias las pelamos también, y las cortamos en bastoncitos de longitud aproximadamente la mitad de las tiras de habichuelas. Todo este pelar y cortar es muy laborioso, pero no os desaniméis, os prometo que merecerá la pena.

Cocer las habichuelas y las zanahorias al vapor hasta que estén tiernas, pero no blandengues. Yo he usado mi olla rápida, y he cocinado durante 5 minutos desde que ha subido la válvula.

Llegados a este punto deberíamos tener patatas, cebolla, habichuelas y zanahorias listas. Disponemos en una fuente primero las patatas, a continuación las habichuelas, las zanahorias, y por último, la cebolla. Aliñamos con un poco de aceite de oliva y un poquito de sal, y ¡listos! Ahora sí: que disfrutéis de este estupendo plato vegetariano :)